30 abril a 2 mayo Este desastre fatídico-fúnebre y Apocalipsis total, casi...

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30 de abril

¡¡Ah!! ¡¡Tormenta!! Llueven rayos y truenos dentro de un mar de lluvia. Sí, es así de mala. Ahora, que es de noche, nos hundimos en la más profunda oscuridad por medio minuto y luego viene un brillo fantasmal y en medio un trueno. Todos estamos asustados; hemos vistos varias tejas volando por ahí y el agua entra en la casa, se da unas vueltas dentro y luego se va por donde quiere. No es una tormenta de esas divertidas, ni de las que te acurrucas en torno al fuego y todo está bien. Ahora nos agolpamos todos juntos bajo todas las mantas que tenemos. Las gallinas están con nosotros, dentro de cajas de cartón, todas menos una, que está muerta.

¿Qué habrá pasado con las verduras? Mañana cuando salgamos seguro que será un día terrible. Podríamos perder todo lo que hemos trabajado. Incluso el barco y las reservas de comida.

Nico le ha dicho a Marcos que rece para que se pare la tormenta y el le ha dicho que no es un mago; pero al final nos va a hacer caso y vamos a rezar todos juntos en medio de la noche. Todos menos Yolanda, que está afuera; salió corriendo afuera dando alaridos.

Sí, que Dios ayude a estos niños. Adiós.

1 de mayo

Las plantas se han perdido. Y ya no hay tiempo para cosechar y plantar lo suficiente para el invierno. Lo que significa que tenemos que dejar la isla. Quizás para siempre.

Esto es lo serio. Esto es lo grave.

Nuestra casa está hecha un desastre. La tormenta nos ha roto la mitad de las tejas. Bueno, la mitad es una exageración, pero hay tejas rotas alrededor de toda la casa. Todavía hay goteras dentro y eso que ya no llueve. Una de los cristales de las ventanas está roto. Nada de eso es grave, lo podemos reparar. El cristal no, claro, pero podemos cerrar la ventana con maderos o algo.

Lo malo es lo de la cosecha; por lo de la falta de vitaminas, el hambre y todo eso. 

Yolanda está viva. Iba a decir bien, pero todos sabemos que no está bien. Temo que se ponga enferma de cuerpo antes de que se cure de la cabeza. ¿Pero qué hago? ¿Qué hacemos?

Los pequeños están llorando. Yo querría hacerlo, pero estoy tan poco tiempo solo... en fin, llorar no me ayudaría. Supongo que me tengo que decir eso.

Lucía se ha convertido en una tormenta de trabajo-- no, tacho tormenta, en una... heroína del trabajo o algo así. No ha parado en todo el día. A lo mejor es para no pensar, para no ver lo que vemos todos. Este desastre fatídico-fúnebre y apocalipsis total, casi…

Lo bueno es que el barco está bien. Milagro o algo. Se lo preguntaré a Marcos mañana. Es que parece nuestro destino. Mañana se lo digo a los demás; hay que viajar, todos juntos, a conseguir comida y un sitio nuevo. Quizás encontrar gente.

Luego a lo mejor volvemos a la isla o a lo mejor no. Puede que tardemos meses.

Me voy a rezar o algo.

2 de mayo

Hoy nos hemos enfadado, chillado y vueltos locos todos con todos; menos Yolanda que ya estaba loca pero al final nos ha hecho reír hasta caernos de culo en el suelo.

La cosa empezó bastante normal. Yo me los llevé al "árbol del destino"; un árbol que llamé así para que sonara todo mejor y les dije mi plan de abandonar la isla por comida. Entonces hubieron algunas dudas. Marcos pensaba que si nos iba todo bien, teníamos buen tiempo todo el resto del año al final podríamos escapar, si también pescábamos. (Pienso que se equivoca, pero eso no es lo importante).

Lo que pasó es que empezamos a discutir que si sí y que si no y en medio de todo eso va Nico y dice que si la cosa se pone mal, nos lo podíamos comer. Nos burlamos de eso porque pensamos que no iba en serio, bueno, todos menos Peniel, y entonces se puso a decir palabrotas sin sentido y a que sí iba en serio y después nos pusimos a discutir si tenía los mismos nutrientes que las zanahorias y el decía que sí porque había comido muchas zanahorias y más cosas, y a partir de ahí toda la conversación se hizo muy estúpida.

No loca, estúpida.

Solo paramos porque ya nos dolía la garganta de gritar y entonces aparece Yolanda, vestida como una modelo, luciendo una corona de margaritas, dicendo, con voz de noble francesa, que era la emperatriz de los payasos.

Y nos caímos de la risa. Después de eso acordamos irnos. Mañana recogemos, pasado mañana nos vamos.

Y después, ya relajados por la pelea y las risas, tuvimos besitos; Lucía y yo. Besito, risita, besito, más risas, besito, poemitas al oído, besitos y un paseo.

Parezco una chica, y me da igual. Es el amor. (Y es fantástico, si no es por el amor ahora estaría super-preocupado, pero no puedo preocuparme más. Sé que dentro de Lucía late mi corazón. ¿Qué importa nada?

Adiós.

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