Mi nombre es Lila...

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Siempre ha dudado de casi todo lo que le rodea, de sus recuerdos, de las personas, pero hay momentos y pequeñas cosas que le ayudan a diferenciar la realidad de los recuerdos que metieron en su subconsciente en el pasado.
Todos tienen un amuleto de la suerte, pero Lila es un poco diferente, en vez de aferrarse a un collar o una moneda, Lila se aferra a un recuerdo. Sus recuerdos le ayudan a superar lo que sea, sea bueno o malo.

Lila es una chica de 19 años, pelirroja y, su vida siempre estuvo rodeada de sufrimientos, sucesos extraños, y rarezas. Lila Mutasi, cree que sabe todo sobre sí misma, pero como la mayoría de las chicas de su edad, se equivoca.

Alguien se acerca a Lila lentamente, ella está sudando por los nervios y la ansiedad que le provoca estar encerrada en un edificio. Las manos le tiemblan y tiene un tic por estrés en el párpado. No puede diferenciar si es un hombre o una mujer, pero su instinto le dice que debe ser cuidadosa.

Sabe que está soñando, puede asegurarlo, sobre todo porque lo que está viendo, no puede ser real, no en este momento de su vida, eso había quedado 10 años atrás. Alas, colmillos, kanima, hombres lobos, telequinesis...

¡BOOM! ¿Eso había sido un disparo? Si, pero no en su sueño. No podía huir de la realidad actual.

Justo en el momento que iba a ver el rostro de la persona que se acercaba, se despierta sobresaltada. La alarma. Detesta ese sonido cada día más, pero esta vez, Lila está agradecida de que le despertara, no quería seguir en esa pesadilla agobiante.

Si el disparo no había sucedido en su sueño, ni en su casa. ¿Dónde había sucedido? En algún sitio, eso era seguro, pero no podría averiguarlo sentada en su cama.

Se levanto para ir a ducharse, estaba sudando más de lo que sudaba en el sueño, en el camino a el baño escucha a su madre, tiene que darle un beso, lo necesita. Muchas personas conocen el pasado de Lila, pero su madre es la persona a la que le puede contar todo sin sentirse juzgada. Solía sentirse así con dos personas más, pero... no es buena idea intentar contactar con ellos, ni siquiera sabe dónde viven, y otros ya no lo hacen más, desafortunadamente.

- Buenos días- Dice Lila abrazando a su madre, una mujer de 45 años, delgada, con aspecto de no haber dormido en una semana. Sonia era la única mujer capaz de levantarse a las 7 de la mañana para prepararle el desayuno a su hija. De no ser porque debía irse a trabajar, Sonia le habría llevado el desayuno a su hija.

- Buen día Lila, ¿dormiste bien esta vez? - Sonia estaba acostumbrada a que Lila se despertara gritando, llorando, angustiada. Esperaba que un día de estos su hija tuviese un sueño que no involucrara nada que la hiciera sufrir.

- La verdad que no mamá, pero por lo menos esta vez la pesadilla fue más tranquila, la última vez me desperté en el piso y llorando. ¿Escuchaste un disparo?

- No, no escuché nada, y me alegro por tus pesadillas, es una mejora que ya no te despiertes así, pero te prometo que en algún momento las pesadillas van a desaparecer. Por cierto, hoy llegó un regalo para ti, está encima de la mesa.

- ¿Para mí? Qué raro. Muchas gracias mamá. ¿Y esta vez conseguiste descansar? Se que no soy la única que tiene pesadillas – Lila había escuchado a su madre hablar en sueños algunas veces, y suponía a que se debían. La única persona en esa casa que no sufría las pesadillas, era Ema, la hermana de Lila.

- Si Lila, esta vez pude dormir, por suerte las dos vamos empezando a dormir mejor, aunque yo también tuve una pequeña pesadilla. -Lila se dio cuenta enseguida de que algo andaba mal, su madre le estaba mintiendo, y hacía mucho tiempo que su madre no le mentía.

Luego de un abrazo que le hizo sentir mucha paz, lila caminó un poco adormilada hacia la mesa a buscar ese regalo misterioso, pensando en por qué recibiría un regalo, lo primero que se le viene a la cabeza es que alguien le haya enviado un regalo por su cumpleaños, pero lo cierto es que su cumpleaños es dentro de 20 días, aunque no es la primera vez que recibe un regalo fuera de tiempo.

Entró en el comedor tropezándose con un mueble. Saltó un instante por el dolor que le provocó el golpe y se sentó frente a una caja con forma rectangular. Lo primero que vio al acercarse fue un globo con el número 20. La caja medía aproximadamente 30 cm de largo y 20 cm de ancho. Era de color marrón gastado y estaba atada con un lazo rojo.

Lila desató lentamente la moña roja, realizada con mucha paciencia y abrió la caja. En una de las tapas tiene una frase escrita muy delicadamente que Lila no reconoce en el momento: "Urip ngelingake babagan sejatine kita, jurnal iki ngelingake apa sing ditindakake 10 taun kepungkur, aja lali apa-apa. Kita bakal ketemu maneh ..." El regalo que había dentro, casi hace caer a Lila de la silla.

- No, no puede ser. Esto no por favor. - Se dice Lila para sí misma, angustiada y comenzando a temblar, esa frase estaba escrita en un idioma que Lila se había visto obligada a aprender, pero ahora su cerebro no reaccionaba, y no podía comprender que significaba cada una de esas palabras. -! Mamá ¡¿Quién envió esto? - Gritó Lila, cada vez más alterada. Su respiración comenzaba a agitarse, y había una gran posibilidad de que entrase en un ataque de ansiedad.

Sonia se acercó preocupada y le dice que el regalo lo trajo el correo, y que no sabe quién lo envía. Se acerca a la mesa y pone la misma cara de estupefacción que tiene su hija. Si era una broma, era de muy mal gusto. Pero las dos sabían que eso no podía ser una broma, más bien era un regalo perverso de una persona desequilibrada, muy desequilibrada.

Miedo a la realidadWhere stories live. Discover now