Pureza

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Después de una jornada larga de "trabajo" llego a casa dispuesto a comer o mínimo descansar, en realidad no sabía si le sobraba algo de comida en la nevera, probablemente sí pero ya esté echado a perder. Porque cuando llegó el cable estaba roto, no sé atrevió a abrirla, mejor se ahorro las náuseas que le causaría el pudor de la comida podrida.

Conectó su celular, estaba muerto y necesitaba recargarlo. Lo que con un solo dos por ciento de batería hizo que de pronto le llegasen cientos de mensajes. Si bien había uno de su hermana y unos cuantos de su mejor amigo que preguntaba dónde se había metido esta última semana y que sino aparecía se vería obligado a llamar a la policía.

Se preocupó porque claramente Jimin no tenía conocimiento de su desaparición, él no podía ver a la policía, no cuando lo han estado buscando aunque han sido discretos por lo que ve.

Mejor se alejó y salió del lugar, decidido a buscar que comer. Su sudadera estaba sucia así que no le quedo de otra más que usar un saco negro todo polvoso que por cierto le quedaba grande.

"Solo será una vez" se dice así mismo mientras mete sus delgados brazos a las mangas.

Le da nauseas que aún la prenda mantenga un olor a alcohol, y por supuesto que ya debería de proponerse limpiar su departamento y de paso lavar la ropa. Claramente no es capaz de deshacerse de nada, es como si necesita tener todo presente para recordarse así mismo ese pecado.

Camina intentando pasar desapercibido, sin que nadie lo note, como si fuera invisible; mas sabe que el actuara demasiado extraño llama la atención, lo comprueba al sentir unas cuantas miradas sobre él.

Acude a la misma tienda de siempre aunque sabe que no es buena idea, ahí puede ser reconocido, pero confía en la empleada lo suficiente como par saludarla como si nada pasase.

Después regresa a casa, conecta el horno de microondas para preparar el ramen instántaneo que no es decente ya que es lo que ha estado comiendo los últimos días y siente como su estómago ruge por más pero no hay otra cosa.

Al caer la tarde se recuesta algo incómodo en el colchón viejo y Dios, su cuerpo está adolorido y tenso, no recuerda la última vez que tuvo la oportunidad de darse el placer de recostarse para descansar.

La soledad siempre ha sido su mejor compañera, la que jamás lo ha abandonado por más que quiera, aunque a decir verdad, le llena estar solo y no lo quiere admitir porque una parte de él, esa parte blanca desaparecería y es que no se lleva tan bien, pero es lo que lo mantiene cuerdo.

El frío esta vez era demasiado, lo asfixia, de igual modo intenta dormir, sin importarle ese sonido que quizá su mente ha creado con tal de no descansar una vez más. Sin embargo es ruido sigue allí y ole está inquietando, porque ahora mismo está despierto de la realidad. Trata de cubrir sus oídos pero no puede dormir, esta vez no es él.

Un animal pasa volando –no lo vio tan bien como para adivinar específicamente de qué se trata- sobre su cabeza, y no sabe por qué pero obtiene un nudo en la garganta. No es como que haya querido decir una palabra.

Se calza y corre detrás de la creatura, no sabe a dónde va, mas quiere saber. Por no fijarse se tropieza apoyando de inmediato las manos para cubrir la cabeza y cerrando los ojos ante el impacto. No dolió pero si se perdió.

Se levanta esperando una señal, algo que le indique hacia donde ir y oh, parece que está de suerte porque lo escucha otra vez. Y ahora no se distrae.

Muy en el fondo su conciencia le recalcaba lo malo que hacía, era incorrecto mas eso es justamente su motivación, esa adrenalina que llena su cuerpo cuando hace algo prohibido, una acción que sus mayores le indican que es errónea, le fascina si tenía que ser honesto.

Porque sabe que es buscado y no por personas buenas o amigables. Y casi se le olvida cuando pasa en una calle con cámaras de seguridad donde la policía suele vigilar ya que es una donde hay mucho vandalismo. Las lámparas se encienden por el censor con su presencia y solo basta que retroceda unos pasos, pues conoce bien la ubicación de cada censor, para que nadie lo note.

En cuanto las luces fueron apagadas huyó, corrió sin siquiera fijarse en donde pisaba, solo quería ver en qué terminaría todo esto, se imaginó ciertas cosas, lo cual le aumentó la intriga.

Cuando vio un final se detuvo. Ahora sabía que era una mariposa quien se paró en un lago congelado y se desvaneció.

Y Dios, agradeció de tomarse el tiempo de inspeccionar el lugar donde estaba porque ya lo había escuchado una vez cuando niño, era la historia que su abuela le contaba antes de dormir.

"Cuando estés perdido y sucio" narraba la señora con su nieto en su regazo, "la luz te guiara al paraíso"

Presenciar ese maravilloso lugar del cual alguna vez le hablaron como si fuera un oasis y es que en realidad lucía como uno. El desierto sería ese pasto amarillento y áspero.

La camisa de satín le quedaba grande, demasiado pues su delgado cuerpo apenas abarcaba la mitad de la tela, dejando así las mangas colgar que tenía que doblarlas para que sus dedos sobresalieran. Lo malo es lo fina, no acobijaba siquiera un poco, haciendo que la brisa provoque un temblor incontrolable en su cuerpo. La luz era escasa también, un pequeño rayo de Luna la cuál no estaba en una de sus mejores fases, mas era hermosa como siempre.

Le daba curiosidad, ese lago le daba curiosidad, el agua cristalina, purificada con solo verla, era transparente, podía verse perfectamente, pero ¿era él? No encontraba manera de responder a su subconsciente, porque en realidad, no sabía quién era, no del todo.

Acercó el dedo índice tocando la superficie de ese líquido provocando ondas de distintos tamaños y oh, se sentía tan bien pero a la vez le quemaba por dentro.

Se hincó, quitó sus zapatos y recogió su cabello que le tapaba los ojos, pues quería ver mejor. Quería acercarse más, purificarse de ser posible, pues lo necesitaba y la curiosidad era enorme.

Dudó, claro que lo hizo, mas esta vez hundió su mano por completo no importándole que su ropa se mojara sin embargo, su mano hizo que se metiera a profundidad, algo le arrastró hacia dentro, cosa que lo exaltó demasiado. Le dieron ganas de gritar, pedir ayuda pero no lo hizo, estaba solo y sabía que nadie acudiría. Inhaló una gran cantidad de aire inflando sus mejillas y llenando los pulmones al tope, preparando para ahogarse cuando la punta de su nariz se terminó de cubrir por el agua.

Extrañamente el aire jamás se le agotó, se culpaba por haber cerrado los ojos, no debió haber hecho eso, ahora no sabía cómo estaba allí y le hubiera encantado ver esa transición a otro mundo porque sí, creyó que quizá había muerto.

Estaba muerto por dentro, pero estaba vivo por fuera y él, tan solo quería morir por ambos lados.

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