Prefacio

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La luna, tímida y asustadiza, se oculta tras la bruma para no ver el cruel escenario que se extiende a sus pies.

No hay aves nocturnas... ni insectos ni culebras. El aire está cargado. Huele a miedo, dolor, sangre, muerte y mar.

René camina errante entre cientos de cuerpos que se aglomeran en el suelo. Avanza con pasos lentos, pues sus pueriles botas se pegan entre los charcos.

Alza la vista. Más allá de la línea que recorta el horizonte, se intuyen los primeros rayos de sol.

Cuando el Astro Rey avance hacia el oeste, iluminará cada cadáver, las heridas en los cuerpos y la hierba verde teñida con tonos ocres.

Bajarán las alimañas en busca de alimento y tan solo quedará el olor de la podredumbre.

El muchacho deja atrás el bosque para adentrarse en la playa. Se quita las botas y camina descalzo. La arena le hace cosquillas y, a la vez, le recuerda que todavía está vivo.

Cuando llega a la orilla, limpia los restos de sangre de sus ropajes y se tumba boca arriba. Puede que espere su hora, puede que espere su liberación... o puede que espere algo más.

No quiere mirar atrás. Ya no. Solo queda el presente.

Cierra los ojos, se deja acariciar por la brisa y pierde la noción del tiempo.

Entonces, se sumerge en esa nube oscura que lo arropa en sueños.

BASTARDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora