1. Culpable

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5 meses después...

Me desperté debido al calor que sentía mi cuerpo.

Mi frente estaba empapada y la sábana de mi cama se encontraba humedecida por mi propio sudor.

Sentí una mano apoyándose en mi cintura, y en mi hombro se incrustaba algo parecido al botón de una camisa.

Parpadeé varias veces antes de enfocar bien la vista y girar sobre mi espalda... solo para ver al chico de cabello negro y piel realmente pálida que ahora dormía tan tranquilamente en la misma cama que yo.

Lo moví con un dedo para así despertarlo, pero él no daba señales de vida.

Comencé a sacudirlo.

—Despierta —susurré con voz ronca—, te quedaste dormido. Es hora de irse.

Traté de incorporarme pero una mano sujetó firmemente mi cintura y se desplazó hasta llegar a mis caderas.

—¡Adam! —grité, enojada.

Él me sujetó más fuerte y me jaló a su lado de la cama.

Mi frente pegaba con la suya, podía sentir su propio sudor recorriendo mi cuerpo.

Tragué saliva.

Esta es la última vez que lo dejo dormir en mi cama, me prometí silenciosamente.

Su mano apretó ligeramente mi trasero y ronroneó algo en mi oído. Luego comenzó a subir sus manos hasta meterlas dentro de mi camiseta y se detuvo justo cuando sintió mi sujetador de encaje.

Traté de apartarlo una vez más, entonces repentinamente se acostó a horcajadas sobre mí y llevó mis manos por encima de mi cabeza, hacia la cabecera de la cama. Respiré pesadamente.

—Adam —tartamudeé, ¿quién tartamudeaba un nombre que solo tenía cuatro letras?— quítate de encima.

Abrió sus ojos lentamente, parpadeó varias veces como queriendo reconocer en dónde se encontraba y, al ver que a la que sujetaba era a mí, amplió bastante los ojos.

Pensé que se quitaría de encima rápidamente, pero ni siquiera hizo el intento de moverse un milímetro.

—Siempre supe que querías profundizar las cosas conmigo —habló de manera presumida. Sopló aire en mi cuello mientras bostezaba, e inmediatamente mi piel se erizó.

—¡Idiota! —chillé—, hubiera dejado que durmieras en la calle...

Su vista se trasladó de mi rostro, mis labios, hasta quedarse prendada en mi pecho por un largo tiempo.

Resoplé. Todos los hombres eran iguales.

—De encaje negro —suspiró— ya sabes lo que dicen de chicas que usan ropa interior negra.

Bajé la vista hacia mi pecho y noté que mi camiseta se había subido lo suficiente como para dejar ver mi sostén.

—No. ¿Qué dicen de las chicas que usan ropa interior negra? —sabía que iba a arrepentirme por seguirle la corriente.

—Dicen que van a un entierro.

—Eso no tiene sentido.

Vi la odiosa sonrisita de yo-lo-sé-todo puesta en su rostro, ¡se estaba burlando de mí!

—Van.a.un.entierro —repitió.

Lo miré confundida.

—Aiish, olvídalo. Tienes una mente demasiado inocente como para entenderlo.

Prohibido Enamorarse de Adam Walker ***PRÓXIMAMENTE EN LIBRERÍAS***Donde viven las historias. Descúbrelo ahora