Capítulo 24 - Desilusión (En edición)

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En aquel momento no tuve ni un segundo para pensar, no tuve ni un segundo para reaccionar y comenzar a correr. Porque las personas se mueven rápido, más de lo que uno cree.

Los millones de flashes tanto de las cámaras de los reporteros como de los fanáticos, me cegaron. No sé exactamente por qué, pero no podía escuchar nada, tal vez me vino un ataque de pánico, siendo sincera no recuerdo con exactitud lo que sucedió. Fue como un sueño, un mal sueño, una pesadilla.

Cuando mis pies volvieron a tocar suelo firme me estremecí por el frio suelo. Cómo si el sentimiento del frio no fuera suficiente, bajé la mirada para cerciorarme de que una de mis Vans no estaba en su lugar. Casi comienzo a quejarme, porque era mi par favorito de zapatos.

Estábamos en una habitación pequeña, diminuta en verdad. No tenía idea de que servía esa habitación en un aeropuerto, tal vez para aprisionar a personas sospechosas de contrabando.

No podía pensar con demasiada claridad por los anteriores sucesos. Mi cuerpo comenzó a doler, y entonces recordé cómo algunas personas me golpeaban. Uno no puede llegar a pensar en cuan salvajes pueden ser las personas... incluso tengo una imagen de a la pequeña asiática dándome un puntapié.

Si no fuera porque Zack estaba allí, posiblemente aún estaría allí, en el medio de la selva. La pequeña habitación no tenía ventanas, solo una pequeña puerta. Zack estaba allí parado al lado de ella, quieto como roca, aunque no tan cerio cómo allá fuera estaba.

Quise abrazarlo y nunca más soltarlo, porque aunque diera miedo, me había salvado. Me sentí como caperucita roja cuando el leñador la salva del lobo. Las fanáticas y fotógrafos eran el lobo en este caso o... cientos de lobos.

Agradecí internamente que Zack no me hablara, porque no podría soportar abrir la boca sin comenzar a llorar como una niña pequeña. No estaba segura si por el dolor, el acontecimiento en sí, el estrés, o lo que mi cerebro aún no procesaba: lo que todo esto significaba.

En la pequeña habitación había una estantería con unas cuantas cajas, una mesa y tres sillas, me recordó a las habitaciones de interrogatorio de las comisarías, esas que hay en la televisión en las películas o series policiales.

Me senté en una de las sillas levantando el pie descalzo y escondiéndolo debajo de mi otra pierna para que esta lo calentara. Zack me observó y se mantuvo en silencio.

Quise decir algo, pero primero que nada no sabía qué decir y segundo no podía hablar sin comenzar a llorar. El nudo de mi garganta se intensificaba cada vez más. Para peor, no creo que si comenzara a llorar solamente soltaré algunas lágrimas, de seguro que hipare y gemiré.

- El jet privado del señor Marchese partió hace quince minutos.

Entonces las ganas de llorar incrementaron, de una manera que no creía que fuera posible. En serio me sentí patética. ¿Qué pensaba? ¿Esperaba a Liam con los brazos abiertos?

No. Esto no es una maldita película rosa, en donde cuando la chica va a buscarlo él está a punto de subir al avión y ella llega en el momento exacto. No, eso no sucede en la vida real.

Y entonces me importó un carajo quién me viera llorar, me importó un carajo gemir o hipar porque de una forma ya era patética. William se estaba dirigiendo al otro lado del país ahora mismo.

¿Por qué la vida no podía ser tan simple como en las películas?

~°~

Nos dirigíamos a la boca del lobo, y si Zack ya me había salvado una vez, que lo hiciera una segunda lo convertía mas en un superhéroe que en un leñador.

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