Capítulo 21 - Mejor verdades dolorosas que mentiras piadosas

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El pálpito de mi corazón se aceleró, mi respiración se detuvo y todo giraba en torno a una pequeña conversación. Una conversación donde mi hija sonreía y balbuceaba.

Cerré los ojos y una pequeña lágrima se escapó de mi ojo, ¿cómo se supone que no le diga todo después de esto? Después que se ofreciera a conocerla, después de esos costosos regalos... tal vez deba...

Lo único que tenía era un "tal vez deba". No sabía qué era lo proseguía después de esas tres palabras. Porque si le digo, renunciaré a no solo a mi privacidad, sino también la de mi hija pequeña. No quiero que se convierta en una niña consentida de los medios. No quiero que todos hablen sobre ella como si la conocieran.

No quiero que cuando sea mayor caiga en las garras de la sociedad y la moldeen a su gusto. No quiero eso. No quiero que William renuncie a su vida por una hija, porque eso haría, ¿no? ¿Y si lo único que hace es espantarse y correr? ¿Huir de mí y de nuestra hija? No lo soportaría... él. No soportaría volver a perderlo.

Tal vez deba...

Malditas palabras.

Pero claro que están los puntos favorables: Mi hija tendría un padre, dispondría de todo lo que quiera, cuando lo quiera, y aunque estoy profundamente en contra si en algún momento necesita alguna operación de emergencia costosa en la cual peligre su vida, se podría resolver en un pestañeo.

- ¡Mami!- gritó De-de de repente sacándome de mi trance.

La observé, pero no me estaba llamando. Solamente me nombró. ¿Estaban hablando de mí? En un pestañeó le quité el teléfono de la mano a De-de, recibiendo una mirada confundida. Cuando puse el altavoz esa mirada se suavizó a una sonrisa.

- ... ¿Crees que tu mamá deje a tu papá?

Me tensé. Y mi pequeña me miró a los ojos.

- Papá...- susurró.

Mierda.

- Si, tu papá no merece estar con tu mamá.

Más mierda.

- ¡Papá!- chilló sonriente sin comprender demasiado.

- Si, tu papá, princesa. ¿Me pasas con tu mamá?

Su voz diciendo "princesa" se repitió una y otra vez en mi cabeza. ¡La llamó princesa! Mierda. ¿Qué era ese sentimiento en mi pecho? Era como un nudo, un nudo atorado en la garganta cuando estás a punto de llorar, pero ya estaba llorando. No tenía sentido.

- William- dije tomando el móvil en mis manos quitando el altavoz.

Mi voz sonó como si hubiera estado llorando.

- ¿Estas llorando, Molly? ¿Qué sucede?

- Nada- negué con la cabeza como si pudiera verme-. Te llamo luego, ¿sí?

Colgué antes de darle la oportunidad de decir algo. Mi bebe giró la cabeza hacia a un lado como un cachorro confundido. Posiblemente ante mis lágrimas. Besé su frente, y le dediqué una sonrisa. La tomé en brazos y me acosté junto a ella en mi cama.

William le había hablado. ¿Por qué le di el teléfono en un principio? Debería de haberle dicho que no sabe o algo por el estilo. ¡No debería de actuar inconscientemente!

¿Por qué la llamó princesa? Es un apodo normal, creo pero... pero... ¿por qué me sentí tan bien al escucharlo?

Mis preguntas no tenían respuestas y cada día, cada vez más, mis pensamientos positivos de contar toda la verdad se volvían más intensos. Y hoy en específico se magnificaron en una gran altura. Era posible que si seguía hablando con él le dijera todo.

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