6| Planes.

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Cap. 6| Planes.

POV: Killiam.

Hablar con Alma ayer luego de que me permitiera ayudarla como me fuera posible para que vuelva a ser aunque sea la mitad de lo feliz que era antes, fue subir un perdaño más del escalón.

Comenzamos hablando cosas simples, ya que en lugar de verme como a la persona que le pagan para sacarla del pozo debe verme como su amigo, eso es lo que necesita, un amigo, confidente y con quien ser ella misma sin necesidad de fingir.

Como dice ella, soy algo confianzudo en ocasiones, por eso me presto a mi mismo para ser ese empujón que la saque de la oscuridad.

Traté de manera sutil saber como fue que se dieron las cosas el día del trágico accidente, pero nunca ha hablado con alguien sobre eso, ni con sus psicólogos anteriores, ni con su tía como tengo entendido.

Obviamente, su tía sabe como sucedieron las cosas, pero nunca ha escuchado de los labios de su sobrina salir algún hecho de ese día, la única vez que Alma habló de lo sucedido fue cuando los policías le hicieron preguntas, ese mismo día. Ella también estuvo en el accidente; y creo, no, estoy seguro que haberlo vivo en carne propia es lo que le ha afectado tanto.

Sé que necesita tiempo para que pueda hablar sobre lo sucedido y sobre sus emociones abiertamente.

Por eso, estoy enfocado en la fase uno: que me considere un buen amigo para ella.

—¿Cuándo fue la última vez que saliste con algún amigo o amiga?—le pregunto.

Ella está recostada del sillón grande, mientras yo estoy a su lado en el sillón pequeño.

—No tengo amigos, ni amigas—dice—Sin embargo, sí tengo conocidos.

—Bien... ¿Cuánto tiempo es que no sales con alguno de tus conocidos?—reformulo la pregunta.

—Creo que desde los 17 no salgo con alguno—responde con simpleza.

—Alma, eso es mucho tiempo sin socializar con personas de tu edad—digo con el ceño ligeramente fruncido.

Ella se encoje de hombros.

—No es como que me guste salir mucho, en ocasiones—dice—Además hablo contigo unas tres horas, ese es un avance ¿no?

Asiento.

—Lo es, pero no te debes limitar, no hay un límite de personas para conocer—digo—Además de que hablamos más de psicólogo a paciente, que de amigo a amiga.

Exhala.

—Bueno, no soy muy sociable. A menos que la otra persona no sea parlanchina y confianzuda como tú, me será más forzoso seguir o entablar un tema de conversación.

—¿Ahora también soy parlanchin?—alzo una ceja.

Asiente con una media sonrisa.

—Pero tranquilo, me agradas así.

Eso me hace sonreír.

—Es bueno saberlo, ya que el 90% del tiempo que pasamos juntos eres sarcástica, irónica o gruñona conmigo—digo.

Rueda los ojos aún sonriendo.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora