-Castiel... -unos dedos se chasquearon delante de mis narices.

-Dime -me sobresalté.

-Te preguntaba por qué no habías ido a la fiesta que dio Mónica hace unas semanas. Llevo unos buenos minutos contándote de la fiesta.

-Estaba intentando recordar que estuve haciendo ese fin de semana -mentí.

-¿Te acordaste? -se cruzó de brazos mirándome burlona.

-Tengo que irme, Barbie, pero ya te contaré con detalle luego.

No había caminado ni diez pasos cuando Hernán me dio el alcance.

-Al fin te libraste de esa. Tenemos que hablar.

-Cállate, imbécil -bromeé.

-Muy confiada para mi gusto.

-No le hablas porque te duele que te rechazara.

-Teníamos once, Castiel -su mirada brillaba divertida -al día siguiente ya estaba profundamente enamorado de otra.

Solté una buena carcajada. Me acordaba de eso a la perfección. Cruzamos los pasillos a una buena velocidad. La mayoría, en especial los menores, no dudaban en cedernos el paso. No tardamos mucho en llegar al auditorio del colegio. Solíamos ir ahí a conversar y a fumar cuando no queríamos encontrarnos con los demás. Habíamos caminado ahí casi en mudo acuerdo cuando dijo que teníamos que hablar.

-¿Qué me vas a contar? -trepé de un salto al escenario y empecé a caminar por él.

-¿Te acuerdas de la amiga re-buena de tu chica?

-No -dije tras meditar unos instantes.

-El caso es que creo que me gusta. Pero me chotea de una manera... no te imaginas las ganas con las que me rechaza.

-Y eso te encanta.

Nos sentamos al borde del tabladillo elevado y encendimos cada uno un cigarro.

-Ese grupo de chicas no es de las que permiten que juegues con ellas -comenté haciendo un círculo con el humo.

-Lo sé. No te imaginas lo divertido que es verla molestarse -rió también haciendo figuras con el humo que exhalaba.

-¿Te gusta ella o fastidiarla?

-Ambos.

-Sería genial poder brindar por eso.

-Ya es bastante bueno poder fumar dentro -comentó Hernán.

Miramos agradecidos a nuestro alrededor. A diferencia de todos los otros ambientes del colegio, el auditorio carecía de sensor de humo. El motivo era bastante sencillo: usábamos humo para los efectos especiales en las obras. Algunas veces incluso, habían papeles en los que alguno debía fingir fumar. Un sensor habría sido bastante problemático.

-Tienes razón. Pero no cambiemos de tema. Espero que no humilles a la chica esta -me di cuenta que aún no sabía su nombre -en público.

-¡Claro que no! Me mataría -rió Hernán.

-Suena como tu tipo de chica -me burlé -¿Quién es?

-Es la amiga de tu chica.

-¿Amanda? -intenté recordar los nombres que había oído a Valerie mencionar.

-No, no...

-Clary -lo interrumpí, decidido a acertar.

-¿Esa es la de pelo negro?

-Creo.

-Esa chica también es cosa seria...

-Un poco alta para mi gusto... -comenté como desinteresado.

-¡Sus piernas son la gloria!

-Mide casi igual que nosotros... las prefiero un poco más bajas. Aunque ese no es el punto... ¿Quién es la chica?

-¿Ubicas a la pelirroja?

-¿Una bajita de pelo medio naranja medio teñido de rubio? -lo miré sorprendido.

-¡No! La que está buena... la de pelo rojo oscuro, medio castaño... la que tiene unas curvas de infarto aunque por arriba no tenga la gran maravilla...

-¿La de ojos café?

-¡Esa misma! -sonrió embobado y emocionado.

-¿Es amiga de Valerie? -lo miré sin poder ocultar lo extrañado que estaba.

-Creo que llevan juntas Literatura y se han hecho bastante amigas.

Me encogí de hombros.

-Se llama Melanie...

-Creo que ya me hablaste de ella alguna vez -intenté recordar.

-Puede ser...

-¿Quieres que le pregunte a Valerie?

-Gracias, hermano -me dio una palmada en el hombro con una sonrisa que evidenciaba que eso era lo que hacia rato estaba buscando pedirme.

Contuve a duras penas una sonrisa burlona.

-Hablando de Valerie... ¿Qué pasó que no estás con ella en este recreo largo?

-Se fue por su lado -fruncí el ceño al recordar la escena.

-¿Pasó algo? -fumó una última pitada y apagó inconscientemente su cigarro contra uno de los tablones del piso.

Sin haber acabado el mío, lo apagué también, teniendo cuidado de no maltratarlo para poder guardarlo y acabarlo luego. Tras pensar en ello unos instantes, le conté lo que había pasado saliendo del salón.

-¿Y no se te pasó por tu brillante cerebro que pudiera estar celosa? -preguntó en tono burlón.

-¿De Barbie? -lo miré extrañado.

Asintió. Yo seguía desconcertado.

-¿Celosa?

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!