Capítulo 27

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La función especial de Noche Vieja fue todo un éxito. El público abarrotado en el Gran Teatro Nacional aplaudió hasta que las manos dolieron. Había sido difícil obtener entradas, pues el elegante edificio colonial, con sus vastos corredores abiertos, sus balcones, su iluminación brillantísima y bellísima decoración presentaba las mejores óperas y era la cita esperada de todas las familias, pero gracias al señor Joaquín lo habían logrado. Ver Cleopatra, opera del gran compositor mexicano Melesio Morales, todos juntos, justamente ese día, era invaluable.

Vestidos con suntuosos trajes, algunos de ellos hechos a mano por la ya famosa costurera Paula Valdez (mejor conocida en esta historia como la Sra. Paula, mamá de nuestra querida María del Carmen) tomaron asiento en los coches que los llevarían hasta la 2nda Calle de la Independencia número 6 ½, a la casona que los esperaba engalanada para la ocasión.

Los pasajeros se instalaron en el gran salón principal en donde fueron agasajados con champaña traída directamente de Francia. Con el sonido del vals Carmen, de Juventino Rosas, reproduciéndose como música de fondo a través del recién estrenado gramófono, la señora Catherine Madeleine Laroche, tomó su copa, y levantándola se dirigió a la asamblea (en francés, traducida enseguida por su hijo Meurice, con la ayuda de Constanza, aunque, por cuestiones prácticas, como ya es costumbre, transcribiremos directamente su discurso al español):

-     Quiero brindar por la señorita María del Carmen. Porque tuvo la valentía de terminar la relación con mi hijo haciéndole ver lo importante que es la familia. Abandonó su amor por salvar los sueños de Meurice. Él, que estaba dispuesto a dejarlo todo, por estar con su amada.

        No niego que la primera carta me desconcertó y que no me esperaba una noticia así tan pronto. Pero luego vino una segunda, tercera y cuarta, contándome lo desconsolado que estaba por la decisión de María del Carmen de dejarlo. Sé que se conocen solamente desde hace algunos meses, pero estoy segura que un amor como el de ellos no se da todos los días. Ver a mi hijo sufrir así no entra dentro de mis planes de vida. México nos ha abierto las puertas desde hace ya muchos años. Ha recibido a nuestros retoños y les ha dado todo. ¿Por qué mi hijo no podría enamorarse de una joven nacida en este maravilloso país? ¿En dónde está escrito que solamente puede casarse con una Barcelonette? Yo hoy, brindo por ellos, y junto con mi esposo, aquí presente, les damos nuestra bendición. Sabemos que la señora Paula lo hizo desde un principio y se lo agradecemos. Y pedimos una disculpa por las penas causadas por unas ideas tan arraigadas y obsoletas. Ya paro de hablar. ¡Salud, por los enamorados! ¡Y porque el año 1897 traiga cosas maravillosas para cada uno de ustedes!

-      ¡Salud! Contestaron todos al unísono, al tiempo que bebían un trago del delicioso champán.

-    Y, gracias señores Laroche – agregó María del Carmen, mirando de reojo a Meurice. Su presencia aquí me hace confirmar el amor que siento por su hijo. Porque sin ustedes esta historia para mí no tendría ningún sentido. Somos jóvenes, y nos queda mucho por aprender y descubrir, pero definitivamente no era una opción hacerlo sin nuestras familias. Tengo la gran dicha de tener en mi madre a una compañera y cómplice – dijo, mirándola con cariño- y no me imagino avanzar en la vida sin ella, así es que gracias por estar al lado de Meurice, de todo corazón.

Al escuchar a María del Carmen, Constanza no pudo evitar pensar en su madre y en lo mucho que le hubiera gustado que estuviera allí en ese momento. Tomó la mano de su padre y la apretó suavecito. Parecía increíble que una tragedia tan grande había acabado por unirlos. Los tres meses transcurridos desde la muerte de Rosario la habían hecho crecer en tantos sentidos... Ella también tenía algo por lo que dar gracias. Y, aunque sabía que no podría hacerlo en público, lo había hecho en privado, antes de acudir al teatro, mientras se ponía su delicado vestido de fiesta en casa de su padre, frente a Luciana, su compañera de la Escuela Normal de Profesoras.

-       Soy tan afortunada – le dijo – No tienes idea como le agradezco a la vida el haberte conocido. Eres todo lo que esperaba, y más. Me encantaría gritarle al mundo lo que siento...

-      Olvídate del mundo – contestó Luciana, acercándose a ella. Lo importante somos tú y yo. El mundo no está preparado para nosotras. Pero eso es lo de menos. No sabes todo lo que he sufrido pensando que tenía un problema, que estaba demente, o tenía alguna grave enfermedad. Conocerte a ti y a la doctora Montoya ha sido lo mejor que me ha pasado y por lo pronto con eso me conformo. Cuando menos me lo esperaba apareciste. Tú y tus hermosos ojos verdes, tu carita de muñeca, y ese carácter que tanto me gusta. Gracias Constanza, por ser. Eso es todo lo que cuenta para mí, le dijo, besándola tiernamente.

-        Tienes razón. Espero que algún día las cosas cambien y las mujeres puedan al fin hacer de su vida lo que mejor les parezca, puedan todas ser respetadas por sus familias, por sus parejas. Puedan tener profesiones, ser escuchadas. ¿Quién sabe? Se permite soñar... Ahora mismo, mientras estés a mi lado, no necesito más, aunque sólo seas para todos mi nueva amiga, Luciana.

En efecto, así la había presentado y ahí, admirándola en la fiesta, se sentía plena, y feliz, al igual que María del Carmen, que admirando a Meurice, no podía creer su suerte. Se acercó a él y le dijo, bajito, para que nadie escuchara:

-         Te espero en el patio en dos minutos, quiero enseñarte algo.

Dicho esto, salió apresurada a esperar a su amado. Meurice, sin comprender nada, salió unos momentos después y la alcanzó en el patio.

-         ¡Ven! - exclamó Maricarmen, tomándolo de la mano, emocionada - sígueme.

Lo llevó hacia las escaleras del fondo y subió hasta la azotea casi corriendo. Abrió la reja y lo dejó pasar.

-       ¿Ves esto? Aquí estaba el día del grito cuando viniste a buscarme, pensando en nosotros, en nuestra vida, y en como no quería que dejaras tus sueños por mi. Aquí decidí dejarte, y ahora estoy contigo otra vez, y soy tan feliz...

-        Je t'aime tellement – le dijo él, atrayéndola hacia su pecho. Los meses sin ti no tenían sentido. Gracias por abrirme los ojos, por enseñarme a luchar. Tenerte a ti, y a mi familia juntos es mi mejor regalo para el año que empieza y agradezco a la vida por eso.

-      Y yo le agradezco por esta casa que me ha cambiado la vida. Gracias a la Agencia te conocí, conocí a Constanza y he aprendido y crecido tanto. En mil ochocientos noventa y siete quisiera seguir teniendo junto a mi a la gente maravillosa a la que amo tanto, seguir trabajando y sobretodo – dijo con voz pícara – seguir saludándote. Porque, saludarte para mi significa viajar juntos a sitios insospechados y descubrirlos contigo es lo que más me gusta en la vida, ¿lo sabes, verdad?

-      Lo sé mon ange, viajar contigo es mi actividad favorita igualmente y, sus deseos son órdenes señorita. ¿Este saludo te gusta? preguntó, dándole un besito en la nariz, o mejor así - dijo, uniendo sus labios a los de María del Carmen, encendiendo así los quemadores tan intensamente que el aire a su alrededor se calentó enseguida, provocando un despegue inmediato. La temperatura interna fue incrementando, haciéndolos flotar cada vez más hasta que, en unos minutos, alcanzaron la altura deseada encontrando el punto de equilibrio perfecto para comenzar las maniobras, y desplazarse así suavemente alrededor de la osa mayor.

-      ¿Qué es eso? - dijo Meurice, separándose de pronto de María del Carmen, - ¡mira a nuestro alrededor! Ya debe ser Año Nuevo...

María del Carmen volteó sin muchas ganas, sólo para darse cuenta, maravillada, de que estaban rodeados de decenas de globos aerostáticos multicolores que flotaban tranquilamente en el cielo estrellado de la Ciudad de México, siendo testigos de su gran amor.

Bueno, ya, la verdad es que en ese preciso instante, en el cielo estrellado de la Ciudad de México flotaba únicamente un globo, que en su barquilla de mimbre llevaba como pasajeros exclusivos a nuestra querida pareja de enamorados, pero, en reunión extraordinaria, los miembros de la junta directiva de la redacción, por unanimidad, decidimos que decir que había decenas de globos era una forma más romántica y espectacular de dar por terminada nuestra historia, así es que...

Voilà, se acabó.

NOTA DE LA AUTORA: Todos los personajes, a excepción de la Doctora Matilde Montoya, el general Porfirio Díaz y su esposa, Carmen Romero Rubio, son completamente imaginarios. Todas las calles, parques, canales, establecimientos públicos, hospitales, comercios, restaurantes, teatros, pueblos y otros lugares mencionados a través de la novela existen o existieron realmente. Los eventos y sus sedes son casi en su totalidad, verídicos y las fechas exactas.

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