Entre disculpas y sonrisas.

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1 de enero del 2014. 9:47 P.M

Apenas llegó a su cuarto, Josephine se sintió la peor persona del mundo. ¿Cómo se había atrevido a tratarlo de esa manera tan fría, cuando él no había hecho nada más que ser dulce? No entendía nada, el joven llegaba y todas sus emociones se disparaban hacia cualquier lado ¿era eso normal? Tanta era su confusión que terminó llamando a Beth, contándole desde las tiernas acciones del muchacho, hasta el hermoso color de sus ojos.

– ¡Por Dios, Jo, fuiste una perra! –Dijo su pelirroja amiga cuando su relato acabó, tan cariñosa como siempre.

–Gracias, Beth. Sé que siempre puedo contar con tu apoyo. –Sonaba frustrada y un tantito irónica, mas no enojada. No tenía derecho a estarlo. –Sé que estuvo mal lo que hice... Además de ser una perra fui una maleducada y la vergüenza me está matando. Dime qué hacer, por favor. –Ahora sonaba desconsolada. En cambio, su amiga ya había empezado a disfrutar lo que diría a continuación.

– ¡Muy simple! Dejar de volverte paranoíca cada vez que alguien hace que… ¿cómo decirlo sin que suene cursi? Al diablo, cada vez que alguien hace que “mariposas” vuelen en tu estómago.

La rubia se convirtió en un tomate ¿era saludable sonrojarse tantas veces en un día? Quizá sus vasos sanguíneos explotaban junto con su cara… Y de vuelta empezó a divagar. –No me gusta Caleb ni consigue que sienta algo. Por si no te acuerdas, lo conozco hace menos de quince minutos. –"Quince adorables minutos", su corazón quiso decir, a lo que su cerebro reaccionó dándose patadas internas.

– ¿Yo mencioné algo sobre gustar? –Se mofó divertida, queriendo hacerla caer en esa broma.

–No, pero lo insinuaste, no soy boba. –Respondió con un tono neutro, aunque eso no impidió que se pusiera aún más roja. Normalmente se hubiera reído, el problema era que esto no era una situación normal para ella.

– ¿Estás segura que no eres un poco boba? –Contraatacó Beth. –Los cobardes son bobos, al menos en a lo que este tema se refiere…

Chasqueó su lengua ¡ella no era cobarde! Sólo… prefería no arriesgarse, ser precávida ¿no era eso diferente? Decidió dejar estar toda esa cosa que le producía ganas de vomitar y que, por la terquedad de ambas, no la llevaría a ningun lado.

–En fin… ¿estás lista para empezar el colegio?

Y pese a que estaban comuniadas a través de un teléfono, pudo adivinar que su ceño se fruncía profundamente y percibir su mal humor ante esa pregunta. –Sí, y no me lo recuerdes. De verdad ¿por qué me lo recuerdas? ¡Todavía faltan cuatro días! –En serio se mostraba desesperada… – ¿Por qué las vacaciones de invierno no son eternas? –Se quejó, algo enfadada, lo que le robó a Jo una carcajada.

– ¡Y después la exagerada soy yo! Ya, relájate, yo quiero que haya nieve y nunca la hay. No siempre se obtiene lo que uno quiere. –En ese momento se escuchó al padre de Beth, proclamando que la cena estaba lista. –Creo que debes irte, cumplañera.

Si antes se encontraba malhumorada, eso había empeorado. –Cocinó papá... Eso quiere decir que seguramente termine intoxicada. Mañana te llamo... si es que sigo viva. –Y con un habla misteriosa, cortó el teléfono.

Entonces Jo volvía a estar sola con sus pensamientos y esa molesta culpa que se había instalado en su pecho. No, esto no podía seguir así... Se puso de pie y abrió la puerta, dispuesta a ir a disculparse con Caleb ¿y a quién se encontró?

– ¡Caleb! –Su voz tal vez había sido demasiado alta ¡pero es que el chico llevaba una bandeja con comida en la mano!

– ¡Josephine! –La imitó riendo ¿acaso esa vena carismática jamás se esfumaba? Al parecer sí, porque hizo una mueca de pena. –Quería pedirte perdón… Lucías bastante enojada y... lo lamento. Quiero que sepas que no soy ningún atrevido, sólo que entro en confianza muy rápido. –Tenían algo en común. –Y.. eso. En fin, supuse que no querrías verme, por lo que le pregunté a tu madre si podía traerte la cena aquí. Yo ya me voy...

La rubia estaba petrificada en el lugar ¿se había dormido y fantaseaba con él en un sueño? Se pellizcó disimuladamente... ¡y no! ¡Esto era más que real! Parpadeó y regresó a la realidad ¿era posible sentirse como si fuera una basura después de sus palabras? Definitivamente sí.

– ¡No, no te vayas! ¡Yo soy la que tiene que disculparse! No sé porqué reaccioné así. –Su inconsciente susurró un "Sí lo sabes". –Pero tú no hiciste nada malo ¡fuiste adorable y yo una perra! No suelo ser así. ¡Lo lamento mucho! –Lo que decía salía descontrolado de su boca. Parecía a punto de llorar y su corazón palpitaba con fuerza ¡era una dramática! Su ceño fruncido la sorprendió.

–No vuelvas a llamarte así. –Ordenó entrecerrando los ojos. Dejó la bandeja en el escritorio y se giró hacia la puerta. Lo único que Josephine pudo pensar fue un "Oye, tranquilo, viejo".

–De acuerdo... –Aceptó sin poder guardarse su melodiosa risa por mucho más. Como seguía de espaldas, se animó a dar unos pasos y tocarle el brazo. De verdad que no podía creer todo esto. –Gracias. Eres muy considerado teniendo en cuenta como fui contigo. –"Y yo soy muy egoísta". Por fin se dio la vuelta y le regaló una dulce sonrisa que atontó a la joven.

–Qué linda eres. –Murmuró, lo suficientemente alto como para que pudiera escucharlo. Después sacudió su mano a forma de saludo y bajó a la sala nuevamente.

¿Con que el amor te destruye, eh?, hubiera dicho cualquier conocido de Josephine si la hubieran visto así de ruborizada. Sin olvidar, claro, la sonrisa de idiota en su cara.

I will fix you © (PAUSADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora