6.

16 0 0

Hoy ha sido mi último día de libertad antes de empezar el insti. No quiero. Quiero quedarme en casa tirada en la cama, viendo series. Por cierto, he empezado dos que me encantan, Supernatural y Hawaii 5.0.  En esta sale uno de Oceans eleven. Deberíais verla. Esa y las dos siguientes.

Con la primera... bueno, es la hostia. A ver, me vi varios capítulos de los nuevos en la tele y decidí verla desde el principio. Es algo complicado desde lo de series.ly y seriespepito (gracias, gobierno). Pero lo he conseguido.

Mira, la serie mola un cacho, el plan está bien, los protas son de toma pan, moja y repite... peeeeero, hay partes que yo ni miro la pantalla porque veo que me da algo. Hubo un episodio (no digo cual para que sufráis si lo veis) que iba de Bloody Mary, esta chica que se mató y si dices su nombre tres veces delante de un espejo te saca los ojos. Después de verle, porque yo, con mi increíble inteligencia, tuve la peregrina idea de verlo por la noche y, a pesar de haber jurado que sería el último capítulo que veía, tuve que ver tres capítulos de Hawaii 5.0  porque veía que no dormía. Casi me da un chungo, joder. Han pasado dos días y aún procuro no mirar ningún espejo. Y ya con la oscuridad ni te cuento.

Joder, diréis, tía, tienes una edad para que no te de miedo la oscuridad, ¿no? Y yo os digo, sí tengo una edad, pero aguanta tu ese capítulo u otros que he podido ver sin que me de un infarto de milagro.

Y encima pasa una cosa. Yo estoy tumbada en el sofá. Y viene el perro. Es un labrador, así que pequeño no es. Le hago caricias y empieza a apoyarse en el sofá. Y se acaba subiendo encima mía, tumbado. Aparte de llenarme de pelos y de no dejarme ver en paz lo que sea que vea, muy disimuladamente, el perro se revuelve hasta quedar en el lado de dentro del sofá, conmigo en el borde. Y el muy capullo me patea hasta que me voy del sofá. Y él ahí, como un rey.

Ayer me pasó algo que no sé exactamente si es algo curioso o preocupante. Mi madre tenía yogur. Un bote de yogur de un kilo. Griego. Muy rico.  Se me ha ocurrido comentárselo hoy y me ha soltado muy tranquila que lleva dos semanas caducado. Creo que la cara que se me ha quedado a mí, que ayer me metí más de la mitad del kilo de yogur entre pecho y espalda de una sentada, fue épica. Por eso no sé si se puede considerar una anécdota curiosa o un problema, dado que demuestra mi nivel de estupidez, que se podría ver aumentado por el yogur caducado.

Y mañana preveo que será espantoso, principalmente porque estas dos últimas semanas he estado acostándome a las dos de la mañana como mínimo y levantándome no antes de las doce y media. Y para mañana tengo que levantarme a las seis y media para estar encerrada en una clase durante seis horas. Y menos mal que mañana salgo antes, porque si tuviera que quedarme una hora más me dormía y ni una grúa me levanta de allí. Pero claro, ahora no tengo sueño.

Bueh, mañana me habré amargado y deprimido por cualquier cosa, así que tendré algo que contar.

Mi vida en mi cabeza.¡Lee esta historia GRATIS!