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Pen Your Pride

CAPÍTULO 4

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Los días siguientes me mantengo ocupada trabajando. Mi rutina básicamente se basa en salir de la oficina, ir directo a casa, quitarme el cansancio tomando un baño relajante, adelantar trabajo para el día siguiente, leer y dormir.

Mi vida tan loca cotidiana a veces da miedo.

Ni qué decir, el sarcasmo no me queda muy bien. La verdad es que soy una chica que le gusta estar encerrada y leer, pero también salgo a divertirme cuando quiero y lo disfruto a montones.

Cuando llega el viernes, yo estoy en casa, buscando entre las ropas de mi armario un lindo vestido para la salida que tengo con Teddy esta noche. No sé qué favor quiere, pero espero que no sea nada aburrido, aunque con Ted nunca se espera nada de eso.

Cuando voy a preparar el baño suena mi móvil, lo agarro de la cama y contesto.

—Hola, hermanitaaaa... —me saluda mi hermano muy meloso.

—Hey T. ¿Listo para esta noche?

—Oh, por supuesto que lo estoy. Oye Nana, me iré de una vez a tu casa para irnos juntos, estoy un poco aburrido aquí.

—¿Y para quitarte el aburrimiento vas a husmear entre mis bragas, te las pondrás y te tomarás fotos como una puta transexual?

Él suelta la carcajada.

—Maldita sea... Tengo que dejar de hacer eso —dice riendo —. Bueno, ya encontraré otra forma de divertirme...

Río por su tono malicioso.

—Eres un asqueroso, pero bueno ¿tienes el duplicado de mi llave que te presté?

—Sí.

—Bueno, estaré bañándome, dejas la llave en la isla de la cocina, no te quedes con ella. Alistaré la bañera. Nos vemos T.

—Bien, nos vemos Nana.

Finaliza la llamada y me dirijo a darme un baño relajante.

Ya que esta lista la bañera, disfruto el rico olor a jazmín que envuelve el cuarto de baño. Me sumerjo en el agua, y al estar cómoda, inevitablemente se me vienen a la mente flashbacks de Jeanine y Clark en aquella habitación. Ni siquiera sé por qué, pero simplemente pienso en ello, y de inmediato la escena se transforma. Ahora soy yo quien está en la cama con las piernas abiertas, y al extraño entre ellas. Me imagino también a él embistiéndome duro, y mirándome con esos ojos tan intensos. Me pongo nerviosa de tan solo pensar tenerlo viéndome en este momento.

Qué me está pasando, Dios...

Pensar en esto me hace desear tanto a que ese extraño hombre de hipnotizantes ojos azules e intensa mirada esté justo aquí. En este momento. La verdad es que un atractivo de ese nivel puede llegar a perjudicar la mente de una mujer, así como me tiene en estos momentos. No soy de las que fantasean con un hombre, a menos que salga con él, mucho menos ver a un extraño con un buen atractivo e imaginarme con él en la cama. Cuando me sucede eso, llega a ser una cosa rarísima.

Pero ahora...  Solo pienso en que si él tan solo me hubiera besado, si tan solo hubiera tomado mi mano y me hubiese llevado a una habitación...

Joder. Casi se me escapa un sonido lastimero.

Ahora que tengo esa incertidumbre en la cabeza por conocerlo, siento que no estaré tranquila hasta quitarme de dudas. Me pasa que cuando deseo algo, siempre me empeño en obtenerlo. E igual, cualquier objetivo me propongo a lograrlo, y en este caso no creo que sea diferente.

El sonido de la puerta principal, mis ojos inmediatamente voltean hacia la puerta del baño. La voz de mi hermano anunciando su llegada irrumpe en la tranquilidad de mi hogar. Mi corazón empieza a acelerarse y un sentimiento de culpa me embarga, como si me hubieran atrapado en infraganti.

Es todo, aunque sea solo por esta noche tengo que dejar de pensar él.

Termino de enjuagarme, me envuelvo en una toalla, tomo las bragas que se me calleron a la bañera y salgo a mi habitación para encontrar a Ted husmeando entre mi cajonera mágica. Justamente, es en esa donde tengo un vibrador que Claudeth me regaló en mi vigésimo tercer cumpleaños.

Mi hermano se ríe silenciosamente alzando mi vibrador como si fuera una piraña que está a punto de arrancarle la mano.

—¿Qué diablos... ? —dice aún ríendose.

Sin hacer ruido, busco alrededor algo con qué aventarle, pero mi lámpara no es una opción. No quiero matar a mi hermano. En eso siento las bragas empapadas en mi mano, y sin pensarlo, se las aviento dándole justamente en la nuca.

—¡Oye...! —se queja dejando caer el objeto en la alfombra.

—Ahora te fuiste por mis vibradores T. ¿Quieres ver mis condones de distintos olores, sabores y colores?

La diversión desaparece de su rostro y me mira con horror mientras toma una toalla y seca la parte trasera de su cuello.

—Ohhh... Dime que es una maldita mentira —dice con una expresión de horror en su bonito rostro—. Creo que ese juguete ha dejado un trauma en mí. Espera... Djiste vibradores ¿hay más? ¿Condones en variedad? ¿¡En serio, Bee?! —pregunta ahora escandalizado, volteando a ver en la cajonera.

Su expresión es tan divertida que decido atormentarlo más.

—Sí. ¿Acaso pensabas que eres el único con diversión? Soy una mujer, tengo mis necesidades y tengo la edad suficiente para hacerlo. Ahora deja que me cambie que se nos hará tarde.

Ted mira el vibrador tirado en el piso con terror.

Yo, su hermanita, utilizando juguetes sexuales, muy difícil de creer. ¡Vamos!

Ya no aguanto y me río a carcajadas.

—T. Es mentira lo de los condones, ese objeto ÍNTIMO me lo regaló Claudeth. Ya no te atormentes y sal de mi habitación.

Me mira con odio apuntándome con su dedo índice.

—Esto no se queda así... —me promete y sale de la habitación no sin antes rodear el objeto con dramatización.

Aún sonriendo, me empiezo a cambiar.

Salgo a la sala y Ted no está por ningún lado, ojalá no le haya afectado tanto el descubrir mis juguetes al grado de marcharse.

Lo miro con un vaso de vino viendo por la pared de cristal que da hacia la calle. A esta hora la gente está en la plena hora loca y la vista es increíble al bajar el sol desde donde estoy, que es en la última planta en un lindo y moderno apartamento que me regaló papá.

—Ya estoy lista ¿nos vamos?

Me voltea a ver y sonríe, dejando el vaso terminado en la mesa de centro, sacas sus llaves y se encamina hacia a mí.

—Te ves preciosa, Nana. Eres la versión de papá en femenino —me da un beso en la frente —. Pero ni creas que se me olvidará lo que hay en la cajonera, vendré a quemarla.

Yo le sonrío y asiento. Escandalizado Ted...

—Sí, pero luego. Ya vámonos.

Salimos de casa y nos ponemos en marcha a una linda, y espero que a una interesante velada.

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