capitulo 3

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––Morganne, Morganne––ya se oían  los gritos y aún no veía al jinete. Aunque no necesitaba verle para reconocer la voz.

Morganne tiró al suelo la labor que tenía en el regazo y corrió para recibir al visitante.

––Madre, Neill viene a vernos ––gritaba Morganne mientras salía de la casa.

––Ya le oigo, hija mía ––le contestó a su hija, y añadió en un tono más bajo––Yo y todos los habitantes del bosque.

La mujer mayor se levantó despacio, ella no tenía prisa por ver al hombre. No le hacía gracia esa compañía. La forma en que Neill miraba a su hija, había cambiado mucho. La experiencia le decía a Mae que Neill ya no veía a su hija como una niña.

Miró por la ventana, afuera, ella esperaba impaciente la llegada de su joven amigo. En el último año, Morganne había dejado de ser una cría para ser una mujer, sus curvas se habían moldeado, aunque ella se comportaba como una chiquilla, a sus diecisiete años muchas muchachas ya estaban casadas y con hijos.

El  jinete llegó al galope y detuvo el caballo con maestría junto a ella. Como siempre, se apeó y elevó a  su amiga, la giró en el aire, provocando en la muchacha una  alegre risotada.

––Me alegro de verte, Neill––saludó efusivamente Morganne cuando sus pies tocaron tierra.

––Yo también me alegro. Te he echado mucho de menos. Pero déjame verte… ––alejó los manos para contemplarla––. Estas preciosa ––Neill arrastró las palabras mientras tomaba las manos femeninas y se las llevaba a la boca.

––Joven Neill… ––saludó  Mae, para llamar la atención del muchacho.

––Señora Mae––contestó y soltó las manos de Morganne molesto por la interrupción.

––Yo en cambio no––murmuró la anciana más para sí que como contestación.

Dentro tenía muchas cosas que hacer, con el viaje tan cerca; tenía que preparar muchas pociones y remedios caseros para los aldeanos. No obstante,  no quería perder de vista a la pareja, así que se sentó en la mecedora que había en la puerta. Se recostó y se relajó, pensaba que disfrutaría un rato si ponía nervioso al joven.

Y lo conseguía, Neill dirigió varias veces los ojos hacia la mujer antes de decidirse por cambiar la postura y ponerse de espaldas a la casa y con ello ocultarse de los ojos protectores de la anciana.

––Morganne, crees que podríamos tener un poco más de intimidad. Tengo cosas que hablar contigo  ––pidió Neill que no conseguía tranquilizarse para hablar con ella del tema que le había traído hasta allí.

––Madre, voy a dar un paseo  ––informó Morganne mientras andaba.

––Morganne––el tono de voz de la anciana llevaba una clara advertencia.

––Sí, Mae  ––concedió la muchacha que captaba el aviso de su madre. Durante los últimos meses le había repetido demasiado a menudo el cambio que su cuerpo  experimentaba  y cuan deseable se podía ver a los ojos de los hombres; hombres entre los que se encontraba Neill aunque ella lo veía como un amigo nada más.

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Neill, no podía creer que hubiese  sido tan fácil deshacerse de la vieja. Alcanzó a Morganne y comenzó a andar con intención de alejarse lo más posible de la casa. Aquello estaba funcionaba mejor de lo que había pensado. Esta vez estaba dispuesto a arriesgarlo todo para conseguir su propósito.

––Morganne, te he dicho que estas preciosa  —adularla sería un buen comienzo, pensó el joven.

––Me lo dices siempre.

Nacida para amarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora