Parte Ocho

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Mi posición de ésta mañana no fue tan especial ni elaborada, sólo estaba de pie con ambas piernas ligeramente separadas mientras mis manos se posaban en los lados de mi cadera, tenía la cabeza ladeada hacia un lado con los cabellos negros cayendo sobre el contorno de mi rostro y la mirada verde clavada hacia el frente como usualmente en otros días la tenía, pero esta vez una sonrisa traviesa torcida y sutil adornaba mis labios. Una sonrisa por demás coqueta a decir verdad, que tampoco se había visto jamás en mí. Mi ropa era totalmente negra, pantalones, camisa, chaqueta y zapatos, he llegado a pensar que me gusta en verdad éste oscuro color, ya que el único color diferente a éste que se dejaba apreciar en mí, era la corbata roja alrededor de mi cuello que resaltaba muy bien en el perfecto contraste con el color oscuro de la totalidad de mi ropa y la claridad de mi piel pálida.

En este día, al mirar al frente pude apreciar el hermoso sol saliendo de entre las montañas.

Pero ver otro amanecer jamás significo lo mismo que en este momento, porque ahora siento que hay una parte de mí que le pertenece a Frank y otra de él que me pertenece a mí. Es una pertenencia extraña, puesto que siento que nos pertenecemos de una manera única y especial, como si mi vida dependiera de la suya y la suya dependiera de la mía.

Desde anoche me siento diferente, una nueva sensación se ha instaurado en mi inútil corazón que no hace más que sólo destilar amor por mi castaño. Una sensación de unión única entre ambos corazones que parece ser que laten al mismo tiempo en una adecuada sincronización. Más específicamente es una especie de deja vú lo que siento en mi interior, algo que ya he vivido antes y que estoy volviendo a repetir en otra vida y aunque tengo la rara certeza de que ésta sensación ya la he tenido anteriores veces, aún no logro comprender del todo de donde proviene, puesto que desde anoche la estoy sintiendo, al igual que Frank. 

Me he dado cuenta, desde que el sol se asomó llenando de luz todo el lugar, que he dejado de hacer lo que más me gustaba hacer. Ya no me concentro más en los humanos, ni los admiro ni me preocupan y sólo me limito a perderme en mi mente saturada de recuerdos de la noche anterior, donde Frank y yo nos entregamos mutuamente y donde nos hicimos sólo uno. Y es que definitivamente no lo puedo negar, fue un momento completamente mágico e inolvidable para mi mente. Juro que cuando el acto terminó de realizarse, no quería dejarlo ir, porque quería estar aferrado a su cuerpo por el tiempo que me restara de vida en éste mundo.

Y es cuando me doy cuenta, que mis cavilaciones y recuerdos me distrajeron tanto como siempre, que no me percaté de que mi dueño había abierto la puerta del local para recargarse en el umbral a un lado de mi vitrina. Fijé mi atención por un momento en él, escuchando como soltaba un profundo suspiro y se removía ligeramente incómodo en su lugar con los brazos cruzados entre sí y la mirada perdida en el cielo.

      -     ¿Sabes, Gerard? Tuve un sueño bastante extraño.

Mis oídos pusieron total atención a sus palabras con algo de curiosidad, ya que era poco usual que mi dueño se acercara durante el día a contarme algo relevante sobre él. Observé como dirigía su mirada hacia el perfil de mi rostro, haciendo una mueca con sus labios agrietados y volvía a suspirar.

      -     Soñé que el local se incendiaba y que dentro de éste, entre las llamas, te encontrabas tú siendo un humano real de carne y hueso junto a otra persona que no supe identificar quien era, salvo que tenía múltiples tatuajes en su cuerpo.

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo entero, completamente sorprendido por lo que mi dueño acababa de decirme.

¿Qué significaba eso?

¿Cómo debía de tomar sus palabras?

      -     No sé qué significa en sí mi extraño sueño, pero de algo si estoy verdaderamente seguro. Los sueños siempre predicen cosas.

Human-Doll |Frerard|¡Lee esta historia GRATIS!