Cap 1

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1. El caminante de sueños

La tienda no era más que un aparente batiburrillo de curiosidades "mágicas" sin ningún tipo de uso en el mundo real. Su rótulo tenía el sencillo nombre Crowley's, letras negras sobre fondo amarillo con la pintura desconchada.  

Al abrir la pequeña puerta de madera, una joven hippy, de pelo rubio recogido en dos trenzas esperaba sonriente al incauto comprador detrás de un mostrador. 

A la izquierda podían verse atrapasueños y todo tipo de figuras de dioses nativos y a la derecha souvenirs de todo tipo, una mezcla vulgar y ordinaria. Casi parecía que no querían vender nada. 

Pero claro, la tienda era una fachada para otro tipo de negocio, uno para el que el dueño de la tienda, el tal Crowley no tenía licencia. No existía licencia para ese trabajo.

Angie White y su hijo de ocho años Nicky, entraron en la tienda con aprensión mientras la sonriente hippy les enseñaba todos sus dientes. Ella estaba peligrosamente cerca de los cuarenta, era alta y delgada y tenía el pelo largo castaño rizado y los ojos verdes. Él era algo regordete, cosa que le daba un poco de complejo por culpa de los comentarios de los otros niños (y de las regañinas de su madre), tenía el pelo castaño liso y los ojos verdes como su madre.

-Bienvenidos a Crowley's, ¿En qué puedo ayudarles? ¿Desean algún atrapasueños?

Angie apretó la mano de su hijo, algo nerviosa mientras Nicky miraba la tienda, y a la guapa muchacha, con ojos como platos.

-No, gracias. He llamado antes, soy Angie... Angela White

La muchacha hippy siguió sonriendo y se dio un teatral golpe en la frente.

-Es verdad, que tonta, disculpe. ¿Este debe ser el pequeño Nicky? Yo soy Rain.

La chica se agachó y su camiseta dejó entrever la mitad de sus pechos al pequeño Nicky, cosa que no agradó a su madre. Nicky le estrechó la mano a Rain y luego Angie hizo lo propio.

-Si me disculpan un momento, iré a avisar al señor Crowley.

Rain salió del mostrador y se dirigió hacia una puerta negra en la que había un extraño símbolo pintado de rojo.

Angie miró a su hijo e intentó dedicarle una sonrisa tranquilizadora - Si no te gusta nos vamos Nicky.

-No pasa nada mamá -respondió Nicky sonriendo.

Angie empezó a divagar y pensó que quizás esa muchacha había hipnotizado a su hijo con sus armas de mujer. Y sólo tenía ocho años. ¡Hombres!

Rain abrió la puerta y la habitación estaba a oscuras, había un interruptor a la derecha pero sabía que no había que encenderlo a no ser que entraran clientes. Ella no se acostumbraba a la oscuridad tan fácilmente como John pero aun así pudo distinguir un bulto humano sentado en la posición del loto.

-Han venido clientes John -dijo Rain cambiando su habitual tono jovial para clientes por un tono más monótono.

-Puedes encender la luz encanto respondió el bulto con voz pastosa.

Raine le obedeció y pudo ver mejor la habitación. Las persianas estaban bajadas y daba una sensación lúgubre pero el resto de la habitación no era tan siniestra. Las paredes estaban pintas de un suave color salmón y en una de ellas había colgados varios dibujos infantiles. 

A la izquierda tenía una amplia mesa de madera de roble, sobre la que colgaban varios títulos (falsos por supuesto) y enfrente de ella, un cómodo y amplio sofá. Sencilla pero no siniestra. A excepción de las persianas negras que nunca se subían, claro.

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