Lavandería .

26 1 0
                                        

Caminaba apurada hacia una marea de personas para poder llegar a retirar todos los pedidos que me encargó mi jefe a tiempo, corria tan rápido como pude para evitar que la fila que había para la lavandería no se hiciera más larga de la que ya era.
Me había encargado retirar unas prendas de uso diario de el y dejarlas en su casa, obviamente como su secretaria y asistente acepté hacerlo y le indique que lo haría antes del horario de trabajo.
Estamos a dos semanas de navidad, no sé por qué se me ocurrió decirle que lo tendré antes del horario del trabajo, todas las tiendas están llenas, hasta antes de que abrieran algunas ya tienen al menos 5 personas esperando fuera del local.
Llegué medianamente bien, digo esto ya había 10 personas en la fila, pero en una lavandería la fila se mueve más rápido por qué lo único que haces es dejar o retirar sus prendas.
Al fin llega mi turno, al menos me quedaba 30 minutos para ir manejando hasta la casa de mi jefe y dejarle el encargo y regresar a la oficina, cuando llega mi turno la empleada me pide el nombre de la reserva (estaba a nombre de el) y el número de identificación, esto último no lo tenía, le expliqué a la empleada sobre la situación, incluso le mostré mi tarjeta de acceso a la compañía para tener un poco más de veracidad y se negó a darme las prendas sin ese número.
Llamé a mi jefe por lo menos 5 veces todas me daban al buzón de voz, solo faltaban 10 min para ingresar al trabajo, debía de pensar rápido, fue ahí cuando me acordé que había alguien que me podía ayudar lo llame, respondió muy somnoliento a mi pedido de ayuda pero por suerte me envió por mail el número de identificación del jefe y me preguntó dónde me encontraba le conté dónde estaba y mi apuro para cumplir con mis demás encargos, cortó el teléfono sin despedirse.
Entré de nuevo a la lavandería, la empleada me había indicado que cuando lo tenga que directamente ingresé de nuevo y pida hablar con ella, así lo hice y me desocupe bastante rápido, ahora debía correr hasta la tienda de café y comprar el café doble con crema que desayunaba.
Cuando quise abrir la puerta de mi auto sentí una presencia en mi espalda, me di vuelta rápido y asustada era mi compañero con el que momentos antes habíamos hablado por teléfono, sorprendida le pregunté cómo estaba y me respondió que venía a ayudarme, abrió la puerta del auto del lado de acompañante y entró, no tenía tiempo que perder así que me subí puse las llaves del auto y antes de arrancar puso su mano sobre mi pierna, me quedé helada.

- Buenos días - dijo con una voz más dulce y que hizo que mi corazón se sobresaltara.
- Buenos días - respondí confundida debido a que habíamos ya nos habíamos saludado.

Se acercó y me besó en la mejilla, no sabía cómo responder, me quede tranquila y encendí el auto, no podía creer lo que estaba sucediendo, porqué ahora?. Antes de que saque el freno de mano me volvió a besar en la mejilla pero fue un beso que duró más tiempo, comencé a sentir que mi sangre recorría más rápido mi cuerpo, mis manos deseaban tocar sus hombros y bajar por su espalda. Me dejó de besar, nos miramos y sin dudarlo comenzamos a besarnos tan frenéticamente que me olvidé que estábamos a plana luz del día y dónde estábamos. Sin dejar de besarlo me pase a su asiento sentándome arriba de el, sus manos tocaban mi espalda y bajaban hasta mi trasero que lo apretaba con fuerza y volvían a subir.
Perdimos la noción del tiempo, ya un poco menos eufóricos conduci hasta la oficina para dejar el encargo en recepción, avise que no me sentía muy bien y debía ir a un médico, el previamente había llamado a su supervisor de área y le dijo más o menos lo mismo, trabajábamos en un edificio de 15 pisos pero solamente los primeros 8 eran utilizados como oficinas los demás eran destinados a depósito. Entre en el ascensor y estaba el, tocó el botón indicando el piso 10, se cerraron las puertas y volvimos a besarnos, esta vez lo hacíamos tocandonos aún más, sus manos no se detenían solo en mi trasero, ahora también tocaba mis pechos, mis manos no podían dejar de apretar su espalda y hombros tan perfectos, el ascensor se detuvo en el el piso indicado bajamos y continuamos nuestro manoseo en el depósito, tenía cámaras pero no funcionaban hace algún tiempo.
Me levantó y mis piernas rodearon su cintura y me llevo hasta unas cajas que había como a la mitad, me bajó mi pantalón y comenzó a tocarme suavemente, sentía como sus dedos acariciaban mi vagina, deslice mi mano por dentro de su pantalón, toqué su pene firme y caliente, movía mi mano de arriba a abajo con un ritmo firme, de seguía besándome y tocándole, me desprendi la camisa, el se sacó la remera, ví lo hermoso que era, lo perfecto de sus pectorales, era una escena de modelo de revista, tenía el torso desnudo y el pantalón semi bajado. Ya con mi pantalón por el piso junto al suyo comenzó a penetrarme, primero lo hicimos sobre las cajas, después se aparto de mi con una mirada de ganas, me arrodille y le di sexo oral, mientras su miembro entraba y salía de mi boca lo miraba, podía ver sus ojos que se hacían para arriba y su respiración cada vez era más agitada, me detuve, volví a besarlo en los labios y lentamente fuimos hacia el piso, me senté en su rostro y comenzó a pasarme la lengua, sentía como sus labios se movían e introducían en mi, salí y me senté sobre su pelvis, moviendo solo mis caderas rápido, comenzó a transpirar aún más, no dejaba de tocar mis pezones, me los pellizcaba y lamía. Sentí como el éxtasis y la adrenalina recorrían mi cuerpo, tuve el mejor orgasmo de mi vida, fue una sensación que le paralizó por completa, al abrir los ojos ví a mi compañero en igual situación, con los ojos cerrados y agitado, habíamos acabado juntos.
Me levanté, comencé a recoger mi ropa, me dirigí al baño para poder limpiarme, en lo que escucho su voz.

