Elsa, con la mirada firme y la voz que no admitía réplica, le dio a Hans solo dos caminos: servirla como su guardia personal o enfrentar la horca al amanecer. El príncipe caído en desgracia, humillado ante la reina de hielo, aceptó el destino menos cruel, aunque en su interior juró no doblegarse jamás.
Lo que ninguno de los dos podía prever era que aquella condena disfrazada de misericordia se convertiría en un vínculo imposible de ignorar. Día tras día, la fría distancia entre reina y prisionero comenzó a resquebrajarse. Las miradas se alargaban, los silencios se volvían cómplices y lo que empezó como un deber impuesto, lentamente se transformó en un deseo oculto. Y ese deseo, con el tiempo, se convertiría en un amor tan inesperado como prohibido.
advertencia: Escenas de sexo explícitas,contiene lenguaje grosero, sexual,solo apto para mayores de +18
All Rights Reserved