Fue un gusto conocerte.

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U N O

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U N O.

"Les recomendamos a todos que permanezcan en sus hogares, la tormenta esta cada vez más fuerte." Repetía una y otra vez el hombre de la radio interrumpiendo las canciones, era de esperarse una lluvia como está porque siempre que tengo turnos de vigilancia en las noches por casualidad llueve.

Ahora me dirijo a una droguería a comprar medicamentos para la gripe y fiebre. Recibí la tercera llamada de mi madre diciéndome que tome medicamentos antes que enferme pero es demasiado tarde, la tos ya se está aproximando y el dolor en mi garganta también.

Hay días en que no le contesto a mi madre y no es que no me guste que me llame; el problema es que siempre me recalca que debo tener una esposa para que cuide de mí mientras ella no está. En la vida no todo son las mujeres. Y le tengo pánico al compromiso. Creo que esa es la mayor razón por la cuál no he tenido relaciones estables, ellas siempre piensan en algo más serio pero yo no logro tener algo más serio.

En la caja me recibió una mujer con maquillaje corrido y cabello alborotado, no parecía muy amigable. Al momento de salir la tos comenzó a invadirme sin dejarme respirar por unos segundos hasta que entré nuevamente al auto policial.

A pesar de que las lluvias me enfermen, me gusta que llueva por las noches ya que al dia siguiente la mañana no esta calurosa cómo normalmente. Odio el calor y el frío me enferma. Masoquismo.

Encendí mi auto y comencé mi trabajo. Desde hace un año comencé a trabajar y desde hace seis meses me mudé separándome de las faldas de mi madre. Tengo veinticinco años y ya era momento de ser independiente, algunas veces la visito y le llevo dinero aunque ella está trabajando aún de maestra de Literatura y gana su propio dinero pero me gusta llevarle algo, es como agradecimiento a todo lo que me ha dado.

Mi trabajo es estar en oficinas comúnmente pero cada quince días o mensual tengo que trabajar de vigilancia junto con otros compañeros pero cada uno en su auto o moto policial. A cada uno nos dan que lugares debemos vigilar para no dejar a ningún lugar de la ciudad sin vigilancia.

Gracias a la lluvia muy poco podía distinguir y además debía conducir con sumo cuidado. Apenas podía ver. Pero, las calles se encontraban solas gracias a la lluvia, todo va tranquilo. Iba en una poca velocidad dónde pudiera distinguir cualquier movimiento extraño, me fijé en unos muchachos que entraron en un supermercado y seguí de largo.

Ahora mismo estoy recorriendo los parques y los edificios cerca, aquí normalmente todo sucede cerca de edificios porque viven personas de buenos recursos; no son las más adineradas pero viven bien.

Mi vista se fijó en una mujer que estaba atravesando la calle, no tenía sombrilla y tampoco un abrigo además miraba hacía todos lados como si estuviese siendo perseguida. Puede que sea una falsa alarma o puede que no, así que detuve el auto y la seguí con la mirada. Tal vez esté ebria. Luego salieron dos hombres del supermercado que había dejado un poco atrás. Una mujer sola y dos hombres en medio de la nada, literal. No es buena señal.

Moví el timón para dar media vuelta y seguirles. Ella ya estaba a una larga distancia de mí, mientras tanto los hombres estaban a una cerca distancia. Aumenté solo un poco la velocidad y mi vista seguía fija en ellos aún con la lluvia. En un instante los perdí. No puede ser que los haya perdido, seguí conduciendo a la misma dirección y a mi derecha me encuentro con un callejón y habían tres personas; dos hombres y una mujer. Lo sabía. Saqué las llaves del auto y me bajé, ajusté mi arma y tomé mi linterna antes de cerrarlo. En zancadas fui hasta el callejón.

—¿Qué está sucediendo aquí?—Mi voz era firme como normalmente lo hacía. Mi llegada les sorprendió a los tres.

—No sucede nada, policía—recalcó en la palabra policía, levantaron sus manos dejándome verlas vacías.

—Bien. Ahora largo—Les hice seña con mi cabeza de que se fueran y a regañadientes lo hicieron. La mujer que estaba en frente mío se encontraba con la cabeza gacha temblando de frío—. ¿Estás bien?—Le pregunté acercándome un poco más—. ¿Quieres que te lleve a casa?—Ella negó con su cabeza sin mirarme a los ojos, abrazandose a si misma.

—No se me acerque—Dijo apenas audible, su voz era insegura.

—Tranquila. No te haré daño, soy policia—Su desconfianza era obvia pero no podía dejarla aquí, no soy ese tipo de personas y menos con una mujer.

Luego de decirle eso, me miró. Tenía una mirada perdida y debajo de sus ojos tenía manchas negras. Era lo único que podía verle con claridad por la oscuridad ya que mí linterna estaba casi descargada.

—Te prometo que no te haré daño—volví a hablar mientras me alejaba un poco de ella. Pude ver un movimiento en sus labios pero no escuché palabra alguna. Ella se acercó a mi y tomó mi brazo para abrazarlo y frotar su mejilla en mi hombro.

Me tensé en ese instante. Eso fue raro.
Al momento de abrirle la puerta dudó por unos segundos entrar pero luego me miró y entró. Sus hombros estaban descubiertos al igual que sus piernas, era de esperarse que estuviese temblando. Saqué un poco de café de mi termo para servirle pero se negó.

—Sólo es café. Mira—Ella me miró y vio cuando tomé café y volví a servir. Luego de eso tomó del café que le dí.

—G-Gracias—Respondió tiritando—, de verdad.

Gracias al foco del auto pude ver bien su rostro, estaba lleno de pecas y no me equivoqué al notar sus ojeras. Eran grandes y vivas. Además sus labios estaban partidos y de un color morado gracias al frío.

—¿Dónde vives?—pregunté relajado. Pero ella se tensó y apretó la mandíbula para luego mirarme con un rostro lleno de pánico—. Tranquila—Es para llevarte a tu casa. Confía en mí. Si quieres te doy mi placa policial porque es lo único de valor que tengo aquí y me puedes hacer una denuncia.

Pude notar como se relajaba poco a poco mientras sostenía mi placa con sus dos pequeñas manos.

—Jean Turner—pronunció lento mirando la placa.

—Mucho gusto—le interrumpí.

—Vivo en uno de los edificios que están cerca de aquí—Señaló desde la ventana—. Y-Yo te diré dónde es cuando llegues... solo maneja suave. Me marean los automóviles.

Le miré de reojo, su mirada estaba puesta en la ventana. La lluvia ya se estaba deteniendo y no me había percatado de eso. Sus dedos no dejaban de moverse, es como si estuviera desesperada o tuviera afán. De repente, su mirada se posó en mí y eso me pusó nervioso. No es que ella me pusiera nervioso; es que se siente un crimen mirarla, tal vez sea por su forma de actuar, su inseguridad o desconfianza.

—Aquí—respondió nerviosa aún—. Gracias de nuevo—Abrió la puerta y se quedó sentada por unos segundos.

—Mi nombre es Juliette y también fue un gusto conocerle—Luego de decir eso, bajó con rapidez y cerró la puerta suavemente. Corrió hasta el edificio de al frente y entró.

Rara.

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