- Porqué esperamos tanto?

Me mire al espejo y caí en lo que había pasado, había tenido sexo con el chico de la oficina, con mi compañero de trabajo el cual cuando ingresé me parecía tan soberbio y vanidoso pero a medida que pasó el tiempo nos llevábamos mejor y teníamos una muy buena relación de colegas.
En silencio salí del baño, el ya estaba vestido, sin mirarlo ni respondiendo a su pregunta me dirigí al ascensor, me tomo de la mano frenando de mi escapada.

- No te vayas aún - me dijo con una voz suplicando y haciendo que me vuelva y terminara la abrazados.

- No sé que pasó . - respondí mientras mi cara se hundía en su pecho.

- Tuvimos sexo, el mejor sexo de oficina - me respondió provocando una coloración aún más roja en mi rostro.

- Creo... - me interrumpió.

- Creo que deberíamos salir, conocernos fuera de este edificio y seguir teniendo sexo.

Y así lo hicimos por un largo tiempo, la empresa no permitía relaciones entre empleados pero lo nuestro no era una relación en si, la pasábamos bien cuando salíamos y teníamos sexo esporádico, todos sabían en la oficina de nuestra "relación" pero nadie decía nada.
Pasamos 1 año de esta manera, no había celos, ni compromisos solo amigos que tenían sexo, para mí era excelente y sentía que para el no.
Estábamos en la fiesta de fin de año de nuestra empresa, habíamos tomado un montón bailabamos ya se acercaba al final y sabíamos que nos iríamos juntos luego.

-Te amo - me dijo - me haces tan feliz.

Tragué saliva en seco todo el alcohol que había tomado desapareció, en todo este tiempo nunca plantee la posibilidad de que generemos este tipo de sentimientos debido a que yo veía como el se encontraba en la vereda del edificio con otras mujeres e incluso con otras compañeras de trabajo.

- No podés ignorar que te amo - repitió.

- Estás seguro? - le pregunté incrédula.

- Nunca estuve tan seguro de algo, quiero estar con vos y nadie más.

Lo abrace y le dije que hablemos mañana no me sentía muy bien y que me disculpe, salí del salón con mis zapatos en la mano, buscando mi auto, me siguió, tuvimos sexo en el asiento de atrás, se quedó dormido y conduje hasta su casa, lo desperté me dijo que no quería entrar y decirle a su esposa que la mujer que lo dejaba en su puerta era la razón por la cual le había pedido el divorcio esa mañana.
No sabía que era casado, no había preguntado tampoco, mis tripas se revolvieron ante esa declaración y me sentí sucia y pecaminosa, nunca había estado con un hombre casado, y ahora había mantenido una relación de un año con uno. Le pregunté dónde quería que lo dejara, me respondió si podía quedarse conmigo por un tiempo.
Y así se quedó conmigo para toda la vida, hoy luego de 30 años juntos mi compañero de oficina murió, fuimos muy felices, tuvimos dos hermosos hijos y no me arrepiento de haberle indicado ese día la dirección de la lavandería.

**********************************
Dedicado G.T., deja de entrar a mis sueños.

Mi DiarioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora