3. ¿Estoy gorda?

971 40 1

Un día más en este infierno, mi cabeza retumba por el dolor y la necesidad de dormir ya que anoche no logré hacerlo, ya que mi mamá y su pretendiente habían peleado y desde mi habitación podía escuchar platos o vidrios quebrarse, había escuchado un golpe sordo y después maldiciones que me hicieron saber que el hombre había golpeado a mi madre ¿Por qué no fui y la defendí? Esa es la pregunta que me hago siempre.

Miedo, sientes miedo de lo que te puedan hacer. Porque eres una insignificante chica que pueden empujar y zarandear como una muñeca. Demasiado débil para ser real.

Tan débil como una hoja que cae de un árbol, al principio siente que encaja con las demás verdes y hermosas hojas pero con el tiempo eres botada para que otra tome tu lugar. Y esa débil hoja cae al ritmo del viento rozando suavemente el suelo y marchitándose rápidamente, sin que a alguien le importe.

Salir de la cama es difícil y doloroso. Todo mi cuerpo duele, mis brazos se sienten como dos pesadas rocas, no me doy cuenta del porqué hasta que llego frente al espejo y veo un moretón con forma de mano, ahí, donde el amante de mi madre había ejercido tanta fuerza.

Una decoración para esa blanca piel que está pintada por líneas violetas.

Me desvisto y nuevamente veo mi reflejo, como cada mañana lo hago. Soy como una rosa muerta; que aunque la belleza se haya ido volando con el viento las espinas quedan y dañan y hacen sufrir a las personas que me tocan.

***

De nuevo me encuentro frente al colegio, sus altas paredes rojas lo hacen lucir infernal, es imponente, misterioso y tenebroso; dentro de él hay muchos demonios que atacaran sin piedad.

Camino sola como siempre lo hago, escuchando las voces de los demás, algunos cuchichean tratando de mantener la imagen de personas buenas, otras gritan a todo pulmón lo mucho que me odian, esos son los demonios.

Jezabel, parece que no solo tú madre odia tu existencia. Deberías agradecerle a Dios que estamos aquí para ti.

¿Dios? Si un Dios todo Poderoso existe quiero que me dé una señal de porque tengo esta vida, si yo nunca hice nada malo ¿Qué maldad puede hacer una adolescente de 16 años, una niña con miedo de la vida? ¿Acaso una pequeña persona atemorizada por los que la rodean puede hacer algo malo? Quiero una explicación del porqué me tocó está vida. Así que si existe un Dios quiero que me haga ser feliz una vez en mi vida. Eso es todo lo que pido un poco de felicidad en medio de está amargura.

Estaba en el infierno y obviamente tenían que existir demonios, pero este es el más grande, el más poderoso, el que se esconde debajo de su rostro de niño bueno y su ropa costosa pero dentro de él, su alma está podrida -Jesi, suicida bella -dice Damián y acaricia mi rostro -Si no fueras una maldita depresiva te haría mía -ignoro lo que dice y veo al chico pálido del día anterior, está con ellos, con los demonios -¿Por qué no nos cuentas una historia? Una que empiece con una chica depresiva y que tenga un final feliz. Un final donde la protagonista muere, un final feliz para los demás ¿Quién dice que los finales felices son solo para los personajes principales? Felicidad para los restantes que quedamos alegres porque la suicida al fin se murió y se llevó con ella la nube negra -Golpea suavemente mi mejilla y sonríe -Alaric -llama al chico de tez blanca, se acerca y sus ojos se clavan en mí -¿Quieres ver algo patético? -El chico no deja de mirarme su ojos brillan con ¿Admiración? Damián no deja que el tal Alaric responda.

Toma mis brazos con violencia y empuja las mangas de mi camisa hacia arriba, dejando al descubrierto mis cicatrices y junto a ello el hematoma de mi muñeca, el chico quita la mirada de mis ojos y la pasa a ese pedazo de piel expuesto, Damián ríe y sus amigos hacen lo mismo, son como monos imitando a su dueño.

Cicatrices¡Lee esta historia GRATIS!