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Echo demaciados cereales (150) en el tazón y salpican la leche desnatada (125). El desayuno es-la-comida-más-importante-del-día. El desayuno me convertirá en una cam-pe-o-na.

...Cuando era una chica de verdad, con dos padres, una casa y sin cuchillos carniceros, para desayunar se servía muesli con fresas frescas por encima. Siempre desayunaba mientras leía un libro apoyado contra el frutero. En la casa de Cassie comíamos gofres acompañados con sirope de arce de verdad, y no ese falso sirope de maíz, mientras leíamos los cómics del periódico...

No. No puedo volver ahí. No pensaré. No miraré.

No contaminaré mis entrañas con cereales con sabor a arándano, ni con magdalenas, ni tampoco con trozos rasposos de tostada. La suciedad y los errores del ayer han recorrido mi interior. Ahora, mi interior brilla y es de color rosa, está limpio. El vacío es bueno. El vacío es fuerte.

Pero tengo que conducir.

...El año pasado conducía el coche, con las ventanillas abiertas y la música a todo volumen. Era el primer sábado de octubre. Volábamos hacia el centro donde haríamos los exámenes de Selectividad. Conducía yo para que Cassie pudiera aplicarse la última capa de laca de uñas.

Éramos hermanas secretas con un plan para dominar el mundo y el potencial burbujeaba a nuestro alrededor como si se tratara de champán. Cassie se reía. Yo me reía. Éramos perfectas.

¿Había desayunado? Por supuesto que no. ¿Había cenado la noche anterior, o almorzado o cualquier cosa?

El coche que conducía delante de nosotras frenó repentinamente mientras el semáforo se tornaba ámbar para finalmente teñirse de rojo. Mi sandalia quedó suspendida sobre el pedal. Los márgenes de la carretera se difuminaron. Un hormigueo oscuro me recorrió la espalda hasta envolverme los ojos, como si se tratara de una bufanda de seda. El volante y el salpicadero se esfumaron. No había rastro de Cassie, ni del semáforo. ¿Cómo debía parar esa cosa?

Cassie gritó en cámara lenta.

::Nube/aire/explosión/mochila::

Cuando me desperté, una persona de primeros auxilios y un policía me observan con el ceño fruncido. El conductor del coche con el que había colisionado estaba gritando por el teléfono móvil.

Tenía la misma presión sanguínea que una serpiente congelada. Mi corazón estaba agotado. Mis pulmones necesitaban un descanso. Me clavaron una aguja, luego me inflaron como si fuese un globo de feria y me transportaron en ambulancia hasta un hospital de enfermeras con miradas de acero que tomaban nota de todas las cifras con bolígrafo. Estaban haciendo una redada contra mí.

Mamá y papá llegaron enseguida y esta vez, para variar, vinieron juntos. Se alegraban de que no hubiera muerto. Una enfermera le entregó mi expediente a mamá. Lo leyó detenidamente y le explicó el desastre a mi padre. Entonces empezaron a pelearse, una abalanza de riñas que salían a borbotones por las sábanas antisépticas hasta llegar al vestíbulo.

Estaba estresada/programada/frenética/no, deprimida/no, con necesidad de atención/ no, con necesidad de disciplina/ con necesitad de descansar/ con necesidad/ tu culpa/ tu culpa/ tu culpa/ culpa/ culpa. Dejaron la huella de su guerra en este saco de huesos. Se hicieron llamadas telefónicas. Mis padres me obligaron a ir al infierno a New Seasons...

Cassie se libró de todo, como de costumbre. Ni siquiera un rasguño. El seguro le cubrió con creces todos los daños, así quedao con el coche arreglado y altavoces nuevos. Nuestras madres mantuvieron una pequeña charla del tipo: Todas las chicas pasan por esto, ¿qué le vamos a hacer? Cassie pudo arreglárselas para presentarse al siguiente examen y se hizo la manicura en un centro de estética, el Enchanted Blues, mientras a me encerraban y me introducían agua con azúcar en las venas vacías...

Lección aprendida. Los coches necesitan combustible.

Y no necesitan los cereales de arándanos de Emma. Me estremezco y vierto la mayoría de los cereales empapados de leche por el triturador de basura. Después dejo el tazón sobre el suelo. Los gatos de Emma, Kora y Pluto, corretean por la cocina hasta hundir las cabezas en el tazón. Dibujo una cara con una lengua gigantesca sobre una nota adhesiva, escribo ¡RIQUÍSIMO, EMMA! ¡GRACIAS!, y la pego en la caja de cereales.

Como diez uvas pasas (16), cinco almendras (35) y una pera un tanto verde (121) = (172). Los mordiscos se deslizan por mi garganta. Tomo mis vitaminas y las estúpidas pastillas que evitan que mi cerebro explote: una alargada y púrpura, una gruesa y blanca y dos del color de la amapola. Las ingiero con ayuda de agua caliente.

Espero que me hagan efecto rápidamente. La voz de una chica muerta está esperándome en el buzón de voz del teléfono.

°   °   °
¡Otro capítulo! que tardo como dos días en publicarlos pero entiendan el trabajo que toma escribirlos y además hacer que sean lo suficientemente largos.
Os amo❤❤

Frío. 《PAUSADA》¡Lee esta historia GRATIS!