Epílogo

1K 107 65
                                    


-Hasta que al fin llegas.

Le dijo Victoria a Atilio desde la bañera, con una gran sonrisa enmarcada en sus rostro, el solo hecho de verlo la hacía más que feliz. Él le devolvió el gesto con toda sinceridad moviéndose con estilo y gracias a esto quedar agachado frente a su mujer.

-¿Cómo estás mi fiera?—susurró con sus labios peligrosamente cerca de los de ella.

-Excelente ahora que te veo.

Atilio sonrió y sin importar vestir unos de esos costosas camisas, introdujo su mano dentro de la tibia y relajante agua para así acariciar la panza de ocho meses que su fiera cargaba a cuesta.

-¿Cómo ha estado mi machito?—preguntó con el típico orgullo de hombre de campo—¿No haz tenido ningún problema verdad?

Victoria negó con la cabeza y por unos minutos la miró embelasada. A veces simplemente no podía creer que Atilio fuese de ella, que lo tuviera a su lado. Él volvió a sonreír encantado mientras seguía gestandole caricias afectuosas a su vientre.

-No veo el momento en que nazca...ese será mi mano derecha cuando crezca—dijo antes de sacar el brazo del agua y volverse hacia ella.

-Quiero verte así de emocionado, pero cuando lleguen la noches en velas, los cambios de pañales...—bromeó.

-Sabes que eso no me molesta en lo absoluto, con gusto lo hago. Si lo hice con Vanessa y Ana que no tenía ni remota idea de como ser padre, y cuando llegó al mundo nuestra pequeña princesa, Alessandra, a quien solo me faltó darle el pecho—Victoria rió—¿Cómo que con nuestro machito no lo voy hacer?

-Eres increíble mi vida. Padre y esposo fenomenal ¿Qué más puedo pedir?

-Yo no sé tu, pero yo lo único que pido a mi santo todas las noches es que nunca, nunca te aparte de mi lado. Eres mi aire Victoria...y sin aire no puedo vivir, me moriría...yo me muero sin ti fiera.

-Pero que romántico mi Montenegro, y que sepas que yo sin ti también me moriría eres mi vida entera, tú, nuestras hijas y este varoncito que desde ya es consentido por su padre.

-Ni que lo digas, por fin un hombre para esta casa...aparte de mi claro. Para que cuide de mis fierecillas  que ya de mi fiera mayor me encargo yo—Victoria negó divertida con la cabeza mientras reía de pura dicha.

-Bueno yo voy a ver a mi pequeñas, termina tu de bañarte y al rato no vemos...te amo.

-Yo más.

Luego de unos segundos, Victoria sintió la puerta de la habitación cerrarse, por ende supuso que Atilio había ido a ver a la niñas como bien dijo, a sus respectivas habitaciones.

Por uno minutos más, la morena se quedó dentro de la bañera mientras pensaba distraídamente en su vida y el giro de ciento ochenta grado que había tomado. Ya las gemelas, Ana y Vanessa habían cumplido su cinco años de vida, mientra la más joven y pilla de las tres contaba con apenas dos; Alessandra, la hermosa y pequeña Alessandra que llegó a la vida de sus padres tres años después de haberle dado a luz a las gemelas.

Ellos con respecto a su vida como pareja cada día crecían más y junto con ello el amor que se tenían y la familia, que pintaba a ser bastante grande, que ya se estaban hasta preparando para darle la bienvenida al hombrecito de la casa que dentro de un mes o menos ya estaría entre ellos irradiando el corazón de sus padres con su llegada.

Sin dudas los años trascurridos habían sido bastante satisfactorio y los habían enseñado a convivir como la familia unida que eran...y así sería siempre.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora