Capítulo 16

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Puntos importantes para el rescate.

Uno.

La Doctora Montoya entró en acción para llevar a cabo la primera parte del plan. Aprovechando la visita semanal a sus pacientes, se cercioró de que Hermelinda estuviera instalada en la habitación 22. Durante su ronda, pasó frente a la puerta de Constanza y la abrió. Para su sorpresa, se encontró a Constanza sentada en la cama, mientras la dama de compañía le daba masajes con algún producto que olía a eucalipto en las piernas. Al oír el rechinido de la madera, las dos voltearon a la vez.

-     Shhh, no se asusten – dijo en voz baja la doctora -, soy la doctora Montoya y estoy ayudando a la abuela de la señorita Constanza. Necesito hablar con usted Hermelinda, pues hay varios puntos que aclarar antes de venir a rescatar a la señorita.

-    No, a ver, permítame, señora, antes de avanzar en esta conversación, y de hablar con mi dama de compañía, yo debo asegurarme de su identidad – intervino Constanza, absolutamente perpleja. - Discúlpeme. No sé como entraría usted a este hospital pero lo que pretende ser es ridículo. ¿De cuándo a acá se ha visto en este país a una mujer médico, o médica, para el caso, que ni sé si esa palabra existe, y además tan joven. Perdóneme pero no le creo y no veo como la pudo haber contactado mi abuela, desde Guadalajara.

-    Entiendo su sorpresa, señorita, y quisiera explicarle mi trayectoria profesional y contarle como logré ganar mi ardua lucha contra el sistema machista de este país siendo la primera mujer titulada de la Facultad de Medicina de esta Ciudad de México, pero créame que no tenemos tiempo. Su abuela me contactó a través de María del Carmen y su madre, la señora Paula, a quien conozco desde hace varios años. Tiene que confiar en mi señorita, si entra alguien y me encuentra aquí todo el rescate estará en riesgo.

-    Bueno, bueno, prosigamos con esto – dijo Constanza no muy convencida aún – pero ya me explicará todo cuando logré salir de aquí, ni crea que me voy a quedar así. Necesito saber como una mujer logró tanto mientras otra esta encerrada en un hospital para locas sólo por haberse atrevido a ir en contra de una orden paterna, suena a chascarrillo barato. Por ahora, a lo que vino, el rescate.

-     ¿Cómo dice niña? - intervino Hermelinda, molesta – Ni hablar de rescates ni nada de eso. Mire que está usted un poco mejor desde que su padre decidió instalarme aquí. Me mataría si supiera que yo participé con ustedes. Ni lo piense, y usted tampoco, señora doctora, la señorita Constanza se queda aquí como planeado y hará lo que su padre ordene. Ya en bastantes problemas se metieron con las visitas de la otra señorita, no me recuerdo el nombre.

-    María del Carmen, Hermelinda, te dije que se llama María del Carmen y es gracias a sus visitas que estoy mejor. Ella me devolvió el gusto a la vida con sus maravillosas historias, pero que quede claro que si estoy mejorando es para irme con mi abuela, Hermelinda, no para seguir las órdenes del desgraciado de mi padre – expuso Constanza -. No pienso volver a casa. Eso tenlo por seguro, y si no me ayudas tú, pues lo haré sin ti, con la ayuda de mi abuela y su equipo de mujeres.

-   Pero niña, tiene que ser sensata, por el amor de Dios, su padre es muy poderoso y podrá encontrarla a donde usted vaya. Yo sólo quiero su bien y sabe que es por usted que sigo trabajando en esa casa. Reconsidere su posición. Mire que todo sería más fácil. Usted se casa con el señor ese, se va de su casa y tiene una nueva vida.

-     ¡Nunca! ¿oyes? Nunca me casaré con ese hombre. Quiero salir de aquí. ¿Cuándo pueden venir doctora? - Preguntó Constanza.

-    Pues figúrese que Maricarmen se puso muy mala desde la última vez que vino con lo que pasó con su padre. Se quedó muchas horas mojada y con el frío que hacía le dio un resfriado muy fuerte. Esperaremos unas dos semanas. Usted debe seguir haciendo creer que todavía no está bien del todo, ¿podrá lograrlo?

Agencia para Encargos de SeñorasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora