2.Estoy bien

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La peor parte de mí día no es entrar al colegio o recibir lecciones; la peor parte es la hora de almuerzo, es en ese momento en el cual me doy cuenta que estoy sola y que no le agrado a nadie, en la cafetería he pasado todo tipo de vergüenzas, que van desde criticas hasta terminar con mi cabello lleno de comida o mi cara llena de alguna salsa.

Todavía recuerdo el día en el que Damián me empujo en la entrada causando que yo cayera y golpeara mi mandíbula causando a su paso una de mis miles cicatrices, ese día había sangre manchando el blanco piso de la cafetería, todos se reían nadie me ayudó, era yo contra todas esas personas.

Empujo las pesadas puertas que conectan un largo pasillo con la cafetería; camino hasta una pequeña fila que hay, el chico que está frente a mí hace cara de asco y se aleja de mí. Bajo mi mirada y toco mis muñecas.

Mira como causas asco a todas esas personas, querida Jezabel, nadie te quiere. Solo nosotras, tus consejeras. Escúchanos ¿Por qué no lo haces? Sabes que lo necesitas, ve a un baño enciérrate, aléjate del mundo y entra en el tuyo en el lugar donde todo es sangre, dolor, oscuridad y donde solo eres tú. Nadie te interrumpirá, nadie te dirá criticará. 

Lo necesito, deseo hacerlo es la única escapatoria.

Me alejo de la fila y camino rápidamente hasta unos de los baños. Al entrar cierro la puerta, a esta hora no suelen venir a los baños porque están ocupados construyendo su mundo y tratando de conseguir la preciada popularidad.

Mientras ellos consiguen popularidad y hacen amigos yo conseguiré un corte en mi piel, conseguiré serenidad y haré callar a las voces.

Saco del bolso una de las cuchillas. Brilla de lo filosa que está —un corte será rápido, solo uno— enrollo la manga de mi camisa hacia arriba dejando expuesto un pedazo de piel. Tomo aire y paso la navaja por mi piel. Un dolor punzante recorre mi cuerpo, puedo sentir como todo el peso que tenía en mis hombros desaparece y da paso al alivio, el delicioso dolor que causa un segundo corte me hace gemir.

Unas gotas de sangre caen en el lavamanos, un hilo de sangre sale de las heridas y eso me hace poner una pequeña sonrisa.

Meto mi brazo bajo el agua y el agua se torna roja al caer en mi brazo, es placentero el dolor. Envuelvo las heridas con una venda, una pequeña línea roja aparece pero yo sé que no saldrá más sangre.

Lavo mis manos y las seco en mi pantalón, envuelvo la navaja en una gruesa capa de papel higiénico y la tiro al cubo de basura, saqué mi móvil y faltaba veinte minutos para entrar.  Asi que camine hasta el jardín trasero de la escuela, donde normalmente pasaba el tiempo libre, aquí lo suelen venir los estudiantes, este es el lugar llamado “El escape de los ignorados” algunos vienen a leer o a hacer trabajos, otros como yo venimos a buscar un escape de la monotonía. Me siento debajo de un árbol, saco mi móvil y los auriculares. Busco mi canción favorita esa que me describe.

Who you are –Jessie J

Escuchando está canción empiezo a pensar, muchas cosas. Una de ellas si algún día llegaré a tener un chico que me quiera con todo este pasado que cargo, con todos los problemas que tengo. Pero si este chico no va a amar todos mis demonios entonces que no traté de sacarme de mi infierno, porque no podrá, es casi imposible soy adicta a esto, es como una droga; como la cocaína para el drogadicto, como el alcohol para el borracho, como el cigarro para el fumador.     

Escucho la sirena sonar, las clases comienzan de nuevo y ahora vamos a educación física, yo nunca hago ejercicio, porque eso sería tener que enseñar mis piernas y no puedo. Así que hago que la alcohólica me firme un permiso para no hacer deportes. Por lo tanto esta hora la tengo libre y me quedaré aquí donde estoy, donde siento el aire fresco rozar mis mejillas, donde las hojas caen haciendo una danza hasta suavemente rozar el suelo, las mariposas vuelan libres mostrando sus colores que contrastan con los colores de la naturaleza.

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