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Abro los ojos y estiro mi cuerpo ocupando toda mi cama, después de haberme pasado toda la noche estudiando es imposible para mí abrir los ojos. Giro levemente la cabeza y miro el despertador, suspiro levemente y me levanto rápidamente de la cama. En media hora tengo que estar presente en la iglesia donde se va a casar mi madre con su nuevo marido.

Abro las puertas del armario y cojo el vestido cubierto de plástico trasparente, me quito el pijama y torpemente consigo deslizar la tela por mi cuerpo. Me acerco al tocador y cojo el cepillo, lo paso ligeramente por mi cabello y me coloco las lentillas.

Me pongo las zapatillas y me miro al espejo, he recogido mi cabello en un moño y me he puesto un poco de maquillaje sobre mis pómulos. Bajo los escalones de dos en dos y entro en el salón en busca de mi madre.

—¡Mamá!

Mi voz hace eco en toda la habitación, cojo las llaves del coche y salgo de casa. Me acerco al coche y abro la puerta del conductor, meto la llave en el contacto y arranco el motor.

Hoy mi madre se va a casar con Will, no tengo nada en contra de Will básicamente mi pelea interna es con su hijo, Dylan. Cuando llego lo que me temía ha pasado, toda la gente ya está dentro y solo falto yo.

Respiro hondo antes de abrir las puertas, empujó la puerta provocando que todos me miren. Siento como mis mejillas se tiñen de rojo, miro a mi abuela y camino hacia ella con la mirada fija en el suelo.

Me recibe con un cálido abrazo y una caricia en mi mejilla, siempre he sido su ojito derecho, eso también se debe a que soy su única nieta, mi hermano Mat es un caso aparte.

—Cariño tienes que estar allí adelante —mi abuela señala a Dylan y Will.

Hace tres años llegue a estar perdidamente enamorada de Dylan, pero él se encargo de romper mi corazón y de esparcir los pedazos por el suelo. Creía que él era diferente pero consiguió demostrarme que lo que pensaba sobre él no era verdad, de lo que si estoy segura es de que no pienso volver a enamorarme de Dylan y lo tengo decidido cuanto menos contacto tenga con él mejor.

Camino con paso ligero hacia donde están las demás damas de honor, mi tía me da un ramo de flores a juego con el de las demás. Todas vamos con el mismo vestido, no es que me encante pero lo eligió mi madre y no podía quejarme.

Dylan se pone enfrente de mí junto con su tío y sus primos, mi madre aún no ha llegado a la iglesia y lo irónico es que se han marchado sin mí, dejándome tirada en casa.

—Ya te vale llegar tarde —miro a mi tía confusa.

—Mi madre me dejo tirada en casa, he tenido que coger mi coche y venir yo sola.

—Propio de mi hermana, el día de su boda con los nervios se olvidaría hasta de ella misma.

Miro a mi tía y empiezo a reír, Dylan me mira durante unos segundos pero pronto aparta la vista.

—Es odioso —espeto.

—Pórtate bien con él, vais a ser hermanos.

—Hermanastros —recalco.

—¡Hay está! —grita alguien entre la multitud.

Todos miramos hacia la puerta y hay está, mi madre luce un vestido de encaje blanco con un velo kilométrico. La típica música de las bodas comienza a sonar, mi madre pasa cogida del brazo de mi abuelo.

Cuando llega junto a Will, ella coge sus manos y sonríe. Nunca había visto a mi madre tan feliz desde la muerte de mi padre, se supone que yo también tendría que estarlo, pero tener que convivir con Dylan no me gusta. El cura lee todos sus votos, hasta que llega la pregunta final.

Simplemente Dylan¡Lee esta historia GRATIS!