Ya han pasado 7 años de que todo acabó, el aire se siente mas limpio, apenas queda rastro de la pólvora en el aire, el azul invade el color del cielo y, apenas hay rastro de los aviones de guerra. Nuestro ambiente estaba volviendo a la misma normalidad con la que comenzó todo, aunque, la guerra sigue presente en nuestros corazones, es cuestión de cerrar los ojos para que, esos horribles recuerdos invadan nuestra mente, pero eso no quita que aun podamos recordar la paz en la que vivíamos anteriormente, en nuestros años de juventud, donde no teníamos apenas preocupaciones ni problemas.
A día de hoy, después de que hallan pasado 13 años desde el comienzo de tal atroz acontecimiento, me siento más relajada y feliz. Me siento afortunada de haber sido bendecida con la hermosa familia que tengo. He tenido una hermosa niña y, soy muy feliz con mi marido. A pesar de que todo ya acabó, no logramos olvidar todos esos tiempos de guerra llenos de dolor, terror y miedo. La guerra nos ha cambiado mucho, ya que, nos hizo madurar en tan solo un lapso de unos pocos meses. Gracias a esa madurez, logramos prepararnos para todo lo que se nos avecinaba.
El día está por comenzar, puedo escuchar levemente el cantar de pájaros y sentir una suave y fresca brisa en el lugar. Me predispuse a levantarme haciendo mi mayor esfuerzo para no despertar a mi esposo, quien estaba dormido abrazado a mi, lo que hizo que, inconsciente, me sonrojara, pero me hacía sentir muy bien el estar tan cerca suyo. Le di un beso en la frente y lo dejé descansar tranquilo para luego ir a preparar el desayuno intentando no romper el silencio que inundaba el lugar.
No pasó mucho cuando de pronto, pude sentir como unas cálidas manos me abrazaban desde atrás y me besó la mejilla dulcemente, haciendo que me sonrojara muchísimo, provocando que ambos nos riéramos suavemente para luego, ver como se acurrucaba en mi hombro mientras miraba con atención lo que hacía.
- Cariño, ¿quieres que te ayude? - Me dijo mientras me abrazaba y besaba dulcemente, provocando que no pudiera hacer más que reír.
- Ya está casi todo, pero, ¿te gustaría arreglar la mesa? Ya me encargaré de llevar el desayuno
El me sonrío, besó mi mejilla y fue a arreglar la mesa. Tan pronto como acabó, me ayudó con una de las ollas de chocolate con leche, mientras yo me encargaba de llevar unos platos y un par de panes tostados para el desayuno.
Ambos miramos hacía la ventana y pudimos ver que el sol estaba saliendo, y vimos como un pequeño pájaro se posó sobre nuestra ventana, a lo que yo quise acercarme a él para darle un par de semillas, cuando de pronto bajó nuestra pequeña bajó a la cocina envuelta entre sus sabanas. Al verla no pude evitar reírme, al igual que mi esposo, y el pajarito se fue volando.
ÉL tomó a nuestra pequeña y la sentó en una silla mientras ella se estiraba y nos esbozaba una dulce sonrisa.
- Buenos días, papi, buenos días, mami - Nos dijo con un tono cariñoso pero algo dormido
- Buenos días princesita - Respondimos ambos al unísono, haciendo que, inevitablemente, nos miráramos y nos echáramos a reír
- Deberíamos dejar de hacer eso - Dije entre algunas risas y mirándolo a los ojos.
- Para mi esta bien, no me molesta en lo absoluto - Me respondió mientras me sonreía para luego besar mi mejilla de forma dulce.
Tras eso, nos dispusimos a desayunar, disfrutaba mucho comenzar el día junto a mi familia sin preocupación alguna, simplemente desayunábamos felices y en plena paz, aunque sentía algo de dolor al recordar esas batallas que tuvimos que cumplir, recordar a William herido en mis brazos, pero ese dolor se desvanecía cada vez que lo veía a mi lado. Sonreímos y continuamos disfrutando de nuestro desayuno familiar. Nuestra pequeña nos contaba con gran emoción y alegría sus sueños, no paraba de repetirme que me encantaría que ese momento fuera eterno, momento en donde estábamos riendo y conversando juntos.
Al cabo de un rato, nos dispusimos a recoger todo y luego, ayudamos a nuestra niña a cambiarse de ropa. Tras eso, todos fuimos al jardín a mirar el hermoso amanecer con sus familiares pero entrañables tonos celestes que empezaban a nacer en esa mañana. Nuestra hija se acurrucó en nuestras piernas y nos miró para luego preguntarnos acerca de la ya conocida pregunta que, nos traía el dilema de contarle o no acerca de todo lo sucedido, pero, sabíamos que era el momento de decirle, de todos modos, en algún momento su curiosidad le haría buscar las respuestas por su cuenta, y nosotros preferimos que ella se entere por nosotros y no por fuentes externas, además, contarle nos ayudaría a superar ese horrible episodio que se grabó en nuestras vidas.
Acomodé suavemente mi camisa y vi como mi esposo hacía lo mismo, dejando al descubierto las heridas en sus brazos, haciendo que nuestra pequeña las mirara con asombro.
- ¿Hoy me contarán la historia de lo que ocurrió hace 13 años? - Dijo sin poder ocultar la emoción que desprendía su mirada.
Ambos no hicimos más que suspirar suavemente al saber que tendríamos mucho por contar y explicar después de unos largos 7 años ocultándole la verdad.
- Si, mi niña - Le respondí y noté como la mano de William tomaba la mía con suavidad - Hoy te lo contaremos todo.
YOU ARE READING
Hasta el final
Historical FictionEl final de la guerra ha comenzado, la paz infunda por todos los lugares, y, Amy y William se dedican a alimentar la curiosidad de su hija acerca de como se sintieron los tiempos en guerra. Esta historia muestra los dos puntos de vista de la guerr...
