Quedate.

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ADVERTENCIAS: CONTIENE LEMON

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SINO A HAJIME ISAYAMA

Erwin Smith tenía el tiempo contado, como todos. Eso lo sabe cualquiera. Así que un buen día después de volver de una misión, donde sintió que la muerte le rozaba muy de cerca, decidió que era momento de tomar "esa" decisión. Llevar a cabo una idea que venía pensando desde hace algún tiempo. Mientras se recuperaba de sus heridas, espero paciente en su cuarto, sabía que en cuanto ella se desocupara de sus actividades estaría ahí, junto a él, para asistirlo, como siempre, como en todo.

El día transcurrió lento, o por lo menos, el tiempo se siente así para los que esperan algo. La vida en los muros no es realmente tan divertida, y mucho menos lo es cuando eres militar, ya no se diga un comandante, del cargo asignado ni hablar... la legión de reconocimiento es sinónimo de muerte. Aun así, Erwin siempre se erguía soberbio, entero, inamovible. Controlado de pies a cabeza, ningún detalle se le escapaba, y lo demostraba en todo. Ya fuera su arreglo personal, o su trabajo, todo debía ser impecable. Pero, curiosamente, su vida privada no guardaba el mismo orden que todo lo demás que lo construía. Evidentemente, hacía mucho que sabía que por lo menos en el amor, no iba a tener el mismo éxito que en su carrera. Por eso le dejo el camino libre a Nile con Marie. Después de eso, pensó que jamás volvería a sentir nada por nadie. Estaba seguro incluso que ya estaba curado del mal de amores y, de todo tipo de manifestaciones que implicaran la carne viva. Si acaso, alguna vez, tuvo uno que otro desliz, hacía ya tiempo que su cama estaba fría. La vida estaba bien así, era muy libre y lo disfrutaba, o eso pensaba. De unas semanas para acá, o quizá meses, había notado algo diferente en él, en ella. Hacía años que la conocía, pero nunca se había fijado en todas esas buenas cosas que la hacían especial, todas esas que no eran su evidente brillantez y apasionamiento, sino aquellas que solo mostraba a quienes la conocían de cerca. Definitivamente no era como Marie. No es que la comparase, Marie era, delicada, buena, tranquila. Una mujer que le quedaba mucho mejor ser un ama de casa, esposa de un comandante sí, pero no de la legión de reconocimiento. Sino de alguien con una vida menos agitada, o menos propensa a la muerte. Pero esta mujer, esta otra, era inteligente, ágil, creativa, un tanto ruda, un tanto desparpajada, poco o nada femenina, pero debajo de todo eso, una mujer al fin y al cabo. Una que era más como para él. Con la que podía caminar lado a lado, cuidarse las espaldas mutuamente, confiar plenamente uno en el otro. Erwin sonrió, emocionado por las cosas que acaban de asaltar su cabeza, luego miro hacía una mesita de noche que tenía junto a la cama, tomo una curiosa figura hecha de papel, y con sumo cuidado la desdobló

"Cuídate siempre, necesito que estés con vida, eres quien más festeja mis logros y apoya mis locuras. Te abrazo. H.Z"

Volvió a doblar la figurilla, se la había dado en la anterior misión, que al igual que en esta, él partió y ella se quedaba. Aunque era su mano derecha, ella tenía que completar ciertas cuestiones de experimentos o diseños de armamento nuevo. Muchas veces de eso dependía el éxito en las misiones, de lo que su mente creaba para combatir titanes, por eso, Erwin prefería que en algunas ocasiones permaneciera tras los muros, haciendo lo que mejor sabía hacer.

Tocaron la puerta, Erwin se removió en la cama, emocionado, como un muchachito soñador y romántico

-¿Puedo pasar?- asomo su cabeza, ahí estaba ella, la chica genio

-Por favor- Respondió. Ella entro a la habitación y camino hasta su cama, se sentó de lado, en el filo, y él haciendo algo de esfuerzo se incorporó, para recibirla en un abrazo

-¡Auch!- se quejó un poco, ella olvido que aunque entero, estaba herido, y le había apretado con los brazos. Al escucharlo, lo soltó inmediatamente, preocupada

Quedate.Where stories live. Discover now