Argumento
Jared O’Conell tiene una obsesión malsana con aquel acuerdo, según su mejor amigo. Por supuesto él no lo ve así (claro que estuvo a punto de tener un ataque cuando George, su «casi» socio, dijo que no estaba de acuerdo y que quería agregar una nueva clausula). Luego no lo deja marchar e insistente en que se quede, siendo sometido a ver las miradas de frialdad y odio que se lanzan él y su hija, ni siquiera se contenía por el hijo de Evangeline presente, quien parecía estar acostumbrado.
Luego de semanas de espera, cuando creyó que por fin obtendría lo que quería, y merecía por el infernal almuerzo por el que paso la tarde en que George se negó a firmar el acuerdo sufre un autentico shock.
Lo clausula es por demás ridícula, cuando George se empieza a creer que el hombre no está bien de la cabeza, debió haber sufrido un momentáneo ataque de locura cuando redacto el acuerdo. Sin embargo, él debe estar más loco para aceptar…
¿Qué es lo que pide George y porqué Jared ha aceptado? ¿Qué hay detrás del pasado de niña rica de Evangeline?
Capítulo 1: Dominic
Jared sonrió con satisfacción, el acuerdo sería firmado la semana siguiente.
Sus ojos grises destellaban radiantes de alegría. Desde que su padre se fue de viaje para tomar unas merecidas vacaciones y conocer el mundo, dejándole la presidencia a él, no se había sentido tan feliz y orgulloso de sí mismo. Su padre siempre decía que estaba listo, pero lograr algo que su padre, no con tanto tiempo en aquel negocio lo llenaba, eran sus propios meritos los que hacían que aquel hombre sentado frente a él diera su aceptación.
George Montagne era un hueso duro de roer. El hombre de unos cincuenta años con cara de en sus tiempos haber sido muy bien parecido por el cabello negro, ya canoso, de sabios y orgullosos ojos azules, era terco, siempre quería la mejor parte —como era obvio entre grandes empresarios—, pero luego de muchas insistencias y arreglos por fin lo consiguió.
No era el trato que él tenía pensado en un principio, pero sí uno bastante satisfactorio.
—Ha sido un placer negociar contigo, O’Conell —dijo su socio levantándose y tendiéndole la mano—. No soy partidario de hacer negocios con muchachos recién salidos de la universidad, pero he de aceptar que me has convencido. Nos veremos la próxima semana, como ya te pedí el trato se firmará en mi casa.
Con una última inclinación de cabeza el mayor se retiró, permitiéndole regodearse de la victoria, aunque claro que no podía dar nada por sentado hasta que estuviera la firma en el papel.
George bien podría echarse para atrás a último momento y…
Espantó sus pensamientos y decidió que era hora de ir a almorzar.
—Te lo digo, amigo, te preocupas demasiado. Estás obsesionado con ese acuerdo y empieza a estresarme tener que escucharte —farfulló Anthony frente a él.
Jared bufó porque su amigo era demasiado exagerado. Puede que si estuviera algo nervioso, pero ¿obsesionado? ¡Anthony estaba loco! No entendía por qué George insistió en que firmara el trato en su casa, le dijo que le invitaría a almorzar luego de eso, pero sentía que había algo más.
—Jared ¿me estás escuchando? —preguntó su amigo chasqueando los dedos frente a él, sabiendo de antemano la respuesta.
Pensó en colocar su mejor cara de póker, pero sabía que con Anthony eso no funcionaría, se conocían desde hace demasiado tiempo. Esbozó una sonrisita nerviosa y negó. Anthony dio un suspiró exasperado y se levantó, recogió su abrigo del asiento.
—Entre estar con un obsesivo que no me escucha y poner tiritas en raspones, me quedo con la segunda opción —refunfuñó ofendido y dio un paso para irse, pero tropezó con algo. No alguien—. ¿Qué pasa amiguito? ¿Estás perdido? —preguntó con voz suave al ver al niño de ojos azules y cabello castaño rizado. Ese restaurante se caracterizaba por ser de los más caros y exclusivos de la ciudad, era extraño ver niños, ya que solo iban personas con traje y una enorme cuenta en el banco.
—No —negó el pequeño con una sonrisa encantadora. Uno de los meseros se acercó y con una disculpa se llevó al niño de la mano, directo hacia una de las mesas, donde se lo entregó a un hombre que lo recibió con una sonrisa, si no se equivocaba era el nuevo dueño. Aquel era el restaurante donde siempre almorzaba, era su favorito, y Jared compartía ese gusto, hacía poco había sido vendido, por supuesto que como uno de los clientes recurrentes ya conocía al dueño. Negó con la cabeza y se concentró.


