El primer día siempre es el mas difícil

6 0 0
                                        

Había una vez...
Es mentira, no comenzare así mi historia. Solo quería darle un toque dramático, pero esto no comienza así, más bien todo empieza un 14 de julio en el cual yo estaba acostada en mi cama pensado, ya ni me acuerdo que estaba pensando, la cuestión es que la puerta se abrió y entro mi mamá, rubia, alta, ojos azules y largas piernas, si lo se, parece que describo a una modelo de Victoria Secret, pero creanme que yo he tendio que vivir con ello, no es así, es simplemente una mamá común y corriente que se caso con un papá común y corriente y me tuvieron a mi, una hija común y corriente y bueno a mi hermano que no se si es tan común despues de todo, es algo loco, pero quien sabe, tal vez tenga superpoderes y salve a la ciudad cuando crezca.
Mi vida es ordinaria, voy al colegio, leo libros de fantasía, de hecho leo muchos libros de fantasía, y también hago pulseras con mostacillas. Cuando estoy de humor juego con mi hermanito o cocino algo para la cena.
En los días lluviosos me encanta prepararme chocolate caliente y mirar una película de terror, soy fanática. También canto, aunque mayormente en la ducha o en mi habitación con los audífonos puestos.
Eso es lo que hago en mi vida, no soy tan interesante como para que alguien pudiera fijarse en mi, pero eso no es algo que vaya a interesarme. Soy feliz con mi vida y no tengo ganas de cambiar.

Estaba en el colegio, era un martes si no mal recuerdo y llovía, mejor dicho diluviaba, esas tormentas que no paran y que arrasan con todo a su paso. Por seguridad nos hicieron quedarnos cada curso en sus respectivas aulas y como habia tanto ruido a los profesores se les hacia imposible dar su clase, por lo que nos dieron un rato libre esperando a que la tormenta pase supongo. Algunos jugaban cartas, otros charlaban pero más bien gritaban para hacerse escuchar, y yo estaba sentada en unas mesas que habíamos juntado con mis amigas y tratábamos de mantener una conversación, lo que era bastante difícil.
Al final me rendi y deje de gritar y me puse los audífonos y la música recorrió mi cuerpo, obvio que estaba a todo volumen porque sino no se escuchaba.
De pronto la puerta se abrió de un estruendo, pero no había nadie, por lo que todos supusimos que fue a causa del viento, pero se me hizo algo raro ya que las ventanas estaban cerradas para que la lluvia no entrara. De pronto la puerta se cerró pero esta vez sin ruido alguno y ya dentro del salón había un chico. Todos lo miramos sorprendidos y yo no fui la excepción. Parado en frente de todos nosotros se encontraba un muchacho rubio, piel muy clara, casi blanca como la nieve, ojos color miel y rostro serio pero tenia perfectamente alineadas sus facciones. Era alto pero no tan delgado, sino más bien de contextura normal y vestía una remera blanca y un chaleco gris oscuro que hacia juego con sus pantalones de jean grises. Les juro que parecía salido de una película de vampiros, hasta daba algo de miedo. Pero sin titubear se acercó a la profesora, que en cambio era una mujer petiza, algo regordeta y con el pelo casi por la cintura, y sin mostrar ni una pizca de timidez se presentó:
-Hola señora profesora, soy Arion -todos parecían haber enmudecido, el clima del salón había cambiado drásticamente y parecía que la tormenta había cesado aunque la realidad esque afuera seguía lloviendo. Yo me saque los audífonos y comencé a prestar mucha atención a la escena. Él seguía de pie junto al escritorio de la profesora y todos lo mirábamos. Era difícil no hacerlo. Después de presentarse con la mujer, se dio vuelta y miro a todo el aula, pero no emitió palabra alguna, solo se fijo donde había un asiento libre y se dirigió hacia allí.
Ya sentado en un lugar al fondo sacó un libro de tapa dura y lo abrió por la mitad y comenzó a leer como si nada pasara y de pronto como si aquello hubiera sido un sueño todo volvió a estar como antes; los que jugaban cartas continuaron, los que charlaban a los gritos reanudaron sus platicas, y yo volví a mis audífonos pero no sin antes echarle una última mirada a aquel chico tan extraño que había entrado en el salón y que había causado por un segundo un silencio espeluznante.
Sonó la campana, pero como seguía diluviando todos permanecimos en el aula haciendo caso omiso al ruido de esta que apenas lograba oírse. De repente alse la vista porque sentía que alguien me observaba, y no estaba equivocada. El chico rubio me miraba desde lejos, sus ojos parecian muy concentrados en mi y eso me incomodaba. Desvié la mirada para tratar de que él hiciera lo mismo pero sus ojos los seguía sintiendo en mi. Trate de no hacerle caso pero llego un punto en el que se me hizo insoportable, así que decidí levantarme e ir hasta donde él.
-¿Sabias que es descortes mirar a alguien como lo estas haciendo? -cerro su libro que estaba abierto en el banco y me respondió:
-¿Qué te hace pensar que te estaba mirando a ti? -cuando me dijo eso me quede atónita. ¿Quién se creía para responderme así? Era más que evidente que me miraba a mi.
-Yo se y tu sabes que me acosabas con la mirada -le dije ya un tanto enojada.
-Es muy lindo que creas que eres tan importante para que alguien te mire, pero no es el caso, yo solo observaba el salón donde desde ahora estudiaré, ya que transfirieron a mi padre y nos mudamos aquí cerca, así que es mi primer día.
Yo realmente no lo podía creer, esa actitud era odiosa y cuando eres nuevo en un salón se supone que buscas un perfil bajo, no hacer entradas estramboticas y hablarle así a tus compañeros. Así que supongo que aunque para muchos el primer día es el más difícil, para este chico lo más complicado iba a ser lograr amabilidad y no portarse como un completo cretino.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Dec 29, 2020 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Sepan disculparme por ser raraStories to obsess over. Discover now