Capítulo 15

845K 39.4K 11.7K

NOAH


—Esta cabreadísimo—me dijo Jenna segundos después de que Nicholas saliera dando un portazo de la cocina.

Me había impactado volver a verle, durante aquellos cuatro días había conseguido olvidarme más o menos de lo que había ocasionado en las carreras y sobre todo había intentado evitar pensar en él, puesto que cada vez que lo hacía sentía un nudo extraño y desagradable en la boca del estómago. Era consciente de que había hecho que perdiera su tesoro más valioso, su coche según Jenna, y también era consciente de que nos podrían haber matado aquella noche, pero no era totalmente culpa mía. Nicholas me había invitado a ir aquellas carreras, de no haber sido por él yo nunca habría ido y menos con un amigo suyo, y además el delincuente de Ronnie me había engañado, me había hecho creer que podía competir con él, que quería que compitiera con él y al ver que le vencía en la carrera se había aprovechando de aquellas estúpidas normas y se había quedado con los quince mil dólares y el coche de Nick.

Sabía que iban a tener que pasar días, meses, años, para que el niño rico me perdonara y olvidara lo que había perdido, y la verdad, después de meditarlo durante mi tiempo libre, había llegado a la conclusión de que se merecía haber perdido el coche. Nicholas Leister era un creído y un prepotente, capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que le diera la gana, y mira por donde, por una vez le había salido el tiro por la culata.

Con aquellos pensamientos en mente y otros mucho más dolorosos y difíciles de llevar había pasado aquellos días en esa casa a la que intentaba acostumbrarme y a cuyos lujos aún me costaba asimilar y disfrutar. Lo malo en realidad y la causa de mi mal humor y tristeza constante era saber que mi ex novio me había puesto los cuernos a lo grande, y eso no era lo peor sino las miles de llamadas y mensajes que no cesaba de mandarme a mi teléfono con la intensión de que le perdonara y que volviéramos a estar juntos.

Cada vez que mi teléfono sonaba mi corazón dejaba de latir para después hacerme daño con cada latido lento y doloroso. En todas las horas que había estado tomando el sol había comprendido que todo lo que me ataba a mi cuidad, a mi hogar se había roto para siempre y haber llegado a aquella conclusión me dolía más que cualquier otra cosa. Mi mejor amiga había decidido arriesgar nuestra amistad por un chico, mi chico, y encima él tenía la desfachatez de querer que le perdonase. ¡Estaba mal de la cabeza!

En la vida volvería a hablar con ninguno de ellos dos, en la vida volvería a ser tan estúpida como para caer rendida a los pies de un chico; los hombres ya me habían dado suficientes palos y encima ahora me tocaba convivir con un tío atractivo y gilipollas, con una vida paralela que nadie con un poco de sentido común querría siquiera oler de cerca.

—Que se dé una ducha fría—le contesté a mi nueva a miga Jenna, lo único bueno que había sacado de aquella noche desastrosa, y cuya alegría y sentido del humor me habían hecho aquellos días más llevaderos. Jenna me había contado que conocía a Nicholas desde que era una cría; y por tanto lo conocía mucho mejor que cualquier persona de por allí.

Según ella mi nuevo hermanastro era un mujeriego de pies a cabeza, lo único que le interesaba era salir de fiesta, beber, divertirse, tirarse a cuantas tías se le pusieran delante y ganarle a Ronnie todas las veces que hiciesen falta para demostrarle que quien llevaba la voz cantante en aquel mundo de la noche era él.

Nada de lo que me había confesado me había sorprendido, salvo una cosa, y ni ella sabía demasiado al respecto. Jenna me había confesado que cuando Nicholas tenía dieciocho años se había ido de casa de su padre y durante un año y medio había estado viviendo en los barrios bajos, en casa de Lion y metiéndose en millones de líos. De ahí que conociera a tantos macarras y de ahí que se hubiera metido en todo aquel mundo en el que se encontraba sumido hasta los pies. Lion era una de esas amistades que desde entonces le duraban.

Culpa mía © (1)¡Lee esta historia GRATIS!