Capítulo 29.

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IMPORTANTE: sé que muchas no leéis mi comentario del final, pero espero que hoy lo hagáis porque si no no os vais a enterar de lo que voy a decir y es importante.

Os dejo leer :)

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La brisa era cálida y me apartaba el pelo de la cara con delicadeza. Por un momento me sentí como en casa, como en aquellas eternas noches de verano en las que acababas viendo salir el sol más allá del mar.

El accidente me pilló poco antes de verano y por la rehabilitación y demás no pude pasar las vacaciones en mi paraíso personal, en aquel pueblecillo de Mallorca que se había ganado mi corazón para siempre. Esta sensación veraniega me estaba haciendo recordar lo mucho que lo había echado de menos.

La imagen de Josh pasó como una estrella fugaz por mi cabeza y sonreí ¿Qué sería de él? ¿Dónde estaría?

Sentí una mano acariciar mi baja espalda y volví a la realidad.

La música, el fuego y el olor a sal y a alcohol nos envolvían de forma agradable.

-          Ya son casi las doce-susurró Harry en mi oído desde detrás- deberíamos buscar a Zayn para felicitarlo.

-          Claro-volteé y sonreí- vamos.

Lo agarré del brazo y tiré de él hacia delante, pero no se movió.

-          Espera-dijo.

-          ¿Qué pasa?

-          ¿Qué te pasa?-preguntó.

-          ¿A mí? Nada ¿Por?

-          Sí te pasa algo. Mich, que soy yo.

Puse los ojos en blanco y resoplé.

-          Nada, es solo que todo esto me ha recordado un poco a casa y me ha entrado morriña.

-          ¿A casa?

-          Bueno, a casa no, al sitio en el que veraneo.

-          ¿Mallorca?

Asentí y sonreí por el simple hecho de que se acordase.

-          Si quieres, podemos escaparnos un par de días allí cuando pasemos por España de promoción.

-          No es necesario, pero gracias.

-          ¿Seguro?

-          Seguro. Anda, vamos.

-          Vaaaaaaale.

Volví a tirar de él y esta vez sí se movió.

Para mi sorpresa, en lugar de una tarta, lo que sujetaba las velas era una jarra con un líquido anaranjado en su interior. Su tarta era nada más y nada menos que un cóctel gigantesco.

-          ¡Cuando sople las velas quiero que todos metáis vuestra pajita en esta jarra y le deis un buen trago a esta maravilla!-exclamó Zayn con ya signos de embriaguez en el tono- ¡¿Vale?!

-          ¡Vale!-respondimos todos al unísono.

La música dejó de sonar y miré el reloj de Harry para ver la manecilla dar las doce.

Todo el mundo empezó a cantar, destrozando la canción una vez más, y Zayn se echó a reír. Cuando chapurreábamos las últimas notas, el cumpleañero cerró los ojos y apagó las dos llamas con el soplido más sexy que había presenciado jamás.

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