3. Ideas de familia y problemas de álgebra.

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Capítulo 3: Ideas de familia y problemas de álgebra.

Alessa.

Seguimos al doctor con paso lento, yo con el paso casi atemorizado. No sabía lo que podía esperarme saber de mi abuela una vez estuviéramos allí. ¿Qué pudo haberle pasado? Dylan también nos siguió. Iba al lado mío, dándome apoyo moral.

—Estará bien, Ale, tranquila —susurraba en mi oído haciéndome estremecerme. Si fuera otro chico, ya se hubiera llevado una patada que lo dejaría sin descendencia, pero era Dylan.

Doblamos a la derecha y entramos a la primera puerta, que parecía un despacho. Era color café claro y tenía varios títulos colgados en la pared. Vi un escritorio, dos sillas frente a éste, la del doctor y una estantería llena de libros de medicina detrás.

Mi papá y mamá se sentaron frente al escritorio, mientras que Dylan, mi hermana y yo nos quedamos atrás.

Trago saliva, cuando el doctor se acomodó en su silla, dándonos a entender que empezaría a hablar.

—Bueno, familia Kennedith. —El doctor toma unos papeles, que supuse que se trataba del expediente de mi abuela—. La señora Karoline no se ha hecho mucho daño, a decir verdad, a como se esperaría en otro paciente —carraspea pasándole a mamá un par de papeles—. Ella sólo se ha roto un brazo. También se ha dislocado el tobillo izquierdo por la caída, pero con el tratamiento estará bien pronto.

Suelto un suspiro de alivio inmediato. Ella no estaba grave, sólo tuvo un par de complicaciones por su caída.

—¿Y qué pasa con su desmayo, doctor? —pregunta mi papá juntando sus manos sobre el escritorio del doctor. Él vuelve a carraspear y responde:

—Creemos que fue un desmayo común, debido al golpe. Pero...

No estaba lo suficiente convencida con esa respuesta. ¿Desde cuándo los desmayos eran cosas comunes? Me mordí el labio inferior, tomando una bocanada de aire.

Mi abuela no tenía nada, ella no tenía nada.

Entonces, fue ahí cuando me di cuenta de la teminda palabra. El "pero".

—¿Pero qué? —insiste mamá nerviosa.

—Creo que necesitará ser cuidada de cerca, necesitará una silla de ruedas.

Bueno, había hecho parecer eso como algo malo, cuando en realidad estaba bien. Al menos no le había pasado algo peor, ella tendría que estar siendo cuidada porque estaba en silla de ruedas. Yo podía hacerlo. De igual forma, ya prácticamente iba todos los días a la casa de mi abuela.

—Yo puedo hacerlo —murmuro clavando mi mirada en la de mis papás. Ellos escucharon mi murmuro, a pesar de todo, y se giraron hacia mí con una enorme sonrisa.

—¡Sí! ¡Alessa puede hacerlo!

Sonrío al darme cuenta de que mamá está de acuerdo con eso.

—Sí, está bien, señora, pero... —El doctor vuelve a carraspear y yo considero darle una bofetada a ver si así deja de hacer ese gesto que tanto me estresa.

—¿Ahora qué, doctor? —pregunta papá, algo molesto—. ¿Acaso quiere que también sea pelirroja y con pecas?

—No creo que mi prima Candace quiera hacerlo... —me murmura Ariel, mi hermana, al oído. Yo suelto una pequeña risita, atrayendo la atención de los adultos.

—Señores —dice el doctor, volviendo los pares de ojos hacia él—. Creo que será conveniente que el chico la ayude.

¿QUÉ?

Alessa, no otra típica rubia [ANOTR].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora