22-Aceptación

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La aludida asintió y sin más abrió aquella carpeta. Eran actas de nacimiento...a decir verdad, dos.

<<Dionisio Montenegro>>

Ese, fue el primer nombre que leyó  Victoria con la mirada...
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Las manos le temblaban y el corazón le latía con frenesí, tanto así que si fuesen más atentos podrían sentir los latidos en alta voz. Sentía su garganta seca, sin embargo su cuerpo húmedo, perlado por una fina capa de sudor.

-¿Victoria estás bien?—consultó Atilio en tono de preocupación. Ella a cambio no respondió concentrada en enfocar la mirada que por segundos se le nublaba—¿Victoria?—la tomó por los hombros y estaba más fría que un témpano de hielo.

-Necesito recostarme. Todo me da vuel...—y antes de completar las frase el sistema se le reinició y como en cámara lenta aquellas actas de nacimiento cayeron al suelo rebotando. Quedando una al lado de la otra. Dos nombres adyacentes. Atilio y Dionisio. El cuerpo lánguido de la fémina fue sostenido por una ágiles manos antes de que cayese desvanecido al suelo.

-Victoria....—susurró Atilio una vez la tuvo entre sus brazos cual niña pequeña—Todo estará bien mi fiera—le besó la frente y gritando salió del despacho con la morena a cuesta—¡Chapo! ¡Chapo!

El citado tras escuchar los gritos de su jefe corrió alarmado a ver que estaba ocurriendo.

-¿Qué pasa Atilio? ¿Qué tiene Victoria?—interrogó al verla inconsciente y más pálida que una hoja de papel en blanco.

-Se desmayó...llama al doctor Avellaneda y dígale que lo necesito aquí ¡YA!

-De acuerdo...ya lo ando llamando—anunció marcando el número de teléfono del galeno.

-En cuanto esté aquí, indicale el camino a mi habitación. Allí estaré con Victoria—el Chapo asintió de acuerdo.

Habitación de Atilio...

Este entró con la morena aún en brazos y con toda la delicadeza que el conocía la dejó sobre la cama.

-Hoy sabremos que te pasa mi fiera—le dio un beso superficial en los labios y corrió hasta el cuarto de baño a por el botiquín de primeros auxilios. Con las manos trepidantes, tomó una fracción de algodón y lo colmó en alcohol para después pasarlo con empeño por el arco de cupido de Victoria—Estás pálida...—recorría con su otra mano las ojeras que sobresaltaban en su tes blanca—Ya el médico debe de estar en camino.

Besó el dorso de su mano y mirándola, sonrió afligido. Verla en ese estado le arrugaba el corazón.

Cruz Roja—DF

-Hasta que por fin puedes verme mi vida—le dijo aquel misterioso hombre, a esa otra persona que yacía convaleciente en aquella fría camilla de hospital—Se que ahora no puedes hablar, aún estás débil como para eso, pero necesito hacerte una pregunta.

La aludida asintió débilmente, señal de que lo escuchaba sin ningún tipo de obstáculo.

-Si tu respuesta es ella, pestañea dos veces y si es él, sólo una—suspiró—¿A quien prefieres ver muerto? ¿A Victoria o a Atilio?

Y la respuesta a cambio fueron...dos pestañeos.

^^Eres una tarde, donde apenas el ocaso venía cayendo. La refrescante brisa vespertina hizo que la morena que se encontraba sentada bajo un frondoso árbol, suspirara con orgullo. Todo marchaba con normalidad, parecía que estaba viviendo una vida perfecta, pero lo que sucedió a continuación la desconcertó un poco. Como algo repentino otra brisa, pero aún más fuerte se efectuó levantando una gran neblina de polvo. La morena se cubrió los ojos con sus manos para que las pequeñas partículas de aquel que heterogéneo fenómeno no cayeran en sus ojos y tras apartarlas pudo divisar a los lejos dos pequeñas siluetas que se le acercaban desde lo lejos, gritando <<Mamá>>.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora