88. Esperanza.

El tiempo continuaba pasando pero yo no sabía que hora era, no sabía siquiera si era de día, solo me encontraba en esa habitación, aterrada y casi a la espera de que Mark acabase con todo. Deseaba que Luke no me encontrase, deseaba que no viniese a por mí, pues sabía que de ser así, las cosas no saldrían nada bien para nosotros.

—Hora de la cena, pequeña Mickie.—Mark apareció en la habitación y sostuve la respiración ante su sola presencia. Se paró delante de mí con un plato de sopa, un trozo de pan y un vaso de agua.—¿También vas a resistirte a cenar?—Quiso saber debido a que aparté la cara cuando él se disponía a llevar la cuchara a mi boca.—Como sigas así, no tendré que matarte yo, morirás desnutrida.—Mi mirada se posó en mis piernas, no tenía fuerzas siquiera para hablarle, solo quería salir de allí.—¿Crees que durarás hasta que Luke llegue? Porque pienso mantenerte aquí unos días, preciosa.

—La policía le ayudará.—Me atreví a hablar y su carcajada llenó toda la habitación.

—Tengo mis contactos, pequeña Mickie. Puedes apostar que los policías de este lugar y los alrededores no moverán un dedo para ayudarte.—Entonces su mano viajó hasta el bolsillo trasero de su pantalón, sacando de allí una navaja, todos sus movimientos siendo observados por mis ojos.—Voy a cortarte las cuerdas para dejarte más cómoda.—Su rostro reveló diversión, y cuando se agachó frente a mí, su otra mano fue a mi pelo, tirando de él fuertemente para atraerme más cerca.—Ups.—Y entonces enterró la navaja en mi muslo, provocando que gritase de dolor mientras lágrimas se derramaron por mi rostro. Cortó audazmente las cuerdas de mis muñecas y mis pies mientras yo seguía sollozando, la piel me quemaba, me ardía, el dolor era insoportable y a penas podía moverme debido a esto, levanté mi mirada para observarle cuando limpió con su dedo la sangre de la navaja y lo llevó a su boca con una macabra sonrisa en esta. Tuve que contener mis ganas de vomitar ante tal escena. Y entonces me empujó, tirándome abruptamente al suelo, haciéndome chillar del dolor por la caída.—Buenas noches, pequeña Mickie.—Y salió de la habitación, dejándome retorciéndome de dolor en la oscuridad.

                                        (...)


Debían haber pasado días y yo continuaba encerrada en aquella habitación. La herida no había sido lo suficiente grave como para provocarme la muerte por desangramiento, pero perdí mucha sangre además estaba infectada y apenas podía moverme. Las visitas de Mark eran nulas, el tal Jacob era el encargado de traerme la comida, la cual ni siquiera probaba. Sin comer y con una cantidad muy baja de sangre en mi sistema era prácticamente un cuerpo muerto.

—¿Qué me ha pasado?—Me lamenté mentalmente mientras me miraba en la bandeja de plata, mi cara se veía extremadamente delgada y los huesos de esta se notaban con intensidad. Toqué mi piel que se encontraba un tanto arrugada y sabía que era por la deshidratación grave que afectaba a mi cuerpo, aquello junto a la sequedad en mi boca y el mareo que me consumía. La puerta se abrió y Jacob entró con su expresión neutral de siempre, vino hacia mí con decisión y me pegué como pude a la pared en la que me encontraba apoyada, sus manos me cargaron con brusquedad y quise gritar del dolor que aquello me produjo en la herida, pero ni siquiera tenía voz para aquello, ya no tenía fuerzas ni esperanzas.

—Wow, Mickie, ¿acaso no estás comiendo bien?—Escuché la voz de Mark burlarse de mí cuando Jacob entró conmigo en una habitación. Me sentía débil y apenas podía moverme o mantener mis ojos abiertos, ¿estaba muriéndome? 

Jacob soltó mi cuerpo fuertemente sobre el suelo, provocando que mi cabeza chocase contra este y un mareo que ya tenía, se intensificó, casi destruyéndome. Ni siquiera hubo alguien que me sujetase, me veían tan débil como me sentía. La puerta volvió a abrirse y escuché un forcejeo.

—¡Mierda, Mickie!—Era él, era su voz, era Luke.—Malditos hijos de puta, os juro que vais...—Entonces escuché un golpe y supe que Mark había golpeado a Luke para callarle, miré en su dirección y él también me observaba, a pesar de que Mark se encontraba sonriente delante de él, con dos hombres sujetando a Luke.—Maldición, nena, dime algo.—Pero ni siquiera tenía fuerzas para ello. Dejaron a Luke en una silla y le ataron a pesar de sus pataleos y golpes lanzados al aire.—¡Soltadme, hijos de puta!—Repetía una y otra vez, y lo peor de todo era encontrarme allí, viendo aquella escena y no poder hacer nada para impedirlo. La impotencia recorría cada parte de mi escuálido y débil cuerpo.

—Cállate, niñato estúpido.—Mark pateó el estómago de Luke tirándole hacia atrás con la silla y ahogué un gemido ante el golpe que había recibido en la cabeza. Los dos hombres que se encontraban a su lado, volvieron a levantarle y Mark se crujió los dedos para, seguido, golpear la mandíbula de Luke, haciéndole gruñir de dolor.

—Espera.—La voz de Luke salió áspera debido al dolor.—Teníamos un trato, yo por ella.—Mi cabeza latió intensamente ante aquello, estaba loco, no podía realmente haber hecho un trato con el demonio.

—Pensé que me conocías mejor.—Golpeó el otro lado de su mandíbula.—Ella y luego tú.—Se acercó a mí y uno de aquellos hombres me levantó del suelo mientras intentaba hacer que me sostuviese de pie, algo imposible.—Es preciosa, ¿no es así?—Pronunció cuando finalmente, consiguió sostenerme erguida frente a Luke, justo donde él tuviese un primer plano de lo que iba a pasar, Mark se encontraba justo detrás de mí pues su pecho estaba pegado por detrás a mí. Me acarició la cara mientras Luke lo veía todo, revolviéndose en su sitio.—Incluso habiendo perdido kilos y encontrarse casi consumida, sigue siendo preciosa.—Masculló ahora más para sí mismo y besó mi cuello mientras yo intentaba removerme entre sus brazos de la más inútil de las maneras.

—¡Suéltala, hijo de puta!—Bramó Luke mientras se removía fuertemente en la silla y los otros dos hombres le sujetaron para mantenerle quieto.—Juro que voy a acabar con tu vida, maldito desgraciado.—Un puño aterrizó en su mejilla cuando finalizó aquella frase y, a pesar de haber recibido brutales golpes, aún le quedaba fuerza para luchar y seguir moviéndose en aquella silla, queriendo acabar con todo aquello.

—Quiero que la mires a los ojos cuando la mate, ¿está bien?—Pronunció Mark sobre mi cuello y observé como Luke le miraba con una furia e ira que jamás había visto en sus ojos mientras unas lágrimas de pura impotencia se derramaban por su rostro, nunca le había visto llorar.—Será rápido, pero estoy seguro que podrás verle el alma cuando acabe con su vida.

—Maldito hij...—Otro puñetazo fue depositado en su mejilla a la vez que otro fue a su abdomen y escupió sangre.—Por favor, por favor...—Rogó pero sus ojos estaban fijos en mí, rogándole a Mark, rogándome a mí, rogando a lo que fuese que hubiese. Un ruido fuera de la habitación alarmó a los hombres de Mark que fueron enviados fuera a ver que era lo que ocurría, en la habitación solo quedábamos Mark, Luke y yo.

—¿Por dónde íbamos?—Y aunque no podía verle, sabía que sonreía mientras miraba a Luke y sacaba la pistola para apuntarla en mi sien mientras, sin saberlo, yo me encontraba llorando al igual que mi novio.—¿Unas últimas palabras?

—Ángel, cierra los ojos, ¿vale? Todo estará bien, solo mírame una última vez y cierra los ojos, nena, todo pasará. Te quiero.—La voz rota de Luke salió más destrozada de lo que sabía que él quería, y es que había perdido la esperanza al igual que yo, asentí mientras le miraba una última vez.

—Te quiero.—Susurré, sacando fuerzas para hablar desde donde no las tenía y entonces la puerta se abrió de una manera estruendosa, Mark dejó caer mi cuerpo sobre el suelo y chillé de dolor ante el impacto. Escuché golpes, un forcejeo e incluso un disparo, entonces alguien sostuvo mi cara mientras yo pensaba que aquello sería el final.

—Eh, Mickie, no cierres los ojos.—Brook se encontraba arrodillado frente a mi cuerpo mientras yo apenas podía verle con claridad.—Una ambulancia llegará en unos minutos, por favor, mantén tus ojos abiertos, no nos dejes.

Rebeldía (Luke Hemmings)¡Lee esta historia GRATIS!