Capitulo 2

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           Bajó del taxi lentamente, casi sin ser consciente de lo que la rodeaba, sentía el frío aire quemando atraves de su garganta cada vez que respiraba, sin embargo estaba completamente segura que si perdía un poco de consentracion en ese momento caería dormida en el pavimento.

             Avanzó tranquilamente y sin prisas, cada uno de los musculos de su cuerpo relajados, atravesó la entrada principal del pequeño edificio de diez pisos en el que vivía, y subió por la escalera hasta el apartamento quinientos dos. Buscó en sus bolsillos y sacó la llave, abrió la puerta y en el momento en el que entró en guarida privada todo el estres que tenía acumulado se desprendió de sus hombros.

              Lanzó su bolso atraves del  pequeño apartamento y entrando en la pequeña habitacion se tendió sobre la cama, se enroscó lentamente alrededor de una almohada y dejandose arrullar por el silvar del viento sus parpados se cerraron poco a poco hasta que se sumergió en un profundo sueño, en el que su mente solo pudo mantenerse en blanco y brindarle un lapsus de hermoso olvido.

                Sin embargo la pequeña tregua con el mundo acabó muy pronto, tanto, que el sueño se fue deslizando de sus dedos en forma de un pequeño rumor que se convirtió en una vibracion fugaz encargada de viajar incordiosamente atravez de ella hasta despertarla.

                Su despertar, a diferencia del de más temprano, fue silencioso, acompañado con un suspiro lastimero y un quejido mordaz se encaminó hacia la puerta, para que finalmente, al abrirla sus ojos, oscuros, y extrañamente profundos despues del sueño conectaran con unos iris color marron claro en el pasillo frente a su puerta.

               Ignorando la molestia que aquel joven le habia ocasionado al despertarla, aquel, el unico día libre que tendría en mucho tiempo, compuso una agradable sonrisa cansina.

            -Buenos días. -Saludó el recien llegado con cara de pocos amigos.

            -Buenos días.

            -Perdón si molesto. -Empezó el estraño. -¿Podría decirme si sabe algo de la persona que vive al lado?

            -Recientemente salió de viaje.

            -y... ¿Sabe cuando vuelve?

             -No, no podría decirle, solo sé que va a tomar bastante tiempo.

        -Bueno, muchas gracias. -Dijo el joven haciendo una leve inclinación con la cabeza y dirigiendose hacia las escaleras, desde donde, unos segundos despues se escucho el ruido de unas suelas de goma patinar en el suelo, para despues verlo volver y ofrecerle su mano en forma de despedida a Antonia.

              -Alejandro. -Se presentó apretando un poco la mano de la joven.

             -Antonia. -Respondió esta sacudiendo un poco el apretón, tras lo cual, el joven se marchó.

             Finalmente, tras escuchar el rechinar de los zapatos de Alejandro perderse en el trafico, antonia se internó en su pequeño apartamento.

              Acudiendo al último vesticio de sueño que aún alvergaba, se dirigió a su habitacion, sin embargo, no pudo seguir durmiendo.

                Tomó el pequeño album de fotos que permanecía en su mesa de noche, e intermada dentro de sus sabanas se dedicó a observarlo y a tomar una taza de café. 

                 Recorrió con la yema de los dedos, las imagenes de aquellos lugares a los que siempre habia soñado ir, y, con una sonrisa,evocó los recuerdos de calurosas tardes, bajó el sol, escuchando atraves de una pequeña rendija en la casa vecina las historias del viejo aventurero, que aproposito hablaba más alto para que los niños que junto con ella al otro lado de la puerta escucharan bien sus historias, mientras él, se las narraba, con voz expresiva a sus nietos, quienes con la misma ilusion que ellos se sentaban es las piernas del anciano, y escuchaban atentamente cada una de sus palabras.

                 y así... evocando la paciente, y dulce voz del abuelo finalmente pudo volver a dormir.

                                                                                       ...

                Cómo cada día, Antonia se levantó cuando el sol empezaba a extender sus tentaculos de luz atraves del horizonte, tomaba un baño, que se alargaba en algunas ocasiones, para finalmente vestirse ridiculamente formal, con un traje grís de blaiser y pantalon.  Encendía la cafetera exactamente cuando, al asomar su cara por la ventana de su dormitorio la luz del sol calentara sus mejillas, y mientras este se hacía, ella organizaba un poco su habitación, tendía la cama, y besaba la foto de su familia, que colgaba frente a su habitación en el pasillo central de su pequeño hogar. 

                 Para ese momento, el apartamento ya albergaba el olor del café recien hecho, que ella vertía dentro de un termo a la altura determinada para que el hirviente liquido se enfriara un poco y en su caída formara una pequeña lámina de espuma. Tras lo cual lo empacaba junto a las diversas correcciones de alguno que otro articulo y su portatil en un maletín desgastado, que empujaba sobre uno de sus hombros, y atravesaba el vestibulo hasta la puerta, que abría con su mano izquierda mientras que con la derecha buscaba la llave para asegurarla desde afuera, para despues guardara la llave en un bolsillo dentro del forro del blaiser, y caminar todo el trayecto  de diez cuadras hasta el edificio de la revista, exactamente a las 7:30 de la mañana, en donde desempaca todo de su maletín sobre su cubiculo y redacta la lista de cosas por hacer, y espera hasta que su jefa llegue a las 8:00 A.M, para explicarle su itinerario. 

                  Igualmente, Antonia tiene un ritual para salir de la oficina de la revista hacia su casa.

                  Entra en su cubiculo cuando solo quedan unos cuantos colegas en la oficina, y revisa en el vidrio que todo se halla cumplido en la lista, despues empaca en su maletín el trabajo que debe revisar en su casa, y el portatil, y lleva en la mano el termo del café, que al pasar por el pasillo en direccion a la oficina de su jefa llena en la improvisada mesa de café. Después continua hacia el puesto de trabajo de Adriana y se asegura que la puerta esté bien cerrada, recoge las llaves del lugar baja en el ascensor hasta la portería y se las entrega al vigilante, para luego dirigirse caminando las díez cuadras hasta su casa bebiendo café simultaneamente para evitar un poco el frío de la noche.

                     Finalmente llega a la entrada de su apartamento a las 7:45 P.M, momento en el cual, en un día normal entraria en su casa, trabajaria una hora más y dormiría.

                  Sin embargo esa noche, alguien interrumpió su rutina, pues, llegado el momento de entrar a su apartamento se llevó una sorpresa.

                    Sentado en el piso, frente a su puerta se encontraba alejandro, quien taciturno, jugaba con la hoja marchita de una planta del pasillo.

                     -¿Qué haces aquí? -Soltó Antonia sin poder evitarlo.

                   -Ah, yo, acabo de recibir un mensaje de johanna, me pidió que arreglara un poco su apartamento hasta que vuelva, pero  no se como entrar. No me dió la llave, llegué hace poco, y pensé que alguno de sus vecinos podría ayudarme, pero  ninguno contestó cuando toqué la puerta, y ya estaba a punto de irme, cuando llegaste tú. -Soltó el joven en como una retahila.

                       El cerebro de Antonia reaccionó lentamente al verse sorprendido ante la interrupcion de su rutina, sin embargo, poco a poco, fue juntando los hilos, y recordó, Johanna, su vecina, la del 503, alta, rubia, morena.

                    -Bueno.. -Respondió la joven un poco después. -No se si yo pueda ayudarte, pero si quieres pasa, haber si tengo una idea. -Preguntó la joven abriendo la puerta.

                          -Gracias. -Respondió Alejandro siguiendola dentro. 

                                 

                

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