21-El Regreso

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-¡Atilio!

Por segunda vez él se detuvo y giró su cuerpo lentamente para mirarla a los ojos. Por un par de minutos mantuvieron sus miradas. Hasta que Victoria corrió hasta él y abriendo sus sábanas, sin importar que estuviese desnuda lo refugió en un cariñoso abrazo.

-¿Vuelve sí?—le pidió, antes de besarlo como si fuese la última vez.
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Luego de besarse por incontables minutos. Atilio salió de aquel que sótano dejando a una Victoria muerta de la angustia...hasta ahora se daba cuenta el temor que le daba tan solo pensar que a Atilio le pasase algo. Así como se había acostumbrado a odiarlo y a estar en constante discordia con él también se había acostumbrado a su presencia y sentía que sí un día no fuese así se moriría de la nostalgia.

-¿Dios Victoria que te está pasando?—se recriminó al sentir como dos gotas de aguas se acomodaban en las esquinas de sus ojos.

Caminaba de un lugar a otra desesperada. Tenía una angustia clavada en el pecho cual daga filosa. Podía hasta jurar sentir el filo punzante atravesarle el alma.

-Atilio por favor vuelve pronto.

A unos pasos de ella pudo divisar el bendito altar que hacía unos días atrás se había prestado de foco de discordia entre ellos. Victoria sentía que él le ocultaba algo...algo que obviamente no estaba dispuesto a revelar.

-Señores yo no los conocí—hablaba con los desconocidos de los portaretratos; que según Atilio eran sus padres—Pero no sé, no soy muy devota, y tampoco creo mucho en esto de los milagros...pero por favor su hijo está corriendo peligro ahora...protejanlo.

Mientras tanto Atilio una vez tomó sus dos armas de fuego conducido por el ruido antes escuchado se dirigió a la terraza delantera. En el camino se pudo encontrar con su empleado Ramón tendido en suelo con un gran golpe en la cabeza. Sintió pena por él, pero no era momento de bajar la guardia.

Una vez salió a la terraza pudo ver al resto de sus empleados esparcidos por doquier, tal parecía aquello un filme de terror. De repente sintió un ruido y alarmado corrió hasta detrás de una de las columnas que en teoría sostenían el techo de la cabaña.

        

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-¡Arma al suelo y manos arriba!—ordenó una voz detrás de él apuntandole con una pistola. Atilio suspiró profundamente al sentir el frío material del arma rozar su piel.

-Lo mismo le puedo decir—con destreza se volteó apretado sus dientes. Una vez pudo ver a aquel hombre a los ojos, al momento lo reconoció. Era uno de los hombres del camaleón.

-Sorprendido Atilio—rió sardónicamente—Parece mentira que um hombre con mundo en este negocio como lo eres tú, no se haya percatado antes del Chip Rastreador que había entre el vestido de la señorita Deborah.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora