• El débil resplandor que surgió de mis pupilas dejó en evidencia aquellas dolorosas lágrimas que se deslizaban a través de mi pecho, pues sin demorar un sólo segundo, comencé a desnudar mi cuerpo hasta quedar enteramente a merced de la mirada lasciva del maldito gusano.

Las constantes amenazas de muerte me habían obligado a entregar por completo mi cuerpo impoluto a los brazos de Slenderman quien no logró disimular la enorme excitación que le produjo al contemplar la sumisión de una niña inocente, como si yo fuera una marioneta del cual él podía manejar a su antojo y beneficio.

Sus tentáculos continuaron impertérritos; amenazando a Jane con arrancarle la cabeza. En tanto no perdió la oportunidad de lanzar largos gemidos creados únicamente por su morbosidad.

Evidentemente, Slenderman se deleitaba con el sufrimiento ajeno, era un maldito demonio que se alimentaba de las penurias, del placer sexual y de la sangre inmaculada de una doncella.

En lo más profundo de mi corazón se apiñaron aquellos sentimientos de extrema tristeza, culpabilidad y desesperanza que no tardaron en provocar la inactividad de mis sentidos. A consecuencia de ello, comencé a manifestar una vorágine de síntomas desagradables como el vértigo que amenazó con debilitar mis movimientos.

¿Qué habré hecho mal para recibir tal castigo?. ¿Por qué Dios ha permitido tanta desgracia en mi vida?. ¿Acaso no merezco ser feliz como cualquier Ser humano?. ¿Cuál ha sido el terrible pecado que habré cometido en el pasado y que ahora me está matando?.
¡DIOS es injusto, nunca me amó y jamás lo hará, pues se ha ensañado conmigo!. ¡Estoy marcada por la calamidad desde mi nacimiento!. ¡Soy un pájaro de mal agüero, mensajero de la muerte!. Traigo desolación, penurias y angustias, a toda persona que se atreva acercase a mí.

Soy una adolescente infeliz, una de las pocas enfermas mentales que tuvo la suerte de ser «rescatada» del Neuropsiquiátrico.

¡Lo que daría por tener la habilidad de retroceder el tiempo e impedir las desgracias que ocurrieron durante todo éstos años!. Solamente me quedaba el llanto desesperado del alma, que con cada lágrima derramada era sinónimo de frustración.

-¡Acércate a mí!- (ordenó Slender, cuando dirigió ambas manos hacia la cremallera de su pantalón)-- ¡Ahora eres mi prostituta y como tal, debes entregarte!. No te atrevas a hacerme daño, de lo contrario perderás absolutamente todo. ¿Has entendido pequeña mierda?.- (advirtió)

Pero me rehúse a obedecer. Continué delante suyo, inmóvil como una estatua, tratando de controlar las ganas que tenía de matarlo.

-¡No me hagas enfadar, sabandija!- (vociferó cuando me propinó una bofetada con el trozo de madera que se desprendió del techo)

Caí al suelo víctima de la dura golpiza, con la nariz quebrada y ensangrentada.

-Te arrepentirás por todo el dolor que me has causado. ¡TE MALDIGO SLENDER!. ¡Ojalá te incineres en el fuego del infierno!- (pensé en silencio, a la par que traté de reunir las fuerzas necesarias para levantarme nuevamente)

-Ponte de pié, maldita. ¿O acaso quieres ver morir a la mierda de tu madrastra?- (manifestó justo cuando hirió a Jane con el borde del vidrio)

-¡No!- (grité abatida por la desesperación)

Slender empezó a soltar carcajadas llenas de perversidad. Sin lugar a dudas, estaba disfrutando a pleno de cada bocado de su cruel venganza.

-¡¿Cómo puedes ser tan malvado?!- (grité enfurecida, cuando le devolví la bofetada en un puñetazo)

Por un largo minuto quedó completamente petrificado, como si le sorprendiera mi inesperada reacción.

-¡No me toques, maldita mierda! - (respondió exaltado)

Con una velocidad increíble, Slender cogió el jarrón de porcelana que se hallaba a su diestra y lo impactó contra mi cráneo desprotegido.

Acto seguido, comencé a observar un manto oscuro que nubló mi visión, a la par que todo me daba vueltas hasta desvanecerse...

Lo último que recuerdo fue el timbre espeluznante de su voz, cuando profirió:

-Duerme tranquila preciosa, porque cuando despiertes todo será nuevo para tí.

Aunque me encontraba inconsciente, todavía lograba percibir los sonidos y las sensaciones, ¡era como si estuviese atrapada en mi propio cuerpo!.

Repentinamente comencé a sentir el ardor del fuego, como si me estuvieran quemando viva en una hoguera.

-¡¿Qué me están haciendo?!- (pensé desconcertada)

Alrededor de mis muñecas percibí una fuerte presión, como si me ataran a un tipo de alambre con púas. ¡Por más que intenté despertar, fue un completo fracaso!, pues mi cuerpo no respondía a las órdenes del cerebro.

Nada más podía hacer para salvarme, sino más que abandonar mi alma al perpetuo silencio. Sin lugar a dudas había perdido la cruenta batalla contra el abominable objetivo de Slenderman, ya que supo alcanzar la victoria de esta sangrienta guerra, donde sólo he sido la tonta chica enamorada buscando remendar los graves errores del pasado.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!