—Bah, yo tengo mis papas.—Intenté molestarla pero ella no pareció inmutarse.

—Disfrútalas.—Respondió Miriam con una sonrisa.

Apreté la mandíbula molesta y estuve a punto de hablar cuando el canal terminó de transmitir un último comercial sobre pies antes de comenzar con la película. Hazel Grace de Bajo la misma estrella apareció en la pantalla y observé un instante los cables que colgaban de su lindo rostro antes de volverme hacia Miriam con el ceño fruncido.

—No es justo, yo—

—Shhhh.—Interrumpió mi hermana, saboreando sus snacks.—Sea lo que sea que tengas para decirme, ambas sabemos que uno,—Me mostró el dedo índice manchado de naranja,—Yo te ganaré diciendo que te mereces no comer Doritos por dejarme limpiando tu desastre cuando al menos deberías haberme ayudado,—Pensé en defenderme pero ella elevó otro dedo junto al índice,—Dos. Se supone que quieres ver la película y si empezamos a discutir terminarás por perderte al menos quince minutos.

—Pero si–¡Ay!—Intenté hablar pero Miriam me tiró un Dorito en la cabeza. La fulminé con la mirada antes de tomarlo y mostrárselo,—Ja, ya tengo uno, lista.—Respondí con aire suficiente y llevé el snack a mi boca.

Ella volteó los ojos y ambas nos enfocamos en la película mientras que de vez en cuando nos tirábamos  frituras a la cabeza, las cuales terminábamos comiéndonos y luego nos reíamos de nosotras mismas.

En la televisión, Hazel fue a buscar a August a un estacionamiento en medio de la noche. Él tiene una herida infectada y ella llama a emergencias. Ya dentro de la ambulancia, Hazel se queda con él y ayuda a August en aquel momento tan difícil y exasperante. Sonreí como boba apreciando aquella escena mientras Hazel Grace le cuenta una historia a August Waters para hacerlo sentir mejor.

—Regla siete.—Susurré.

—¿Qué dices?—Habló Miriam con comida en la boca y yo le di con una papa en la frente mientras denoté una mueca de asco hasta que ella se tragó sus snacks.—¿Qué es eso de regla siete?

—Ah, bueno.—Recorrí los bordes del tazón con mi dedo,—Nada especial, hace meses hice una lista de reglas por diversión.

—Ajá.—Respondió mi hermana y se formó un largo silencio entre ambas,—¡¿Y qué más?!—Preguntó impaciente.

—No te lo diré.

—¿Por qué no?

—Porque es algo personal y vergonzoso.—Admití viendo la película.

—Te oigo cantar en la ducha cuando tú crees que no se escucha.—La vi boquiabierta y ella se encogió de hombros,—¿Qué puede ser más vergonzoso que eso? Vamos, cuéntame.

—No lo haré.—Finalicé, ignorando sus suplicas.

—Te daré los Doritos directo del tazón.—Ofreció Miriam, acercando sus snacks y su delicioso aroma invadió mi nariz.

Dudé un poco mientras ella movía el tazón en círculos a pocos centímetros de mí, intentando comprarme con los Doritos.

—Vamos Mel, sabemos que quieres comernos, no puedes resistirte a nuestra provocativa forma y textura, sin mencionar el sabor.—Pronunció Miriam con voz cómica, haciendo hablar a los Doritos, intentando que estos me seduzcan.

10 reglas para enamorarse [Pausada temporalmente]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora