En la decadencia del tiempo.

5.6K 433 71
                                        


La celda era de seis metros de ancho por ocho metros de alto casi exactamente, las paredes blancas lisas construidas con materiales específicos para que fuera imposible escalar por ellas y la forma circular de la habitación hacían inexistentes bordes para brincar. En resumen arquitectónico, una prisión construida para que ningún ser humano -ni con las mejores habilidades y condiciones físicas- fuera capaz de escapar. En el techo estaba construido un gran tragaluz (prácticamente imposible de romper) que se extendía hasta la mitad de la habitación y por el cual entraba una gran cantidad de luz natural; el propósito de aquella particular celda era para evitar que su cautivo tuviera que salir siquiera un solo segundo.

Cuando el Régimen cayó y todos sus miembros fueron sentenciados, cada uno recibió un castigo acorde a sus actos. El de Damian Wayne había sido la cadena perpetua sin posibilidad de volver a salir de aquella desquiciante habitación. Por tal motivo se había instalado un tejado translúcido para que el chico jamás pudiera apelar al más mínimo abandono de su celda. La prohibición de salir no se interponía con el pequeño derecho de sentir de vez en vez la brisa del exterior y de poder disfrutar la luz natural del día y la noche.

Damian suspiro fastidiado cuando un guardia nuevo le aventó su comida por la rendija designada para pasarle lo necesario en su estadía. Jamás dejaban a los mismos oficiales a su cargo por demasiado tiempo, suponía que era para evitar que Damian los chantajeara o miedo propio de relacionarce con él, pero ¿Quién en su sano juicio querría interaccionar con la mano derecha de Superman? A pesar de los delirios de grandeza de la princesa amazona, todos en la sala de la Resistencia sabían que era Damian el pilar del antiguo dictador mundial. Había sido Robin -y luego como Nightwing- una buena sustitución de Batman, y fue justamente aquello lo que lo volvieron una de las únicas voces a las que Kal escuchaba y verdaderamente valoraba.

-Llevate el plato- Damian no se movió de su cama y apenas imprimió emoción en su voz- no comeré esa porquería.

Sin poder ver por culpa de las inamovibles gruesas paredes, supuso que el nuevo guardia se debatía en qué hacer. Cada día jueves, los cocineros de la prisión servían un platillo que contenía pequeños rastros de carne así que cada día jueves Damian prescindía de la comida; así fue como descubrió que le cambiaban a los guardias pues cuando creía haber dejado claro su punto de no comer carne, llegaba otro que volvía a dejarle su ración asignada.

Una singularmente cargada nube gris se colocó justo sobre su celda presagiando una fuerte tormenta, Damian chasqueo molesto con su padre por insistir en mantenerlo ahí, seguramente eran las mejores condiciones y el hecho de tener preferencia sobre sus compañeros en el Régimen sólo aumentaron su furia. Su padre seguía con aquella estúpida actitud de superioridad y se lo restregaba en la cara cada día que abría los ojos; para Damian era como escuchar a Batman decirle "Los he derrotado, soy yo quien manda ahora y para que nunca lo olvides mira la perfecta y bonita celda en la que estás, solo Batman podría hacer que te den una habitación tan cómoda con todo el horror que provocaste."

Un lejano trueno. No sabía nada del resto pero estaba seguro de que a Kal lo mantenían bajo tierra muy lejos de todos, a Diana en alguna mazmorra amazónica, a Black Adam y Raven tal vez en prisiones mágicas. Robin jamás escuchaba o veía algo diferente que el cielo, su prohibición de contacto humano más allá del necesario era parte de su sentencia que sorprendentemente no le molestaba tanto como creyó la soledad podría causarle. Rodando en su cama recordó sus primeros meses donde había intentado un par de veces escapar o tan siquiera burlar un poco la seguridad, pero al comprobar el diseño y las implementaciones dejó de preocuparse por el hecho, sabía que jamás lo lograría el solo, o al menos no por ahora. Cerró los ojos después de ver el cielo tirar sus primeras gotas de lluvia torrencial, el agua sobre el gran domo apenas y eran como notas discordantes a su oídos pero al menos con la suficiente fuerza para arrullarlo lejos de su interminable encierro. Sus sueños eran siempre tranquilos, sin remordimientos o lamentaciones inútiles sobre sus decisiones, de nada le servía fingir que lo que hizo al lado de Superman no era lo que creía correcto, los métodos apenas y eran los que él hubiera preferido así que su conciencia siempre en paz no le significaban problemas para sus propios juicios morales.

Hacía tanto que no le servía mantener su estado de alerta al máximo que cuando el frío de la noche y algunas gotas húmedas le golpearon el rostro su expresión de sorpresa fue genuinamente sincera. Al otro extremo de la habitación estaba Superman.

Las alertas empezaron a sonar por todo el complejo, entre el ajetreo del edificio y el tronar del cielo, Damian apenas y fue consciente de su propio espacio en la habitación. No antes de que un gran y estruendoso relámpago azotara con furia la tierra fue que se dio cuenta de su error. Un hombre alto y de portentosa complexión yacía estático en el mismo lugar donde había irrumpido; las gotas de lluvia parecían temerosas y aunque lo empapaban en todo su magno ser parecían apenadas de tal osadía. El emblema de la casa El (aquella inconfundible S) supieron intrigante y alarmante para el chico Wayne quien sobrecogido por los eventos saltó fuera de la cama dispuesto a descubrir lo que se desenvolvía a su alrededor.

- ¿Quién eres?

Su grito vuelto tormenta solo causaron una sonrisa de medio lado en aquel imponente hombre. Tocando suelo por primera vez empezó a acortar la brecha que los separaba, el lado de Damian manteniéndose seco y oscuro.

- Tú eres perfecto.

La puerta de la celda se abrió de par en par, varios hombres con armas de fuego llegaron gritando advertencias al intruso, por primera vez en todo ese tiempo Damian sintió la ambigüedad de estar agradecido y preocupado por aquellos hombres pues a tan corta distancia y con el destello de las luces del pasillo comprobó la mirada casi enloquecida y la sonrisa retorcida de ese magno Superhombre. Una ráfaga de fuego incandescente salió disparada de aquel par de ojos sin tregua sobre todo aquel que no era Damian, las alarmas tronaron con más fuerza y a pesar de los nuevos refuerzos que llegaban el resultado terminaba siendo una pila de calcinados y maltrechos cadáveres.

Con solo un acceso de escape -mismo que se mantenía bloqueado- Wayne prefirió mantener su lugar en toda aquella masacre, no le servía de nada mostrar el miedo y nerviosismo que le escalaba por las vértebras, no antes de que solo el mecánico grito de una grabadora se escuchó fue que la atención volvió a recaer sobre de él. Ahora podía contemplar mejor al autor de la barbarie; cabello negro ondulante, hombros ligeramente anchos, pecho firme, y aquel par de ojos que reconocía a la perfección como los de Kal pero ¡ese no era Kal! No podía serlo pues su edad y demás facciones apenas y se acercaban a las del kriptoniano que conocía. Lo último en lo que Damian reparó fue en su uniforme, monocromático en su totalidad a excepción de la S carmesí en el cofre.

- Hora de irnos.

- ¿Quién eres?

La pregunta expuesta por segunda vez carecía de la ferocidad de la primera. Su "invitado" sigiloso movió el cuerpo en leve reverencia, misma que estremeció aún más de ser posible al ex- heredero de los Wayne. Tan inimaginable de presenciar como cualquier otro escape en su estado actual.

- Mi nombre es Jonathan y tú, Damian, vendrás conmigo.

Los ojos esmeraldas lo vieron decidiendo qué opciones tenía para escoger; ninguna buena figuraron en su cartera por lo que resuelto se acercó al llamado esperando que lo que siguiera fuera menos que aterrador de lo que su mente plasmaba con cada parpadeo. Las manos completamente recubiertas por unos guantes negros se apresuraron (casi ansiosas) en cubrirlo con la capa blanca que portaba.

- Cuando te ponga a salvo sacare todo tu cuerpo- aseguro contento mientras la nariz enfadosa de Damian se batía de un lado a otro- por ahora cúbrete con mi capa.

La noche gris miró como un par de asesinos se alejaban de aquel complejo criminal sin pena y únicamente gloria. Entre los brazos del superchico Damian contemplo su pasado alejarse de él, y casi podía jurarse a sí mismo que era capaz de ver las orejas puntiagudas de Batman mirar la dirección que tomaban.

"¿Quién es mejor ahora padre? Ni tu mejor tecnología pueden mantenerme preso, Qué importa morir esta noche si con eso te demuestro que tú no controlas mi destino"



Notas:

Termine una de mis otras historias así que me merezco publicar otra más, jajajaja. xD

Pues que les cuento... La vida no siempre es fácil, ni bonita, ni justa.

RegnumHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora