CAPÍTULO 4: LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA

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Myrko Nichols no creía ser una persona atada a sus pertenencias materiales. Cuando fue raptado por la mafia para que trabajara para ellos, no tuvo tiempo de recoger nada de su laboratorio o de su departamento. Cuando fue rescatado de ahí por el misterioso individuo que se hacía llamar Lobo, no pensó en ningún momento pedirle que lo llevara de vuelta para empaquetar sus cosas. Estaba agradecido de haber sido rescatado y de ser llevado a donde sea que sería llevado, en donde tendría la oportunidad de sentarse un instante, pensar en su situación y concluir qué era lo que tenía que hacer.  Con lo que iba vestido sería suficiente.

“No se preocupe”, dijo de pronto Lobo, sentado cómodamente en el asiento trasero de la limosina en la que iba. “Ellos no lo volverán a molestar.  Me tienen demasiado miedo”

Myrko lo miró por unos momentos y entendió de inmediato que una persona normal sabría que esto implicaba, a su vez, que él mismo tenía que tenerle miedo a este hombre.  Que eso era lo que en el fondo le estaba queriendo comunicar. No obstante, Myrko no era una persona normal.  Su curiosidad era sobresaliente.

“¿Y yo?”, decidió que era seguro preguntar. “¿Debería yo tenerle miedo?”

“¿Usted?”, preguntó Lobo desde su cómoda posición, vestido con su saco largo negro y su sombrero de ala ancha también negro. “No, usted no tiene por qué tenerme miedo.  A mí.”

Myrko lo miró por un instante. Él nunca le había querido hacer daño a nadie. Pero si debía defenderse para sobrevivir, tendría que pensar en algo rápido.

“Es a ellos a los que debes temer”, completó de pronto el hombre. Llevaba al cuello una larga bufanda roja que le daba un efecto dramático a sus movimientos. En sus manos llevaba unos guantes negros de un material sintético extraño.

“¿Ellos?”, preguntó Myrko frunciendo el ceño y sonriendo, pero Lobo no le respondió, así que intentó con otra pregunta. “¿A dónde me llevan?”

“A un lugar seguro”, le respondió Lobo. “No creo que se haya dado cuenta, pero su investigación tiene importantes implicancias para la comunidad de superhéroes. Por eso la mafia fue a buscarlo.  Ese Twigg no es ningún tonto. Sabe lo que hace. Por suerte pude intervenir a tiempo.”

“¿Quiere eso decir que otros superhéroes me estarán buscando?”, preguntó Myrko.

“Oh, definitivamente”, respondió Lobo. “Pero no se preocupe.  Yo lo mantendré a salvo.”

“¿No estaría más a salvo con ellos?”, preguntó Myrko.

Lobo no respondió.  Solamente soltó una risa, algo que se veía espeluznante, considerando lo frío que era. Su pelo largo, canoso y su abundante barba gris no ayudaban a la imagen.

“No, en serio”, insistió Myrko. “¿No estaría más a salvo con Corsair, el mago Mystére o uno de esos otros superhéroes? Corsair tiene una especie de base secreta en alguna parte, ¿no es cierto? ¿No me deberían llevar a ese escondite?”

“Primero, todos sabemos en dónde está la base secreta de Corsair. Debe ser uno de los secretos peor guardados de la comunidad de superhéroes, como lo llamas. Segundo, él nunca está enterado de nada de lo que está pasando. Estoy seguro que ni siquiera reconocería tu nombre y no sabría por qué eres una amenaza para él y para los demás como él. Y tercero, debes dejar de pensar en los superhéroes como los buenos de esta historia. Porque no lo son.”

Myrko lo miró unos instantes y luego miró por la ventana.  La limosina seguía avanzando por la noche. No sabía hacia dónde iba.

“¿No lo son?”, preguntó después de un momento.

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