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Tres meses pasaron, con sus días, con sus semanas, y cada persona involucrada de corazón en la búsqueda de la verdad acerca de la explosión en el laboratorio de H&H invirtió más horas de las que la empresa podía permitirse pagar. Entre estas personas estaba David, Maurice y Peter. Muy pocos sabían de la existencia de este equipo.

-Vaya -susurró Peter sonriendo mirando algo en la pantalla del ordenador que estaba ocupando en ese momento-. Quién lo hubiera imaginado.

-Qué cosa? -preguntó David mirándolo.

-Mira esto-. Maurice y David rodaron sus sillas hasta él y observaron un video de circuito cerrado de televisión-. Logré penetrar el servidor donde se guardan estos videos.

-Es el CCTV del laboratorio?

-Sí.

-En serio? -sonrió David. Habían intentado rescatar estos videos, pero algunas cámaras simplemente habían desaparecido, y el servidor, de una manera misteriosa, se había vuelto impenetrable aún para las habilidades de Peter.

-Le pondré a mi primer hijo tu nombre -prometió Maurice riendo y Peter sólo lo miró negando. Se quedaron en silencio mientras observaban las imágenes a blanco y negro. Estaba oscuro, pero se podía observar claramente que un hombre, vestido con traje, permitía la entrada de camiones con cargamento inflamable. No era el cargamento usual para el tipo de productos que se producía allí, y eso era sospechoso.

-Tenemos la cara de ese hombre? -Peter sólo observó, como esperando el momento indicado, y congeló la imagen donde el hombre se giraba y se veía no sólo su cara, sino también la escarapela donde tenía su nombre. Aunque borroso, se podía restaurar la imagen hasta recuperar el nombre.

-Tal vez Hugh sabe quién es.

-Sí, a lo mejor.

-Ahora queda demostrar que ese sujeto introdujo este cargamento por cuenta propia, y no bajo las órdenes de Hugh -comentó Maurice, pensativo.

-Si sacamos este video a la luz, ese hombre dirá que lo hizo todo bajo la tutela de Hugh, así que antes de eso, debemos hallar la evidencia de lo contrario.

-Más trabajo -susurró Maurice y volvió a lo que hacía antes. David se puso en pie, caminó lentamente hasta la pequeña cocina y se sirvió un vaso de agua.

-He tenido una idea dando vueltas en mi cabeza desde hace días -Maurice y Peter lo miraron atento-. Estas personas hicieron todo esto para bajar el valor de las acciones y comprarlas a un muy buen precio, pero no pudieron haberlas comprado con sus propios nombres. Debieron usar testaferros-. Maurice asintió.

-Eso es verdad. Según los informes, ninguno de los nuevos socios ha aparecido con una cantidad de acciones considerable. Por el momento, pareciera que sólo se vendieran al menudeo.

-Me gustaría comprobar a cada comprador.

-Son muchos.

-Tomará un tiempo -aceptó David-. Pero imagina que encontramos a cien personas cuyos nombres fueron usados sin su consentimiento para llevar a cabo este fraude. Si tú, Peter -siguió David, señalándolo-. Si una persona como tú, que actualmente no tiene ningún bien ni fortuna, y que eres alguien que trabaja por el pan de hoy y el de mañana... si por alguna circunstancia fue engañado, y usaron tu identificación para comprar acciones en una empresa como H&H... si yo llegara hasta ti diciéndote que ahora tienes derecho a los dividendos que produzca la empresa, qué harías? -Peter sonrió.

-No lo sé -miró lejos pensativo-. Primero estaría muy enfadado porque usaron mi nombre sin mi permiso.

-Es correcto.

Dulce Renuncia (Saga Dulce No. 1)¡Lee esta historia GRATIS!