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Mamá

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Yeonjun

No recuerdo mucho de mi infancia, solo a mamá y a mi hermano, ¿o eran mamá, papá y un hermano? ¿solo mamá?. Como decía, no recuerdo mucho de mi infancia, solo un camino que al cerrar un poco los ojos parece una cara constipada, y es que no existen muchos caminos así, no como este, con las líneas amarillas y el desierto rodeándolo. Es un camino tan familiar pero a la vez tan extraño.

Siempre que recuerdo a mamá puedo escuchar su voz y mis risas, pero cada vez, algo macabro parece pasar por mi mente y todo se nubla hasta que finalmente caigo al piso y despierto en algún lado sin recordar cómo. Le llaman narcolepsia y se supone es un trastorno que me provoca ataques de sueño repentinos, nadie sabe porqué pasa y a veces quisiera descubrir la razón, pero tengo miedo de salir lastimado si lo hago.

Cuando desperté de nuevo, tenía un hombre en medio de mis pantalones, recuerdo que me recogió en la calle del centro y fuimos a un hotel, pero luego de eso todo es negro. No es que me importe mucho, se que va a pagarme una vez me venga en su boca, siempre es así, un cliente frecuente.

-Jun, iré al baño- dijo- Puedes dormir de nuevo en la cama.

Ajusté mis pantalones y me tiré sobre el colchón, mirando al techo. Jun no era mi nombre, era un apodo que a las personas se les hacía más fácil de pronunciar; casi no recuerdo mucho de mi nombre excepto que es Yeonjun. Mamá me lo dio porque pensó que sería niña y sonaba bonito, pero resulté ser un chico y aún así me puso.

-Charles, ¿puedo pedir papas fritas? Tengo hambre.

Escuché un sí provenir del baño y llamé, las papas llegaron en 20 minutos, para ese momento mi hambre había desvanecido y me dolía el trasero. Charles rara vez pedía acostarse conmigo, pero supongo que se cobró las papas. Al terminar tiró el dinero sobre mi torso y se metió de nuevo al baño, yo me coloqué la ropa y lo dejé solo, no quería verlo, por lo menos no en un rato.

Comencé a caminar por la calle y luego creí ver a mi mamá, tenía el mismo color de piel y la misma forma de ojos, incluso sus labios eran demasiado similares. Comencé a ver a mi mamá frente a nuestra casa, ella me sostenía en brazos y jugaba con mi escaso cabello, todo se estaba poniendo negro de nuevo hasta que algunas personas chocaron contra mi y sacaron las imágenes de mi mente.

Llegué hasta un baño al final de la avenida, era el baño de una gasolinera y más chicos estaban ahí. Era nuestro territorio, muchos otros chicos y algunas chicas esperábamos a alguien que nos pasara a recoger y ofreciera una buena cantidad de dinero por pasar una noche con nosotros. Había de todo, personas con fetiches hasta algunos que solo les gustaba tenernos desnudos junto a ellos sin hacer nada en realidad. Yo tenía algunos clientes recurrentes por lo que no esperaba en la esquina por tanto tiempo, solo veía el auto familiar y me subía en él.

A veces pensaba que podía salir de esta vida, pero luego recordaba que no tenía una casa fija o una familia por lo que no había un lugar al cual regresar en la noche, o alguien que me diese dinero para comer, además los restaurantes pagaban poco solo por el hecho de tener 20. Aún peor, si trabajaba de mesero sabía que algunas personas intentarían tocarme, y sin pagar. Si no hay dinero, no pueden tocar, ese es mi lema.

Esta noche me tocó un hombre con un fetiche por la limpieza, pidió que me quitara los zapatos antes de entrar y comenzara a limpiar, tuve que meterme al baño e inhalar un poco de coca para no dormir y poder complacerlo, al parecer le excitaba el sonido sonido del cepillo cuando limpiaba. Me pagó una buena cantidad por lo que no me podía quejar, era lo suficiente para una buena cena de hamburguesas y papas fritas.

Desperté dentro del baño de la gasolinera, tenía la ropa mal colocada y unos billetes tirados junto a mí, supongo que me desmayé con algún cliente aunque no recuerdo a nadie. Salí luego de lavarme la cara y cambiarme la chaqueta. Los demás chicos del lugar me miraron y comenzaron a reírse.

-Jun, acabas de estar en el baño con uno de los viejos de la avenida.

Los viejos de la avenida eran eso, viejos que no tenían casa y se dedicaban a vender cualquier baratija en la calle; era común que contraten a uno de nosotros, supongo que mientras paguen y usen protección está bien. Cuando pensé en eso me revisé los bolsillos para ver si aún me quedaba algún condón, pero no había, era buena señal, por lo menos el viejo usó protección.

-Me pagó, Will, eso es lo que importa y usó protección, ahora dime ¿Cuánto has hecho esta noche?

Will dejó de reír y me miró molesto, nunca le iba bien y es que era la típica cara que se veía en estas calles, alto, ojos azules y rubio; un chico así lo podrías conseguir en cualquier esquina de cualquier lugar. Mientras que a mí, y no es por presumir, era difícil de conseguir, solo existíamos dos con estos rasgos y uno de ellos era el hijo del alcalde, un niño rico en su etapa rebelde que buscaba llamar la atención de su padre, su nombre era Soobin, pero en la calle era conocido como Bin; y para los demás, las personas que sí estaban interesadas en política su nombre mortal era Jem Choi. Un nombre igual de exótico pero más fácil de pronunciar.

Un el pitido de un carro me sacó de mis pensamientos solo para observar a una mujer que me hizo una señal para entrar a su auto. Era bastante lujoso, por lo que sin pensarlo me metí y le sonreí.

-Es raro que una mujer me escoja- le dije con sinceridad mientras miraba la ventana.

-Con un rostro como tú, cualquier persona estaría encantada de disfrutarte- me tocó la mejilla y luego la pierna.

No mentiré se sintió incómodo, como si algo estuviese fuera de lugar traté de sacudir esos pensamientos cuando vi su gran casa me mentalicé que sería una gran noche. Me hizo pasar y no pude evitar mirar todo a mi alrededor, jamás estuve en una casa tan grande. Entramos en un estudio y al mirar al frente estaban dos chicos sentados. Chris con su chaqueta de cuero acostado sobre uno de los sillones y él. Choi Soobin estaba sentado leyendo un libro, aún así se podía notar lo alto que era, sus piernas cruzadas y su mirada serena. Tenía la frente al descubierto y vestía un traje gris, acompañado de una pulsera de cuero que indicaba que estaba metido en el BDSM.

-Jun- dijo Chris

Soobin me miró con esos ojos intensos y luego sonrió, revelando dos hoyuelos y borrando todo rastro de seriedad, parecía un niño cada que mostraba una sonrisa. Se sorprendió al verme y me saludó con la mano. Creo que debe haber visto mi cara de confusión porque pausó su libro y me miró un rato.

-A ella le gusta tener tres chicos para calentarse- dijo - Es algo normal.

Entré a la habitación, observando todo, tenía una cama muy grande y una ventana que daba a un gran patio. Vi caracolas sobre una repisa así que tomé una y la puse cerca de mi oreja, quería escuchar el mar, nunca he visto el mar.

La mujer llegó quitando la caracola y comenzando a desvestirme, tocó mi pecho y comenzó a juguetear con él; de nuevo tenía el sentimiento que esto estaba mal, que estar con ella estaba mal. Comencé a ver escenas de mi mamá, estábamos corriendo en un gran patio como el de la ventana y colapsé.

Private Mind 《Yeonbin/Soojun》Stories to obsess over. Discover now