1.El inicio del dolor

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Al abrir los ojos me doy cuenta que nuevamente el día está comenzando, para muchos es emocionante tener el primer día de clases, para mí es un infierno. Todo es tan difícil cuando nadie te comprende, cuando todos te critican, estoy acostumbrada a los chistes y apodos que hacen de mí: la depresiva es el peor y con el tiempo todo empeoraba, en mi casillero encontraba papeles con un "muérete, idiota" o "deberías de matarte y así hacerle un bien a todos" y en ese momento las voces de mí cabeza regresaban y le daban la razón a lo que decían esos papeles y ahí caía de nuevo, el dolor es la manera en la que escapaba de la realidad era mi manera de ser feliz.

Tal vez se pregunten ¿Dónde está su familia? y pues contestaré a eso, mi mamá es una maldita alcohólica que cuando no está tomando, está follando en el sofá de nuestra casa, mi papá murió de un infarto. A veces desearía tener un hermano que me cuide y me proteja de todos, que me aconseje, que sea mi mejor amigo. Pero no, estoy sola y mis amigos son las voces que gritan y susurran constantemente en mi cabeza, las navajas siempre están conmigo y me dan el alivio que necesito, el dolor que mi cuerpo exige sentir.

No puedo negar que me corto ¿para qué hacerlo? Pero prefiero proteger mis cicatrices de los ojos de los demás, porque yo sé que ellos no me entenderán. Después de todo he pasado por todo lo que una adolescente no quiere: bullying, golpes, amenazas, peleas, discriminación. No soy como algunas personas que se cortan, de esas que tienen amigos que hacen lo mismo y con los que comparten su dolor, yo diría que yo sufro en silencio pero dentro de mí hay gritos de dolor y de angustia.

Al levantarme sigo la rutina de todos los días, entro al baño y frente al espejo me despojo de la ropa. Admiro algunos hematomas y mis cicatrices, esas que tienen historia, una historia que solo yo sé y nunca contaré, mis brazos están cubiertos de estas, algunas con figuras como estrellas o corazones, otras solo son una raya oscura sobre mi blanca piel.

Hazlo, disfrutas haciéndolo.

Las voces en mi mente están despiertas y ahí están diciéndome que hacer pero me niego a hacerlo a esta hora. En la noche vendré y compartiré unos cuantos minutos con mis mejores amigas.

Entro en la ducha y siento frío recorrer cada parte de mi cuerpo, mi respiración es lenta. En este momento todo está bien pero pronto eso cambiará.

Al terminar de ducharme salgo con una toalla envuelta en mi cuerpo, al entrar en mi habitación busco algo de ropa. Con una camisa manga larga roja y un pantalón negro es suficiente para esconder mis obras de arte de la vista de los demás. Al terminar de vestirme voy frente al espejo y miró mi reflejo. Una chica pálida y con grandes ojeras me saluda, una chica que su mirada muestra tristeza y dolor, esos ojos nunca han brillado de felicidad, están apagadas como dos farolas descompuestas. El cuerpo delgado y delicado de la chica del reflejo me hace estremecer, su cabello está demasiado largo pero ella teme cortarlo porque teme estar demasiado expuesta.

Paso un cepillo por mi cabello, esa negra cabellera que tanto quiero, es como una manta que protege mis pensamientos de los oídos que me critican e hieren, mi cabello hace buen contraste con mis ojos negros, tan negros como la oscuridad en la que estoy desde hace muchos años, tan negro como mi alma; si es que tengo una.

Al acomodar mi bolso trato de que dentro de este vayan mis navajas, están envueltas en un papel que las cubrirá para que nos destrocen mi bolso. Ellas solo pueden destruir la piel de mis brazos para eso están diseñadas; al menos para mí.

Las necesitaré en caso de caer en un ataque de nervios, para calmarme a mí y a las voces.

Nosotras nunca nos calmaremos, solo permaneces en silencio para sentir tu dolor.

Al abrir mi puerta el olor a marihuana y cigarrillo hace que estornude. Nuevamente mi madre tiene compañía, está vez un adicto igual a ella. Entro en la cocina silenciosamente, no quiero ser escuchada por los adictos que están en alguna parte de la casa.

Ese tipo de persona está entre los peores. Yo he sentido sus manos recorrer mi cuerpo y sentí repulsión hacia ellos y hacia su cuerpo, nunca pasaron de los toques, pero siempre marcaba mi piel en donde sus manos empezaron el recorrido, trataba de borrar el recuerdo.

Agarro una manzana del refrigerador, salgo casi corriendo de la casa cuando escuchó la puerta de la habitación de mi madre abrirse.

Cuando estoy en la acera saco mi móvil y conecto los auriculares, escuchar música es otra forma de escapar del mundo.

Siempre camino hasta mi colegio, prefiero hacerlo a pasar por el infierno de subirme en un autobús escolar donde todos me miraran he evitaran que me siente cerca de ellos, aparte al caminar me siento un poco bien, sentir el aire golpear mi rostro es tranquilizante.

El instituto queda como a quince minutos de mi casa, es cerca pero a la vez demasiado lejos; lejos porque en caso de querer huir tendría que correr mucho.

Cuento mentalmente hasta diez cuando estoy al frente del colegio.

El infierno empieza.

Risas en mi mente me hacen poner una mueca de dolor, ellas disfrutan de mi dolor.

¿Cuánto duras está vez en caer, querida Jezabel?

Ignorar las voces en este momento es la mejor opción, aunque yo sé que caeré pronto, cuando el chico haga su dramática aparición. Después de todo, en toda historia hay un chico, pero esto no es una historia de amor. Este chico no es mi primer amor ni nada por el estilo, él es el que me hizo caer en las autolesiones. Sus palabras hieren igual o peor que sus golpes y empujones, gracias a él todos se burlan de mí, incluso los recién ingresados. He tenido que pasar muchas cosas, desde un simple empujón a amenazas de muerte y todo porque ellos quieren divertirse con la depresiva.

Camino sin prestar atención a mí alrededor, pero puedo sentir sus miradas, yo sé lo que ellos están diciendo.

"Ahí va la rarita" "Mira a la depresiva" "No se ha matado, es una lástima" "Cuidado que nos puede pasar lo depresiva y estúpida"

Me empujan y estuve a punto de caer, pero no los complaceré por ahora no caeré, me mantendré fuerte, quiero probar mi fuerza, yo sé que es poca.

Los audífonos son separados de mis oídos violentamente, un golpe me hace saber que mi teléfono ha caído al suelo -mira a quien tenemos por acá, la depresiva -y aquí está el chico, Damián-tengo un regalo para ti -saca una bolsa negra de su mochila y me la lanza. Unas veinte navajas caen al suelo-disfruta de mi regalo, ojala mueras con estas -y se va con su pandilla de matones detrás de él.

Mi mirada baja y me encuentro con las navajas en el suelo, muy cerca de mis vans.

¿Caerás en la tentación, Jezabel?

No, no caeré en la tentación.

Levanto mi móvil del suelo y lo guardo en la bolsa trasera de mi pantalón, siento las miradas de lastima y burla, quiero correr y escapar pero no puedo.

Saco la poca fuerza que me queda y entro en el colegio, donde muchos cuerpos corren de un lado a otro para no llegar tarde, otros solo están recostados en las paredes o casilleros esperando a que el timbre suene, risas suenan a mi espalda -¡EMO! -chilla una chica y risas la siguen, no soy emo, no me clasifico como uno de ellos.

Ignoro y voy hasta la dirección para conseguir mi horario, la secretaria hace cara de asco al entregar la hoja de papel. Todos me discriminan, ni los profesores me respetan.

Camino rápidamente a mi primera clase, al abrir la puerta todos los ojos se posan en mí, bajo la mirada y voy directo a la última fila en mi asiento, cerca de la ventana y alejada de todos, nunca nadie se ha sentado en la mesa que hay cerca de mí. Parece que yo tengo una enfermedad ultra contagiosa y todos temen morir por ella.

Mi siento y todavía siento sus miradas en mí, eso me hace sentir nervios. Quiero que me dejen de mirar, volverme invisible.

El profesor entra y podría decir que aquí empieza el verdadero sufrimiento

Aquí dejo el primer capitulo espero os guste y dejen su voto y comentario yo sé que no son muchos los que leen la novela pero espero que en el futuro sean muchos los que lean y se identifiquen con la novela.

Cicatrices¡Lee esta historia GRATIS!