Capítulo 28

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En la vida, muchas personas encuentran a su media naranja, a alguien que está hecho de la misma pasta que ellas, las personas anhelan y desean, todas desean amor, ser queridas. A veces confunden un deseo temporal con uno eterno, unos codician y hacen lo posible por ser más que los demás, pero en el fondo, si no tienen a quién querer o quién las quiera, si les miras a los ojos, llorarás con ellos por mucho que en su cara tengan una sonrisa. A veces las personas solo tratan de fingir que todo va bien, otras se rinden porque ya están cansados de aparentar. Otros son felices porque tienen a esa persona a quién querer, pero a veces lloran porque no les corresponde, o porque está muy lejos como para poder decírselo.

Cuando una persona se encuentra a otra a la que amar desea compartir su vida con ella, si esa persona le corresponde acaban siendo felices. Son como un puzle de dos piezas que está completo y es perfecto. A veces las dos piezas se funden en una ante el altar. Pero a veces encuentras a la pieza que te complementa una vez que ya has pasado por allí.

Cada día que pasa tengo más seguro que mi mitad la encontré después de pasar por la iglesia. Cada día que pasa me siento más y más unida a Calum, es lo que he estado esperando toda mi vida, desde que tengo conciencia, desde que era niña y buscaba mi príncipe azul, desde los quince años cuando quería un chico malo, desde los diecisiete cuando solo buscaba a alguien a quien querer y que me quisiese, alguien que pareciese estar hecho de mi misma pasta.

Dos meses, dos meses desde que lo convertimos en "oficial", dos meses desde que ignoramos que tengo un marido, dos meses desde que él se comporta como tal. Hemos tenido más altibajos, pero nunca nos hemos vuelto a separar. En momentos como estos, en los que él está dormido, con un brazo a mi alrededor aferrándome a él, pienso en qué habría sido de mí si no hubiese aparecido en aquel bar donde nos conocimos, pienso en si habría encontrado a otra persona o si mi vida seguiría siendo una mierda, estando atada a Albert y a mis padres.

En momentos como estos me siento la mujer más afortunada del planeta y pienso cuantas más se sentirán así por tener a su príncipe,  a su chico malo o a su pieza del puzle.

"Te quiero" susurro mientras duerme.

"Te amo" susurra abriendo los ojos.

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Te amo.

Sus palabras se repiten en mi mente una y otra vez. Mi piel reacciona bajo el tacto de sus dedos que recorren lentamente la piel de mi cuello mientras nuestros labios siguen juntos y él se apoya en su brazo izquierdo para no cargar su peso sobre mí. Se separa lentamente y lleva su mano de nuevo a mi cara, acariciándome la mejilla con el pulgar, un gesto casi imperceptible. Cierro los ojos para disfrutar del roce y de la paz del momento, siento sus labios sobre los míos otra vez, pero no tarda casi nada en volver a estar como estaba antes y suelto un gruñido como queja, ya le anhelo. Me abraza acercando mi espalda a su pecho y me quedo dormida.

Sueño con viajes, con lugares, las imágenes se suceden ante mis ojos como diapositivas. Sueño con ser libre. Sueño mucho esta noche. La imagen de una niña pequeña acaba por reinar en este lugar en el que todo es impredecible. Esa niña sujeta una muñeca entre sus manos, nunca ha sido su juguete favorito, pero se la ha regalado su abuela por su sexto cumpleaños, es una muñeca de trapo, con el pelo hecho de lana naranja, tiene un vestido azul con una gran flor amarilla en medio. La niña sonríe y deja la muñeca en una estantería antes de salir corriendo a un pasillo y luego bajar unas escaleras. Oye gritos, sabe que son sus padres, se da la vuelta y vuelve corriendo a su habitación, salta sobre la cama y espera a que se les pase, los enfados siempre se les pasan, se quieren mucho. Mis padres se quieren mucho. Esa niña soy yo.

La imagen cambia, la habitación ha cambiado de color, aunque los muebles siguen siendo iguales, pósters de diversos grupos de música adornan las paredes, una adolescente está en la cama, con una rodilla doblada y su otra pierna sobre ella, la adolescente tararea algo. Sus padres siguen queriéndose, pero ella siente que a ella ya no la aceptan. Le da vueltas con la lengua al piercing que tiene en el labio mientras mueve la cabeza al ritmo de la música. Juraría que en ese momento estaba en la fase del odio hacia mis padres por controlarme a la hora de quedar con amigos o ir a fiestas.

Todo se vuelve negro y esta vez la localización cambia, una chica sale de casa con un portazo y una maleta en la mano. Se va. La universidad la absorbe y en su cabeza le da vueltas a lo que sus padres acaban de decirle. Han encontrado a alguien ideal para ella. Pero la chica no lo cree así.

"Eh, Sky, despierta" oigo una voz lejana.

"Skylar" está algo más cerca.

"Pequeña, despierta" la voz se hace más nítida.

"Sky..." abro los ojos pero la imagen está borrosa.

"Estabas llorando."

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