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-¡¡¡Katniss, Katniss!!! ¡¡¡Ayúdame!!! ¡¡¡Katniss!!!- se me hiela la sangre al escuchar el grito que solo lo puede causar un fuerte dolor y una sola persona.

Prim.

-¡¡¡Prim!!! ¡¡¡Dónde estás, aguanta por favor!!!

Pero ahí está, sana y salva, ayudando a los niños heridos del Capitolio, cuando todos los paracaídas estallan.

-¡¡¡Prim!!!- despierto gritando su nombre a todo pulmón, pero ya están los brazos de Peeta para protegerme, calmarme.

-Tranquila Katniss, tranquila, no pasa nada- dice en voz baja mientras me acaricia el pelo con delicadeza- Fue solo una pesadilla, cálmate.

Se que intenta hacer todo lo posible para que deje de sollozar en su hombro, pero no logro controlar mi respiración y que mis latidos se ralenticen.

-Katniss- dice- Mírame.

Y lo miro.

-Pr...- intento decir entre sollozos- ...Prim.

Sus ojos se centran en los mios por unos segundos, acto seguido, pone ambas manos en mis mejillas, el calor agradable que desprenden logra que me tranquilice, y me da un dulce beso.

- Prim- dice, y tarda unos segundos en seguir su oración, como si se lo pensara dos veces- está bien, a salvo, con tu padre, con Rue. No debes preocuparte por ella porque tiene a quien la proteja.

Asiento débilmente y lo abrazo, su calor me envuelve y me recuerda que no estoy sola, que tengo a alguien cerca en quien confiar. Luego lo miro por un rato, hasta que digo- Gracias, Peeta.

Luego me recuesta con cuidado y me abraza, al igual que lo hizo cuando estábamos por primera vez en la arena, en aquella cueva fría y húmeda.

A la mañana siguiente amanezco y puedo oler desde la habitación el hermoso aroma del pan recién horneado. Peeta, ha hecho el desayuno.

Me trenzo el pelo, me calzo las viejas botas de caza, y la chaqueta de cuero de mi padre. Bajo a desayunar con Peeta a mi lado, al terminar lo beso y me voy al bosque a cazar para llevar carne fresca a casa y el resto venderla al nuevo y renovado Quemador. Ahora a la alambrada ya no la electrifican, pero tampoco nos encierran, sino que hay una salida por la que entran y salen camiones, aerodeslizadores, o mercancías. Ahora los aerodeslizadores suelen usarlos para llevar a la gente al distrito que necesite y debemos pagar un determinado monto de dinero si es que te lo puedes permitir. Yo, no suelo viajar a los distritos, ya que los conoci en la Gira de la Victoria o la gente que conozco de allí viene a visitarnos.

Peeta ahora trabaja en una panadería, la mayoría de las personas del distrito pueden comprarlo. Con suerte, ahora no pasan hambre, trabajan, y con el dinero que reciben compran cosas básicas y necesarias, el resto lo recolectan en la Pradera o cultivan algo en el pequeño patio de la casa.

Salgo todas las mañanas a cazar, pero no voy por la salida, voy hasta donde estaba mi antigua casa en la Veta y me meto por debajo de la alambrada como lo hacia antes (la abrí de forma que quedara como solía ser); las viejas costumbres, nunca se pierden. Busco el arco y el carcaj en el árbol hueco y comienzo a cazar.

Hace dos semanas traje a Peeta al bosque, no para cazar, me ayudó a encontrar los demás arcos que había escondido mi padre. Encontramos cuatro arcos grandes y dos pequeños, que al parecer los había hecho cuando tenia nueve años y estaba aprendiendo a cazar. Luego Peeta recolecto un par de semillas y nueces para agregarle al pan. A él se le hizo rutina venir una vez a la semana al bosque a buscar semillas y así no me sentiría sola en los bosques... Gale está en el distrito dos, pero toda su familia esta aquí, les llevo carne todos los días, pero nunca hablamos de él. Una vez le pregunté a su madre si tenia noticias de él, y respondió:

- Lo hemos llamado, y cuando Rory le dijo que lo extrañabamos y que volviera al dose nos respondió que no se merecía volver al doce.

Cada vez que paso por nuestro lugar de encuentro tengo que recordarme quien soy como me había pedido el doctor:

Entonces así me recuerdo por qué estoy aquí y recolecto fresas.

Luego voy al Quemador y Sae la Grasienta me compra tres ardillas, otros tres conejos se los doy a Rory que está en la casa con Post y finalmente vuelvo a la casa de la Aldea de los Vencedores para almorzar. Como Peeta llega una hora más tarde preparo una sopa con la saeta de agua que me dió el nombre y uno de los conejos que quedaron.

Mientras almorzábamos Peeta se animó a preguntar:

- ¿Sigues con la idea de no tener hijos, Katniss?- me tomó por sorpresa, y creo que se dió cuenta porque abrí los ojos como platos- No a esta edad, sino más adelante- repuso nervioso.

- No sé, supongo que sí- un silencio abrazador carcomió el comedor- ¿Por qué preguntas, Peeta?-

Intento fingir no ver el rubor de sus mejillas.

- Solo, curiosidad.- masculla.

Por las tardes Peeta suele acompañarme a caminar por la Pradera y juegar a ¿Real o no?. Pero hoy nos adentramos en el bosque; quiero llevarlo a conocer el lago que me había enseñado mi padre. Ya comenzado el juego Peeta pregunta en voz baja:

- Antes de ir al Vasallaje, le pediste a Haymitch que me sacara a mi con vida. ¿Real o no?

-Real. Porque tenía una deuda contigo- respondo mirándolo a los estridentes ojos de Peeta- Tenia que pagarte la deuda que tenia con tigo por haber arrojado esa hogaza de pan.

Todo quedó en silencio, a excepción de los sinsajos que cantaban.

- Sigo en deuda- digo rompiendo el silencio abrazador.

- No, Katniss, a mi no me debes nada, no me mataste a pesar de que Snow me había secuestrado- vaciló un poco antes de decir secuestrado.

- No podría haberme perdonado si lo hubiese hecho- me mira con una ligera sonrisa tras sus ojos y me da la mano. Una oleada de calor me recorre el cuerpo y se, más que nadie que me siento mucho mejor con el chico del pan. El chico del pan, mi diente de león de primavera, el hijo del panadero, Peeta, el viejo Peeta, volvió.

Los Juegos del Hambre - lo que sucedió después¡Lee esta historia GRATIS!