16-Giros Inesperados

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-Esa mujer es tremenda Atilio, se va a arriesgar el pellejo solo porque usted no se case-comenta Chapo quien había escuchado y visto toda la escena desde un rincón-Esa fiera ya es tuya.

-¿Tu crees?-el aludido asiente-Aún falta mucho para que esa mujer sea del todo mía...pero te aseguro como que me llamo Atilio Montenegro, que algún día esa será la señora Montenegro-le palmea el hombro a su amigo y empleado para después ir tras su fiera bipolar.
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Iban de camino a su destino. Victoria arreglaba vanidosamente su corta y negra peluca frente a un pequeño espejo que moraba en la zona delantera del auto. Atilio la observaba de reojo, le parecía tan cambiante esa mujer, su estado de ánimos era por ratos; aún no sabía ni como había aceptado tal locura que estaba en aras de gestarse.

-¿Qué miras tanto Atilio?—indaga Victoria sin retirar su vista del pequeño espejo.

-Lo ridícula que te ves.

Victoria abre la boca con verídica indignación.

-Ridícula tu abuela. Que si hago esto es por ti estúpido.

Atilio aprieta las manos contra el volante y de un estridente gesto estaciona el vehículo en lugar apartado y oscuro de la carretera. Victoria se desconcertó un poco.

-¿Qué haces?—alternaba su mirada entre Atilio y su pie incrustado con fuerza sobre los frenos del auto.

-¿Por qué?

-¿Por qué? ¿Qué?—confusa. Atilio ríe con amargura.

-¿Por qué haces todo esto? ¿No que me odias? No te haz puesto a pensar que si me caso a ti te dejo en paz.

Victoria inclinó su cabeza ligeramente hacia atrás como si hubiese recibido un potente golpe ¿Realmente quería que él la dejara en paz?

-No tergiverses las cosas galán—se acerca involuntariamente al rostro tenso de él—Si hago esto no es porque me duele o en todo caso que me importe que te cases, por mi que te vaya bien. Si lo hago es porque no me gusta deberle nada a nadie, y se perfectamente que si esta boda se gesta, tendrás un arma muy poderosa para chantajearme toda la vida y eso precisamente trato de evitar porque tengo la sólida esperanza de algún día no tener nada que ver contigo...maldito—asevera entre dientes. Su mirada era de odio, más su corazón en cada latido gritaba una realidad muy diferente a la que ella quería aparentar.

-¿Segura?—presentaba una sonrisa calificativa. Sin darle tiempo a replicar al respecto la tomó por la nuca como acostumbraba terminado de acercarla a su rostro. Ella sin poder evitarlo jadeo por la impresión.

-Muy segura—su voz era plana y sin emoción.

-Si tu lo dices—paseó su mirada de forma descendente hasta quedar posada allí, en aquello labios que se habían vuelto una maldita droga. Victoria por su parte sintió deseos de que él se atreviera y la besara, más no pasó y de cierta forma agradeció por ello puesto que aquello de besarse se estaba volviendo un hobbie; un maldito y adictivo hobbie.

Lo que restaba de camino lo pasaron en silencio. Cada uno independientemente sumidos en sus propios conflictos.

Al llegar miles de peones rondaban la zona.

-¿Qué haremos ahora Doña?—pregunta Atilio en tono mordaz. Evidentemente estaba siendo completamente sarcástico—¿Cuál es tu plan ahora?

-Observa y aprende—le reta con la mirada antes de colocarse los exagerados lentes oscuros y baja del auto. Atilio momentáneamente retiró las llaves del auto y fue tras ella en caso de que algo saliese mal.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora