"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo."
Mario Benedetti
Estaba terminando de bañarme, aún faltaba vestirme y subir las cosas al auto, en realidad yo no demoraría más de veinte minutos en hacer todo aquello, pero a Sakura ya la habían invadido los nervios. Las reuniones en casa de sus padres, siempre la ponen así, no entiendo cómo es que sigue queriendo ir, en ocasiones no la reconozco, para mí, es como si tuviera una máscara frente a ellos.
Pero a pesar de mis constantes suplicas para declinar su invitación, ella creía que era buena idea ir y por supuesto acepto. Y aquí estaba yo ahora tomando una ducha muy breve porque teníamos el tiempo encima, no por culpa mía en realidad; entre el horario de mis clases y el transito que encontré de regreso de la universidad, se podría decir que el universo conspiraba para que demoráramos ese encuentro. No me molesta visitar a mis suegros, en lo absoluto, en realidad íbamos muy a menudo, pero esta ocasión me apetecía más cenar en mi propia casa. Escuche que llamaron a la puerta, era ella ordenando que me apresurara por quinta vez.
--Ya voy Sakura—le conteste irritado abriendo la puerta del baño, ella se apartó para dejarme pasar.
Avance hasta el armario en busca de mi ropa, mientras la miraba por el reflejo del espejo, en verdad lucia hermosa: adornaba su piel con un ajustado vestido color negro, tacones altos, y cabello recogido dejaban ver sus pendientes largos. Estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas y me miraba con deseo mientras me secaba el cuerpo.
--Si continúas mirándome así, juro que llegaremos tarde, o tal vez ni siquiera lleguemos—le dije todavía mirándola por el espejo. Ella se levantó y se acercó a mí, depositando un suave beso en mi cuello me susurro: te espero abajo, Sarada ya está lista. La vi salir.
Para fortuna de mi esposa, llegamos justo a tiempo. Sus padres nos recibieron con abrazos y besos, son buenas personas, muy ruidosas, completamente contrarios a como habían sido mis padres conmigo. Tengo muy pocos recuerdos de ellos, todos recuerdos silenciosos, abrumadores. Los perdí cuando niño a ellos y a mi hermano mayor, una terrible enfermedad me los arrebato muy pronto, desde los ocho mi tutor Kakashi, quien me dijeron que era un tío lejano, se hizo cargo de mí, me brindo educación, entre otras cosas y gracias a él pude graduarme y ser ahora un profesor de matemáticas, pero aun teniendo su compañía, mis recuerdos de la infancia son grises, por eso ahora es muy placentero tener una familia tan ruidosa, que me recuerde que estoy vivo.
¿El motivo de la cena? ni siquiera lo recuerdo, quizá; algún cumpleaños, algún logro profesional, o simplemente porque Kizashi consiguió un buen vino, y lo quiere compartir. En realidad ellos festejan por cualquier cosa. En esta ocasión, probaremos un tequila que Kizashi consiguió en uno de sus múltiples viajes al extranjero: "una delicia" en palabras de mi suegro.
En la mesa, Mebuki se encargaba de poner al tanto de los últimos chismes de la familia a su hija, como si a ella le importara. Extrañamente Sakura escuchaba atenta: de nuevo su máscara, ¿A quién quiere engañar? tanto ella como yo preferíamos estar solos los dos, en la intimidad de nuestra habitación. La mire de soslayo y ella lo noto, disimuladamente me regalo una sonrisa que confirmaba mi pensamiento, lo cual me hizo reír. La risa de mi suegro me hizo recordar que él estaba a mi lado contándome un chiste, o algo así y estaba complacido de que a su parecer, yo encontrara divertida la anécdota, incluso presumió que logro sacarme una sonrisa. Que ingenuo, yo ni me entere que dijo.
Estuvimos mucho tiempo más después de cenar, incluso mucho más tiempo del que la propia Sakura logra soportar, en casa de sus padres. Habíamos bebido todo el excelso tequila de Kizashi, y no fue suficiente para saciar la sed de embriaguez. Ya íbamos por la segunda botella de ese elixir. Me sentía aletargado, mi visión empezaba a ser borrosa, como cuando recién despiertas de un largo sueño. Era extraño, pero sorpresivamente agradable, me balanceaba al ritmo de la melodía de Sidney Bechet que sonaba en la sala, mis ojos con dificultad repasaban la escena; mi hija sentada sobre una alfombra acolchada calentita, leía un libro para su primo pequeño, y le acariciaba el cabello maternalmente. Sakura bailaba torpemente por los efectos del alcohol, admirada por todos los presentes; mis suegros, mi cuñada Ino, y su esposo Shikamaru, sobre todo este último, no disimulaba su embelesamiento, no lo culpo ¿Quién podría si quiera pretender ignorar a una Diosa danzante? Sakura es una experta en la materia, bailarina profesional, basta mirarla para quedar cautivo por sus orbes esmeraldas, pero si uno podría más que hechizarse al mirarla, eso seguramente sería bailando. Si uno la mira bailando, pierde cuando menos toda la consciencia.
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Tres treinta y tres 3:33
Ciencia FicciónUn infortunio descarado, mala broma de la vida, o el destino haciendo lo que mejor sabe hacer, le quita a Sasuke la oportunidad de tener toda una vida al lado de Sakura y su hija Sarada. No quiere aceptarlo, no está dispuesto a aceptarlo. Hará lo qu...
