Capítulo 21: Última mirada

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Ya no sentía miedo ni dolor, sólo sentía paz, como si me mecieran suavemente en una hamaca, pero estaba en un lugar frío, demasiado para mi gusto. Mi cuerpo ya no era parte de mi, yo flotaba en la nada, todo era oscuridad y silencio, quise hablar, pero nada salía de mi garganta, buscaba a mi alrededor pero no veía nada, ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Acaso no estaba yo en el bosque?

Necesitaba encontrar una salida, y antes de que pudiera empezar a pensar en cómo salir de allí, empecé a sentir como una parte de mi se iba para no volver, algo estaba cambiando dentro de mi, al principio fue una sensación de hormigueo, pero poco a poco empezó a ser como si me cortaran la piel poco a poco para cambiarla por una nueva, parecía interminable, todo era inmensamente lento y doloroso y no podía ni gritar ni llorar, no podía pensar ni recordar.

Recorrió cada parte de mi hasta que de pronto, se detuvo, luego sentí como si un imán me jalara con gran velocidad, no podía salir del agarre, como si cayera, y como si despertara de una pesadilla, abrí los ojos. Las estrellas se alzaban en mi cabeza, de nuevo estaba en el bosque.

Todo alrededor me sobrellevó. Los olores y los sonidos eran demasiado intensos, podía oler la tierra, la madera de los árboles, las hojas, los animales, el aire, y podía escuchar todo, era ensordecedor, las hojas chocando unas contra otras por la brisa, el sonido de un conejo saltando, los pájaros cantando, un búho que no encontraba en ninguna parte, un animal masticando, otro bebiendo, el sonido del agua pasando dentro de él, era demasiado.

Miré a mi alrededor y podía ver todo tan bien como si fuera de día, no recordaba ese lugar, ¿Qué estaba yo haciendo allí?

Recordé que había caído, que debía tener heridas, mi ropa estaba rasgada así que debió suceder, pero al revisarme por todas partes, no encontré ninguna magulladura, ningún rasguño, luego pensé que al caer me había enterrado un pedazo de madera, alarmada revisé mi costado, no había ninguna herida ni ninguna cicatriz. A mi alrededor tampoco habían rastros de mi herida ni de sangre.

Suspiré, pero al instante me alarmé, no sentí ningún alivio, contuve la respiración por un tiempo, pero no parecía necesitar respirar.

¿Acaso estaba muerta? ¿Vagaría así medio muerta por toda la eternidad? No quería eso, deseaba ver una luz, esa luz que se supone lleva al más allá, pero no encontraba nada, al contrario, solo vi a un conejo que se acercaba, luego escuché su palpitar.

Un pensamiento llegó a mi como un rayo, tenía sed, tan espantosa que dolía, que me cortaba por dentro, una que jamás había sentido antes, no podía pensar nada que no fuera eso, era demasiada ansia, necesitaba aplacarla y rápido, sino enloquecería.

Al escuchar de nuevo, sentí en mis oídos el bombear de su corazón, la sangre fluía dentro de él y vi que eso era lo que necesitaba, sangre. Con una agilidad para mi desconocida, corrí hacia él y menos de un segundo lo tenía en mis manos, un pequeño conejo marrón que trataba de zafarse de mi agarre, su corazón palpitaba más rápido, sabía lo que iba a hacer.

Mi mandíbula me dolió y sentí como dos colmillos crecían en mi boca, no resistí y le hinqué una mordida en el cuello al conejo, poco a poco sentí la sangre en mi boca, estaba caliente, quemaba al pasar por mi garganta, pero era lo más delicioso que hubiera probado nunca, sentía como la energía y la vida lo dejaban y luego pasaban a ser mías, además de cómo el pequeño animal dejaba de moverse para caer inerte en mis manos; rápidamente se había agotado, necesitaba más.

Lo boté al suelo y me lamí los labios, luego pasé mi lengua por mis colmillos, eran bastante afilados y sobresalían, me había convertido en un vampiro de alguna manera que no lograba recordar.

No me sorprendió ni me importó mucho la noticia, sólo di gracias por tener armas tan maravillosas; luego pensaba en otra cosa, necesitaba más sangre.

Dejé de tratar de alejar los sonidos y los dejé fluir, a mi derecha había un ratón, y con dos zancadas llegué hasta él, pero mi avidez era tanta, que también se acabó en un santiamén.

No podía parar, necesitaba más, necesitaba algo más grande, escuché y dejé pasar cientos de palpitares pequeños y rápidos, para encontrarme con uno más grande y pausado, era como música para mis oídos, estaba lejos así que tuve que correr.

Me había convertido en una criatura bastante veloz y ágil, saltaba entre las raíces que sobresalían como una gacela, así mirara a cualquier lado podía sentir todo a mi alrededor, los árboles eran solo un simple reflejo al pasar. En el camino tomé a un conejo que pasó justo en frente mío, lo saboreaba mientras corría, cada vez estaba más cerca de ese corazón fuerte, ya casi que podía tocarlo.

Llegué a un lugar donde los arboles se formaban justo en un circulo, la luz de la luna era demasiado brillante, el cielo se había despejado, y allí había un chico de espaldas, el corazón palpitante que sería mi siguiente cena, terminé con el conejo y lo tiré al suelo.

El palpitar de ese chico era tan fuerte que era ensordecedor, me acerqué a él, consciente de que mis movimientos eran tan ágiles y silenciosos que él no lo notaba. Pero se dio la vuelta, genial, pensé, ahora tendría que ir por él, me miró con sorpresa y dolor, ya sabía lo que iba a hacer y no correría, mejor para mi.

- Alice - Dijo en un susurro que para mi fue como un grito.

- No hables - Mi voz sonaba dulce y seductora.

Al darle una segunda mirada, el alma se cayó a mis pies, acababa de reconocerlo, el cabello oscuro color azabache, los anchos hombros, y sus ojos azules, ¿Cómo no lo había reconocido antes? me miraba con tanta tristeza, que rompió mi corazón; cómo golpes, imágenes llegaron a mi cabeza, yo en sus brazos, el calor que me daba estar a su lado, la alegría que sentía al estar con él. Me detuve en seco, pero yo ya no era humana, era un vampiro, el ser que él más odiaba, lo nuestro nunca iba a funcionar por mucho que yo lo amara, pero tenía sed, aún más que antes, así que, ¿Qué importaba? ¿Qué mayor prueba de amor, que dar su vida para satisfacer la mía?

Volví a avanzar, el chico no se movió, parecía que quisiera que fuera hacía él, pero su mirada hizo que volviera a detenerme, y como una alarma, pensé en que no podía quitarle la vida, si su corazón dejaba de palpitar y yo era la responsable, jamás me lo perdonaría. Antes de que el deseo de su sangre sobrellevara al pequeño atisbo de razón que tenía, salí a correr, no sin antes darle una última mirada a Peter.

Fire & IceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora