Reí.
Mamá siempre sabía cómo hacerlo cuando más lo necesitaba.

—Gracias mamá.
—De nada mi niña... y no es por presionarte, pero creo que ya debes irte, si no se te hará tarde.

Miré el reloj que colgaba de la pared. Eran las 3:30. La fiesta empezaría a las 4 en punto, pero la señora Susana quería que llegara antes para ver que todo estuviera perfecto, además de que quería que recibiera a la gente con ella.

Los nervios me consumían.

Tomé mi bolso y me colgué en el hombro.

Fui hasta donde estaba mamá y la abracé.
—Deséame suerte Ma.
—Tú no necesitas suerte mi vida, todo saldrá bien. Pero de todos modos te deseo toda la suerte del mundo, esa nunca estorba. Verás que todo saldrá bien.
—Crucemos los dedos.

Me separé de mamá ye dirigí a las escaleras.

—Ve con Dios hija.

Fue lo último que escuché mientras cerraba la puerta, emprendiendo paso a la casa de los Nerron.

Llegué y toque el timbre todavía temerosa, no sabía si estaba preparada para esto, no me creía capaz de articular alguna cosa coherente.

Pero todo se fue a un lado cuando me encontré con ese pedazo de chico metido en ese traje negro pegado.

—-Buenas tarde señorita. ¿Podría ayudarla en algo?—Charly levantó una ceja mientras me miraba detenidamente.
—Buenas tardes, ¿Usted sabe dónde está mi novio? Es ese que siempre trae pantalones rotos. No lo veo por ninguna parte.
—Bueno, lamentablemente tengo que decirle que ese chico hoy no está, al menos no como usted lo describe, hoy solo nos acompaña señor elegante, o sea se yo—activo su sonrisa de galán.

Daban ganas de pellizcarle los cachetes cada que lo hacía.

—¡Ah!. Me tendré que conformar con eso. Ya qué.

Charly río.
Oficialmente era fan número uno de esa sonrisa.

—Ven acá muñeca, que no tendremos toda la tarde para esto—Charly me tomó de la cintura lentamente, cerro la puerta, y me besó durante unos buenos 2 minutos.

Era una suerte que había decidido ponerme labial hasta que la fiesta empezará, si no los dos terminaríamos como payasos.

Alguien se aclaró la voz a nuestras espaldas.
—Espero no interrumpir nada, pero les informo que la fiesta está por empezar.

Charly y yo nos separamos espantados, como si fuéramos unos niños pequeños y nos hubieran sorprendido haciendo una travesura.
O bueno, tal vez lo que hacíamos si era uns travesura.

—¡Ángela! Casi me da un infarto—gritó Charly al ver a su hermana plantada a unos escasos centímetros de nosotros, con su vestido rosa pastel esponjado, y el cabello perfectamente peinado, además de un maquillaje espectacular.

—Pues yo no tengo la culpa que ustedes dos, par de tortolitos, estén aquí casi comiéndose vivos. ¡Eh!—Ángela alzó demasiado las cejas. Yo me ruborice.
—No tienes derecho a decir nada, que el otro día yo te encontré allá afuera con Joel, y créeme, ustedes si que se estaban comiendo vivos, hermanita. —-Sabes, tal vez si paso eso, pero no tienes derecho a decir nada, porque yo estaba AFUERA de la casa, y no en la sala.

Charly suspiró, Ángela le había ganado .

—Touché—Ángela se cruzó de brazos. —Por cierto, hola Jade. Espero que no te sientas mal por lo que dije, es solo una broma para fastidiar al mastodonte este—ella sonrió.
—Hola Ángela, y no te preocupes, no pasa nada.
—¿Mastodonte?—dijo Charly al mismo tiempo.

¿Y si te digo que me enamoré de ti?Место, где живут истории. Откройте их для себя