12 de octubre de 1939

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Miraba el cadáver... frío, triste y sin color, algo realmente decepcionante, esas eran exactamente las características que me hacían creer de que la vida era exactamente una perdida de tiempo, ¿Para qué nacer y crecer? ¿Para qué luchar por lo que uno quiere? ¿De qué sirve dedicarse en algo que al final muere y se olvida?.

Los aleteos de paloma interrumpieron mi llanto y dolor. Las dos aves peleaban por su lugar, tal lucha por adquirir lo que quieren se vuele violenta haciendo que ambas huyeran. Me dirigí al buzón, donde una de ellas había caído y roto una de sus alas. La cargué sin ningún problema y abrí el buzón que se encontraba repleto de cartas. Dejé a la paloma inválida en la sala para que tuviera espacio y entré a la cocina donde acostumbrabas leer este tipo de correos. Abrí el primer paquete, puras invitaciones basura para participar en la lucha de nuestra patria, doctora, mecánica o esfuerzo físico en el campo, obras que una mujer podía ser útil en la guerra. lo que me extraño fueron las cartas del último paquete. Mis cartas, ninguna abierta, ni siquiera manoseada, tristeza la que me llevé al ver que cada esfuerzo fue en vano  que mis manos estaban bañadas en sangre por algo que no valía la pena ¡¿Te suicidaste antes de todo?!.

Carta a Janett¡Lee esta historia GRATIS!